Parafraseando a Publio Terencio Africano diré que: Soy hombre y por lo tanto nada de lo humano y de todo ser viviente que viva en la tierra y en el universo me es indiferente y ajeno a mi vida.
Como dijo Anaxágoras: Todo tiene que ver con todo.








lunes, 22 de junio de 2015

DON CARLOS PORTA, un ser humano honesto.


“El único amor compartido que puede separar a dos hombres es el amor por la misma mujer; pero el amor por una misma música, o por un mismo lugar querido o por una misma poesía, une profundamente y puede ser el fundamento de una amistad verdadera. Así me parece”. (Ignacio J. Navarro)1.
A DON CARLOS PORTA….con afecto.

Conocí a Don Porta en el año 1990 cuando entré a trabajar como catequista en la sección primaria en el Instituto Santa Cruz. Era el papá de un alumno de 7mo grado. Tuvimos una reunión con los padres;  y uno de ellos nos planteó a Hernán y a mi (éramos los dos catequistas del curso) el por qué decíamos que Jesús era judío. Don Porta tomó la palabra y con su elocuencia le dio a este padre una historia del Jesús judío y haciendo una defensa de nuestro trabajo. Quedó un afecto implícito. A veces intercambiábamos palabras en los pasillos cuando nos encontrábamos o cuando visitaba el escritorio de Pedro. Ese lugar era sacrosanto. Era como entrar a una biblioteca dónde se oficiaba una eucaristía de la Palabra. Eran ambos dos sacerdotes alquimistas que recreaban a través de la unión de las letras aquellos lugares y hechos que te hacían sentir parte de la historia de la humanidad.
Don Porta me comentaba algo sobre el comunismo o del marxismo a modo de aguijoneo, y yo le retrucaba con elementos del capitalismo. Siempre con el agregado de alguna anécdota de sus viajes que apoyaba sus teorías.

Cuando  él –Don Porta- decidió dejar las horas de los quintos años de Doctrina Social de la Iglesia, seria este principiante de la docencia, su sucesor. Charlamos con él cómo seguir esa mitad de año. Eran grupos de muchos alumnos, pero tenían un gran respeto por los profesores. Solamente me pidió permiso para cumplir lo que hacía todos los años: visitar el hospital Muñiz y llevarle juguetes a los chicos que allí estaban internados. Así que programamos para un día ese momento y nos fuimos con todos los alumnos a compartir esa actividad solidaria.  Luego nos quedamos –alumnos y nosotros­­- tomando un café todos por un bar de la zona, escuchando sus historias. Sabía mucho intelectualmente –era una biblioteca-. Me confesó que se daba cuenta que había una distancia entre los jóvenes y él, eso habla de su sabiduría. Tenía esos valores humanos concretos de acercarse al otro en la solidaridad, empezando por los más frágiles que son los niños y los enfermos.

De ahí en más nos seguíamos encontrando en pasillos, muchas de las noticias sobre él era por intermedio de Pedro. Conocía de sus viajes, su función como hombre de la justicia y de ávido lector, además de ser un perspicaz conocedor de la realidad argentina a la que describía con cierto sarcasmo.
Hace unos años vino con unas bolsas de consorcio llenas de libros, me las dejo en el colegio y me dijo: “Llévate todos los libros que quieras y los que no te gusten tíralos”. Sabía de mí afecto por los libros, algo que compartíamos con él y con el gran amigo en común Pedro Armano. Charlas sobre peronismo, iglesia, la misa, la eucaristía, las congregaciones religiosas, el papa y tantos otros temas eran parte de la tertulia de palabras, anécdotas y referencias que yo escuchaba con respeto y atención.

En su libro “Miss Elánea”(2),  Pedro en el epilogo realiza un agradecimiento a las personas que alentaron dicha publicación…entre otros nombra a “Carlos A. Porta”….y agrega “dos jóvenes”…entre ellos quién escribe estas líneas (en la página 186 está el agradecimiento y la precede la frase de I. Navarro que encabeza este escrito). Un honor para mí –como uno de los últimos sobrevivientes del naufragio- integrar esa cofradía de exquisitos lectores, pulcros escritores, y generosos divulgadores de las letras como un elemento de sostén de la cultura, del encuentro, de la fraternidad y de la palabra hecha vida.
Nos encontramos nuevamente en la Chacarita, en el trago amargo –para ambos-  de la Pascua del amigo Pedro. Acompañamos a su familia en esos momentos de dolor, de desamparo y de gran tristeza que sentimos cuando alguien querido ya no está visiblemente al lado nuestro.

