Parafraseando a Publio Terencio Africano diré que: Soy hombre y por lo tanto nada de lo humano y de todo ser viviente que viva en la tierra y en el universo me es indiferente y ajeno a mi vida.
Como dijo Anaxágoras: Todo tiene que ver con todo.








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sábado, 11 de febrero de 2012

A LOS 50 AÑOS, GRACIAS A DIOS POR EL CAMINO DE LA VIDA....

Camino inexorablemente hacia la primera mitad de siglo de mi vida.

Después de un largo tiempo se hace necesario arriar las velas de la barca, enderezar el timón hacia el puerto, bajarse y sentarse en la taberna más cercana para pensar lo vivido en estos años y prepararse para vivir la segunda mitad que falta para completar un siglo de vida.
Comparto con ustedes esta canción del querido poeta Alberto Córtez, para agitar recuerdos y emociones:
  
 Viento, campos y caminos… distancia,
            Qué cantidad de recuerdos
     de infancia, amores y amigos… distancia
           que se han quedado tan lejos.

 Entre las calles amigas… distancia
      del viejo y querido pueblo
 donde se abrieron mis ojos… distancia,
                                                  donde jugué de pequeño.
Un corazón de guitarra quisiera
para cantar lo que siento.
Allí viví la alegría… distancia
de aquel primer sentimiento
que se ha quedado dormida… distancia
entre la niebla del tiempo.
Primer amor de mi vida… distancia,
que no pasó del intento;
primer poema del alma… distancia,
que se ha quedado en silencio.
Un corazón de guitarra quisiera
para cantar lo que siento.

¿Dónde estarán los amigos… distancia,
que compartieron mis juegos?
¿Quién sabe donde se han ido… distancia,
lo que habrá sido de ellos?.
Regresaré a mis estrellas… distancia,
les contaré mi secreto:
que sigo amando a mi tierra… distancia,
cuando me marcho tan lejos.
Un corazón sin distancia quisiera
para volver a mí pueblo.
 Para quién desea escucharla, hacer clic: http://youtu.be/EdtNhlVtd00
La vida tiene esas cosas que nunca podremos saber y que las embolsamos en una palabra: MISTERIO.

Pretendo en estos días hacer una memoria de lo vivido en estos años, con la seguridad de que estas pocas líneas no podrán contener todo aquello que se he experimentado, pero con la certeza de que en el resto del año iré desgranando cada uno de esos momentos.

Procuraré realizar el ensayo de no nombrar a ninguna persona, solamente el entorno familiar. Amigos/as, alumnos/as, exalumnos/as compañeros/as y conocidos/as entrarán en esos momentos que se irán escribiendo durante el año. Por eso no quiero ser injusto y olvidarme de alguien, si el 12 de febrero de 2013 me olvidé de alguien, recién ahí por favor háganme saber ese descuido de mi memoria.

Teóricamente ya tendría 50 años, porque el inicio de la vida es desde el momento de la concepción, después transcurrieron nueve meses en el vientre materno (de mi mamá Elsa) y después fui invitado a integrarme a la sociedad y vivir por mis propios medios. Pero la fecha de cumpleaños se toma desde el día de nacimiento y obviamente no me pondré a discutir con el resto de  los mortales si es así o de otra manera. Juristas, abogados, teólogos, políticos, religiosos se encargarán de esos debates, a los cuales nunca se arriban conclusiones.

Lo importante es que el lunes 12 de febrero del año 1962, a las 0,03 nací yo, una hermosa criatura según mis padres y abuelos. El médico que nos atendió –a mi mamá y a mí- se llamaba Jorge y la partera Anita. El testimonio de mi belleza pudo ser corroborado años después por el resto de la gente.

Me pusieron de nombre –varios nombres- Sergio (porque mi papá conoció a un bebé que se llamaba así cuando estaban de Luna de Miel),  Lorenzo (mi abuelo paterno se llamaba así, mi papá lo tenía como segundo nombre y también lo tengo yo) y Ramón (porque el parto venía complicado y entonces me encomendaron a San Ramón Nonato, protector de los partos y recién nacidos y mi abuela Dominga sugirió este nombre). Algún nombre más estaba en danza, me parece que Jorge, Javier, Marcelo o Gustavo. El Registro civil se encargó de decirle a mi familia que la ley solo admitía tres nombres. Cosas que agradezco cada vez que debo llenar una solicitud donde deben estar todos mis nombres.

Primeros días y años en el campo. Nací en Landeta, Provincia de Santa Fe, un pueblo