Era infaltable cada año al encuentro de  los exalumnos  que se encontraban en el colegio para celebrar y festejar su día. Fue el propiciador y sostenedor de ese espacio. Este año será el gran ausente, físicamente hablando. Seguirá en el corazón y espíritu de sus queridos alumnos.
El último contacto fue este año cuando me llamó para comentarme que había propuesto que la biblioteca del colegio llevará el nombre de “Pedro Luis Armano”. Que se lo había sugerido a las autoridades actuales del colegio, y estaba esperando una respuesta. Me agregó que en dicha propuesta estaba contemplado que él se hacía cargo de la placa y los gastos de la misma. Me soslayó una frase: “quizás cuando yo me vaya nadie se acuerdo de poner una plaqueta, pero eso es lo de menos”, a lo que le conteste: “Falta mucho Don Porta”. La biblioteca del Instituto Santa Cruz está nutrida de libros y revistas aportados generosamente, tanto por él como por Pedro, de eso puedo dar cabal constancia.

Firma de Don Carlos Porta en uno de sus libros que me ha obsequiado por su gran generosidad.
 

El sábado quede sorprendido y consternado con la noticia de su repentina muerte. Me dije “Ya estarán hablando con Pedrito, analizando, escudriñando la realidad de nuestro país”. Son las Pascuas que se asumen desde la fe, pero humanamente te dejan en orfandad.
Don Porta era íntegro, culto, sabio, sarcásticamente fino –y no malicioso-, consejero, sincero, demócrata, hombre de fe con una gran claridad sobre el país y la iglesia. Se lo va a extrañar….gracias por conocerlo y por la herencia de libros que estuvieron en sus manos y en su biblioteca, y hoy puedo al verlos hacer memoria del gran CARLOS PORTA.

 Sergio L. R. Dalbessio
1.       Ignacio J. Navarro: sacerdote de la Arquidiócesis de Buenos Aires, escritor y estudioso de la obra poética de Jorge Luis Borges. Entre sus escritores se encuentro el libro: “Últimas inquisiciones. Borges y Von Balthasar recíprocos” (Bonum, 2009)
2.       Miss Elánea, Notas periodística. Publicado por Pedro Luis Armano en el año 2004.
3.       Firma del Don Porta que me ha quedado como testimonio entre los libros que generosamente me ha regalado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 




 

 

 

 

 

 

 

domingo, 8 de marzo de 2015

AVELINO "TOFITO" SUFIA: EL MAESTRO

La muerte es un paso inexorable en la vida. Un punto al cual todos nos resistimos y no queremos llegar. Ahí está ella, no es ni buena ni mala, simplemente es.

Hace un mes nos conmovimos con el brutal ataque a nuestro querido Tofito. Estamos casi acostumbrados en esta Argentina de los últimos años a hechos de violencia cotidiana. No nos inmuta. Pero la noticia a aquellos que lo conocimos sí nos llegó al corazón. Ayer a la tarde hablando por teléfono con mi papá me decía “Lo de Sufia me hizo mal, porque él no era un maestro cualquiera, él era como de la familia”.

Fue maestro de mi primaria en cuarto y quinto grado. Recuerdo su forma serena de transmitir los conocimientos y su fuerte actitud cuando debía ejercer justicia ante lo injusto. Siempre bien vestido: sus pantalones impecables, sus camisas planchadas en forma puntillosa, su saco a cuadros y su corbata al tono. Su letra caligráfica, imborrable en nuestras mentes ya que uno sabía cuando él escribía en el pizarrón de cualquier aula. Siempre dispuesto a escuchar.

 
Era la primera vez que teníamos un maestro varón. El temor corría en nuestra sangre, pero con el pasar del tiempo, de los días, se fue diluyendo porque su trato amable nos fue dando la confianza en esa persona al que llamábamos profesor o maestro Avelino o Sufía. Luego iría surgiendo con los años el Tofito.

Para el día del maestro le regalamos una bicicleta de color naranja. Los padres juntaron el dinero, fueron a la fábrica Clerici y la trajeron. Por años lo vimos en su simplicidad dando vueltas por todo San Francisco con esa bicicleta y no la puedo dejar de asociar al tango-polca “La bicicleta blanca” del maestro Ferrer que diceEl flaco que tenía la bicicleta blanca; Silbando una polkita cruzaba la ciudad”.

Con esa bicicleta hicimos diversas excursiones, eran verdaderas salidas de estudio. Íbamos a tal o cual campo. Cuaderno, vianda y cada uno en su bicicleta. También era un tiempo para hacer bromas o gastadas a los compañeros. Nadie dudaba de su responsabilidad como maestro hacia cada uno de nosotros. Eran tiempos en que los padres sabían que el maestro enseñaba y educaba, y reforzaba todo aquello que se aprendía en la casa. Ningún padre se habría atrevido, ni siquiera pensado desautorizar al maestro o menos ejercer violencia sobre él.

Papá me contaba una anécdota: una mañana Tofito citó a los alumnos de un grado –voy a reservar el año y los alumnos aunque los conozco- para realizar una salida hacia Josefina. Estaban cada chico con su bicicleta y los papás esperando para que partieran. Él agarró una lista y empezó a nombrar a varios chicos, y después agregó “ustedes no van y ya saben porque, hablen con sus papás”. Fue  sorpresa para los padres y  no  para los chicos que no habían hecho en algo muy simple “no  numeraron  las hojas de todos los cuadernos en el tiempo y forma que lo había solicitado”. Por eso sabía ejercer la justicia sin importarle condición social ni apellido.

Si un chico tenía problemas o faltaba por alguna enfermedad a clase él se llegaba con su bicicleta hasta la casa para preguntar por su salud y cómo iba con el estudio. En ese tiempo no había fotocopiadoras y los papás iban a la tarde a la casa de un compañero a buscar la tarea. Aún en la cama enfermo se llevaba día a día lo realizado en clase y cuando nos reintegrábamos no nos faltaba nada. También leyendo algún cuaderno que todavía da vueltas en mi biblioteca vi que tenía la pedagogía de la autocorrección y observando dos de ellas recabé en dos compañeros: uno Sergio Gazzola que estuvo en un breve tiempo en el grado y el otro Claudio  A. Ferrario que falleció luego de un accidente en bicicleta.

Cuando fuimos a ver “El hombre de la Mancha” recordé que nos había hecho actuar para una fiesta de fin de año del colegio. La fiesta se hizo en el antiguo Cine Mayo de la calle Garibaldi. Tuvimos que ensayar durante mucho tiempo. Los ensayos eran a contraturno. A la mañana se iba a la escuela. Teníamos unos trajes negros y había un dios Balabú al cual le rendíamos homenaje, con danza y música, según la crítica del momento fue muy buena. Sufía era un hombre educado y un maestro culto.

Conocía de literatura, de cine, de música y de todos los temas que pudieran ayudar a formar personas. Cuaderno, tiza, ejercicios, libros, Así fuimos hilvanando el conocimiento en nuestras vidas. Nos hablaba “de la dignidad, de la ética, de la caballerosidad, aquellas que nos lleva a los caballeros de la mesa redonda y al mítico reino de Camelot….veía la magia dónde no la había” (Introducción en el programa “El hombre de la Mancha” versión musical, Bs. As., 2015)

Estimo que mucho de mi vocación a ser docente se la debo a él. Hace unos diez años en mi última visita a San Francisco nos cruzamos. Estuvimos charlando. Me contó que daba catequesis y estaba con varios proyectos. Nunca dejó de hacer cosas. Siempre jovial, ameno y bien vestido. Todos los querían, cuidaba unas tierras contiguas a su casa del ex ferrocarril Belgrano y había realizado un pequeño paraíso. A todos les regalaba plantas y flores.

Seguramente cada uno de mis compañeros y cada persona que lo fuimos conociendo a través de los largos años podríamos contar cientos de anécdotas que vivimos con nuestro querido TOFITO.

Este pequeño escrito quiere ser una carta de agradecimiento a una de las personas que en la infancia, una época de sueños, de quimeras, supo plasmar en el corazón y el espíritu de cada uno; el luchar por los molinos de viento, o sea por los ideales de la vida. Su mensaje siempre fue de paz, de diálogo en tiempos de los setenta donde la violencia era una cotidianeidad y la ciudad de San Francisco no escapaba a ella, sino recordemos solamente “el  Tampierazo” y aquel muchacho Molina asesinado por un policía en esa triste jornada.

El 15 de noviembre del año próximo pasado él estuvo almorzando junto a todos aquellos compañeros de la decimotercera promoción – la 13- que se juntaron luego de treinta y cinco años de egresar del Instituto Sagrado Corazón de los Hermanos Maristas.  Estuvo alegre, jovial y con ganas de compartir con sus alumnos ese espacio de reencuentro y camaradería. Seguramente desde su madurez habrá mirado con alegría el florecer de lo que había sembrado durante tantos años y sentirse satisfecho de su labor como MAESTRO.

 
La Pascua de Tofito fue para todos nosotros volver a pasar por nuestro corazón y nuestro espíritu todo aquello vivido en estos largos años junto a él. Esa es su Resurrección, en cada uno de nosotros. Podría aplicarle a Avelino “Tofito” Sufía aquel final que escribí hace unos años para otro gran maestro de mi vida que fue Pedro Armano: esa frase de Adso de Melk, uno de los personajes de “El nombre de la rosa”: “Y es duro para este viejo monje, ya en el umbral de la muerte, no saber si la letra que ha escrito contiene o no algún sentido oculto, ni si contiene más de uno, o muchos o ninguno.”.
Este monje adulto le dice a usted TOFITO que tenga la tranquilidad que la letra escrita tuvo un gran sentido porque cultivo el don maravilloso de la amistad.”.

¡¡¡GRACIAS TOFITO!!!

lunes, 23 de febrero de 2015

Yo, el otro y la alteridad en el Siglo XXI.


Yo siento que este siglo XXI debería ser el siglo de la reconciliación, el siglo de la promoción del diálogo y de los valores interiores[1]

Su Santidad el 14° Dalai  Lama

En el presente se habla de la crisis de identidad. No sabemos quiénes somos, qué deseamos, qué queremos y para qué estamos en este mundo. Esta crisis que es necesaria y parte de un proceso en las etapas de crecimiento en la vida de los adolescentes se ve como una estado permanente de una sociedad “adolescentizada” y que no quiere crecer.

Crecer significa dejar atrás una serie de actitudes que creemos nos abrigan en “creíbles” seguridades y no deseamos salir de ese imaginario cascarón por temor o miedo a lo desconocido, a lo nuevo, a tener que asumir otras responsabilidades. Ese crecimiento traerá nuevas fortalezas y debilidades, éxitos y fracasos. Hay una lucha en nuestro interior entre aquel “yo” que quiere quedarse en supuestas certezas y el otro “yo” que desea soltar amarras en la búsqueda de nuevos ertos.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                  

La lucha interior es constante. Por eso el hombre que dialoga en forma permanente en y con su interioridad puede conocerse en sus límites y reconocerse en sus habilidades.

El diálogo interno nos lleva a preguntarnos, a cuestionarnos, a buscar caminos de crecimiento personal y con los demás.

A medida que conocemos y aceptamos nuestro yo comprendemos que el mismo tiene que encontrarse necesariamente con el otro para comprender su fortaleza.

También en el diálogo con el otro se genera un campo necesario para caminar juntos el territorio de la alteridad.

Con la apertura democrática en 1983 se proyectó un filme titulado “Solos en la madrugada”, cuyo periodista radial decía al culminar su programa: “No estamos solos”.

Simple frase que tiene encerrada una verdad. Nos complementamos, crecemos y nos desafiamos en el diálogo con los otros.

Esto que se puede observar en lo personal se encuentra reflejado en lo comunitario, en las instituciones, en los ámbitos políticos, sociales, sindicales, eclesiales, etc.

Dice el teólogo Romano Guardini: “Toda afirmación que haga, contiene, de modo abierto o implicado, la palabra ‘yo’. Todo acto que realice está sustentado por ‘mi’. Lo que ocurre en el ámbito de mi vida me afecta a mí. Siempre estoy ahí: directamente, en actividad inmediata, en encuentro o influjo, o indirectamente en cuanto que son afectados ‘mi’  ambiente, ‘mi’ país, ‘mi’ mundo”

Cuando los hombres no dialogamos no existe posibilidad de encuentro y por ende de crecimiento.

Cuando anulamos al otro o lo descalificamos no nos permitirnos crecer como personas.

Cuando somos capaces de cambiar el “mí” por el “tú” y después por el “nosotros” es cuando nos damos posibilidad de encuentro, de crecer, de entrar en la adultez como personas y como sociedad.

Por eso cuando el encuentro es realmente humano, es profundamente humanizante. Según palabras de Martín Buber: “Únicamente cuando el individuo reconozca al otro en toda su alteridad como se reconoce a sí mismo y marche desde este reconocimiento hacia el otro, habrá quebrantado su soledad en un encuentro riguroso y transformador”.

El perdón es un largo camino que tengo que hacer invariablemente desde mi “yo”. La reconciliación necesita de ese “yo” y ese “tú” para que sea efectiva. La justicia necesita del “nosotros” para que no sea vengativa sino reparadora y sanadora de la persona y del entorno social dañado.

La justicia lleva consigo un acto de sanar algo herido o quebrado y la ternura de cicatrizar ese daño inflingido. El fruto inmediato será la paz, que es una utopia a vivirse día a día.

Nos narra el profeta Isaías:


El lobo habitará con el cordero,

el puma se acostará junto al cabrito,

el ternero comerá al lado del león

y un niño chiquito los cuidará.

 

La vaca y el oso pastarán en compañía,

y sus crías reposarán juntas,

pues el león también comerá pasto,

igual que el buey.

 

El niño de pecho pisará

el hoyo de la víbora,

y sobre la cueva de la culebra

el pequeñuelo colocará su mano.

(Is. 11, 6-8)

 

Sergio Dalbessio



[1] Valores para la libertad interior –Dalai Lama”, Gerardo Abboud, Editorial Lumen, 2011 (de reciente aparición).

martes, 6 de enero de 2015

A JUAN CARLOS GIECO, IN MEMORIAN

Juan Carlos un tipo de su tiempo, luchador, polemista y polémico, emprendedor  y generoso.


Hace escasos meses me enteré por una de las redes sociales del fallecimiento de JUAN CARLOS GIECO. Enseguida se disparó en mi mente y corazón una serie de imágenes, palabras, gestos y recuerdos sobre él. Lo conocí, o mejor expresado, los conocí a Mónica, su esposa, allá por los finales de los años 70.

No recuerdo en concreto qué persona me los presentó, pero vagamente y hurgando en el arcón de la memoria me parece que fue en la Parroquia del Perpetuo Socorro, situada en la calle Bv. Sáenz Peña, cerca del camino interprovincial, donde San Francisco se une con Frontera. Lugar donde Córdoba y Santa Fe hacen una simbiosis o un imaginario abrazo de dos realidades muy diferentes, socialmente hablando.

Estaba en esa Parroquia el Padre Pedro Ludueña Sueldo. Juan Carlos y Mónica pertenecían a la Renovación Carismática, una corriente dentro de la Iglesia Católica con orígenes en el pentecostalismo que oraba en forma similar a los primeros cristianos y que tienen como eje central al Espíritu Santo.

En esos años era una corriente eclesial no muy bien vista ni querida por la jerarquía y más aún podría decir que perseguida y combatida por esta y sus seguidores. En San Francisco, con una sociedad cerrada, retrograda y un esquema de iglesia medieval, cuya cabeza era un obispo sin luces y con muchas sombras y un clero que lo igualaba –salvo excepciones de algunos religiosos que caben en la palma de mi mano–. Contaban en charlas eclesiales que una vez a este monseñor –como gustaba que lo llamaran; si le decían “monseñor doctor” mejor todavía y que siempre estiraba su mano para que besaran su anillo- preguntó a su clero como veían el andar de la diócesis. Un sacerdote que me reservo el nombre le dijo: “la diócesis es como una bicicleta con piñón fijo y sin cadena, pedalea, pedalea y siempre está en el mismo lugar”.

Allí estaban Juan Carlos, Mónica y algunas personas más. Yo ingresé a ese “grupo de locos” porque siempre fui  como una especie de buen gladiador de causas pérdidas. Digo “locos” ´porque era esa la palabra que usaban los que nos señalaban con el dedo, entre ellos varios que después con el pasar de los años y viendo que estos grupos crecían y sumaban gente,  hicieron una rápida conversión y también pasaron a ser carismáticos. Según ellos, sin dejar de ejercer el control pastoral sobre los carismas, como si pudieran atrapar entre sus manos los dones del Espíritu Santo. ¡Qué ilusos! para no decir ¡qué tontos!

Hasta la misma Iglesia al mando de Juan Pablo II los acogió con gran alegría y  los carismáticos de ser perseguidos pasaron a ser parte del poder…ahí ya terminó mi participación en estos grupos…porque el Espíritu Santo no sabe de burocracia ni de poderes y honras…sino de libertad.

Pero sigamos con nuestro amigo Juan Carlos. Conocí de pequeños a dos de sus hijos, Carolina y Juan Pablo. Recuerdo  casi todos los días haber frecuentado su casa durante el verano. Escuchaba sus teorías, sus tesis sobre un montón de temas, muy variados ellos –iglesia, política, música, poesía, etc–. Muchas veces fui testigo de discusiones sanas entre ambos –Mónica y Juan Carlos–, mientras los pequeños jugaban, lloraban y reclamaban el cambio de pañales o la comida, o querer ir a dormir la sagrada siesta provinciana.

Me introdujo, Juan Carlos, a la lectura de la poesía de Pablo Neruda y a escuchar a aquellos chilenos exiliados Los Jaivas en el inolvidable casset  “Alturas de Macchu Pichu”.

Me hablo de Jorge L. Duretto, que fue uno de los varios desaparecidos de San Francisco. Vivía en la calle Cabrera, a dos casas de Juan Carlos. Este muchacho Jorge, a veces, venía a mi casa con su papá Don Luis tenía una sociedad con mi abuelo. Recuerdo que le gustaba mirar televisión, lo vi pocas veces, yo era mucho más chico que él. Hincha de Independiente.

Juan Carlos me relataba que el lunes que partió hacia Córdoba le dejó unas revistas por debajo de la puerta de su garaje. Nunca más volvió. Dicen las crónicas: “DURETTO, Jorge Luis. Nació en Las Petacas el 18 de enero de 1953, se crió en San Francisco. Cursó el secundario en el Colegio Nacional San Martín hasta tercer Año y terminó en el Colegio de las Monjas de San Guillermo. Secuestrado y desaparecido en Córdoba, el 14 de agosto de 1976. Tenía 23 años, se lo vio en La Perla. Militaba en la Organización Comunista Poder Obrero”. Y Juan Carlos lo recuerda en un artículo titulado: “Diálogos de clase media (por Juan Carlos Gieco) - En memoria del gringo Duretto compinche y amigo. Asesinado en La Perla”http://argentina.indymedia.org/news/2002/06/34240_comment.php

Fui a uno de los primeros que le comenté mi decisión de ir al seminario, mi visitó alguna oportunidad donde no fue bien recibido por los curas y a quién también  le confidencié mi decisión de no seguir en la vida religiosa y ponerme de novio. Me alentó y recuerdo que hasta me prestó el teléfono del negocio de su papá, allí en la avenida Libertador (N) para llamar a quien luego sería mi novia y esposa. Era el 19 de diciembre de 1982. Era una persona generosa. Nunca estaba en el negocio, siempre daba vueltas, o por la galería que daba a la Av. 25 de Mayo o bien en Bahía tomando un café o discutiendo con alguien.  Su papá lo buscaba y le decía: “Juan Carlos te están esperando”. Es bueno no olvidar que eran tiempos de dictadura militar y San Francisco no era un territorio ajeno a lo que sucedía en el país.

Las anécdotas que no fue bien recibido por los curas que eran mis superiores en el seminario es porque Juan  Carlos en su años de estudio (según me relato él) paso por el Instituto Pablo VI que dependía de los Misioneros de la Consolata,  allí tuvo un altercado con un sacerdote y él – Juan Carlos– le dio un palazo en la espalda que le valió su expulsión y que no se pudiera quedar esa noche en el seminario.

Acompañe su mudanza cuando fueron a vivir al Barrio jardín, ese día casi fundo uno de los rastrojeros de mi papá y casi me matan a mí por él.

Después mantuvimos algunas relaciones epistolares. Con el retorno de  la democracia, yo ya estaba viendo en Buenos Aires, y  él comienza su vida política pública en la Juventud Radical y que lo lleva a tener una relevancia en la estructuras partidarias en la provincia de Córdoba, esto por lo que escuche y leí, pero no fui testigo de ésta época de Juan Carlos por el sencillo motivo que no continuamos la frecuencia que necesitaba la amistad.

Años después una de las pocas veces que volví a San Francisco lo visite en la óptica tenía en la calle Rivadavia. Y luego  se trasladó al Bv. 9 de Julio esquina Córdoba. Allí atendió a mi abuela Teresa que a sus 85 años se quejaba de la vista, que no veía bien porque le costaba enhebrar la aguja y él le dijo abuela yo quisiera tener su vista, agradezca la que tiene.

Me contó que había tenidos dos hijos más. Juan Pablo que ya era adulto trabajaba con él. Su mamá había fallecido. Sí recuerdo haber saludado a Don Gieco –su papá-. Me comentó que estaba pensando la posibilidad de irse a vivir a España. De ahí en más no lo vi nunca más. Después supe que se había ido a España y que allí tenían un restaurant en Murcia llamado Bullas.

La magia de las redes sociales y un amigo en común- Carlos Benecke- hizo que nuevamente nos comunicáramos. Esto duro un tiempo. La grieta que comenzó a dividirnos a los argentinos el 25 de mayo de 2003 también llegó a nuestra amistad.

El defendía –viviendo en España- el modelo político que imperaba en Argentina y yo viviendo en Argentina y experimentando la realidad, no. Una serie de comentarios desafortunados de ambos hizo que de mi parte optará por no continuar la amistad. Una pena, un dolor, pero es parte de la vida. La grieta nos había tragado.

De vez en cuando sabía noticias  por Carlos, que me comento que estaba esperando un trasplante, que luego lo había recibido y al tiempo supe de su Pascua.

Juan Carlos fue un tipo de su tiempo, luchador, polemista y polémico, emprendedor  y generoso. Así lo recuerdo, así lo vuelvo a pasar por el corazón. Tuvo a su lado a una gran mujer que se llama Mónica Pino, queda ella, sus hijos y sus nietos... y sus interminables amigos.

Lo de la grieta fue un error mío que debería haber saltado conociendo a Juan Carlos, pero ambos nunca supimos bajarnos de los caballos y fusta y fusta seguíamos corriendo.

Estas simples palabras son para homenajear a Juan Carlos que tuvo su encuentro con Dios que lo recibió con los brazos abiertos.  Me lo veo discutiendo y polemizando allí en el Paraíso.

Hasta siempre Juan Carlos.

 

jueves, 7 de agosto de 2014

UN VIAJE A LA ESPERANZA - 2DA PARTE - GUIA


Un viaje a la Esperanza

Salir de la Pobreza con Trabajo y Dignidad
                                                                                          Jesús María Silveyra
SEGUNDA PARTE

CAPITULO 1

    1.        Describir el tema del agua. ¿qué pasa con ella?

    2.        ¿Cuál es el menú que se repite casi todos los días en la comida?

    3.        ¿Qué temas motivan la charla en la mesa?

    4.        ¿Cuál es la situación que encuentro Pedro cuando llego a Tana?

    5.        ¿Qué hecho lo impactará?

    6.        ¿Qué decide hacer luego de lo ocurrido?

    7.        ¿Cómo comienza y sigue “la historia de amor o aventura de Dios”?

    8.        ¿Cómo interpreta Jesús María el gesto que le cuenta Pedro cuando entro a la casa de aquel pueblerino?

    9.        ¿Qué son las cuatro “mi”?

 10.        ¿Cómo consiguieron la tierra  y qué grupo preparó para habitarla?

 11.        ¿Quiénes fueron los primeros habitantes de esas tierras y qué iban construyendo?

 12.        ¿Quiénes los ayudaron en esos primeros años y qué sembraba la gente?

 CAPÍTULO 2
    1.        ¿Qué situación se les presenta en forma inmediata una vez que cruzan el portón? Narrarla.

    2.        ¿Cómo reacciona Pedro ante dicha situación?

    3.        ¿Por qué la gente recurre a la acción social de Pedro y su grupo de colaboradores?

    4.        ¿Qué sentimiento expresa Pedro, ya en el auto? ¿Por qué te parece que reacciona así?

    5.        ¿Qué  le va contando Pedro a Jesús María en el camino?

    6.        ¿Qué instituciones ayudaron a Pedro a llevar a cabo el proyecto de construir las casas?

    7.        ¿Qué pasa con el dinero en el mundo?

    8.        Explicar de qué se trata la Asociación Humanitaria Akamasoa.

    9.        Buscar una explicación de la frase “Servir y no ser servido”, ejemplificando con lo leído en el texto.

 CAPITULO 3
   1.        ¿Qué razones le da Pedro a JMS para ser enterrado en ese cementerio?

    2.        ¿Qué es el “Centro de Acogida”?

    3.        Narrar la escena de Pedro y su encuentro con el anciano.

    4.        ¿Por qué Pedro se siente tranquilo ante tantos problemas que ve diariamente?

    5.        ¿Qué sentimientos expresa JMS al llegar de la gira y qué le dice Pedro?

    6.        ¿Cómo se explican estas palabras: IMAGINAR, PROYECTAR, SOÑAR Y REALIZAR en la vida de Pedro?

    7.        Leer los textos de Mt. 25, 34-4 y Lc. 4, 16-21. Buscar dos ejemplos de este capítulo dónde se puede ver lo escrito en los Evangelios en la obra emprendida por el P. Opeka.

 CAPITULO 4

     1.        JMS se pregunta: “¿Cómo salir de la pobreza?”. ¿Cuáles son esas ideas comentadas por Pedro?

    2.        ¿Cuáles fueron las pruebas más difíciles que tuvo que vivir en los inicios de Akamasoa?

    3.        ¿Qué momento feliz vivió?

    4.        Realizar un esquema tipo volante de propaganda de la ficha técnica de la Asociación.

    5.        ¿Con qué centros interviene Akamasoa?

    6.        ¿Qué organizaciones aportan recursos a la fundación?

    7.        Narrar la historia de Madagascar que cuenta Jean Jacques (poner en forma de ítems).

 CAPITULO 5

     1.        ¿Por qué la necesidad de tener reglas en Akamasoa?

    2.        Sintetizar e 1 ó 2 renglones cada una  de las reglas.

    3.        Elegir 3 (tres) reglas y explicarlas.

    4.        ¿Qué peldaños hay que recorrer según Pedro para luchar contra la pobreza?

 
CAPITULO 6

    1.        ¿Cómo es la historia de Madagascar en estos últimos años?

    2.        Con qué elementos concretos sobre lo que sucede en Akamasoa se pueda dar fe de la siguiente frase: “Dentro del país somos como una gota de agua, pero una gota fuerte que cuando le cae en la cabeza a algún político le debe doler.”

    3.        Explicar el último párrafo de la página 114 “Los líderes son necesarios….”

 

CAPITULO 7

     1.        ¿Cómo es la oración de Pedro y para qué le sirve según lo dice JMS?

    2.        ¿Qué imagen sobre lo que sucede en el basural le queda grabada a JMS?

 

CAPITULO 8

¿Cómo vive Pedro la muerte de los niños?

¿Cómo hacen las ceremonias religiosas ante la muerte?

¿Qué se debe hacer ante el fatalismo y la resignación?

¿Cuál es el problema del agua?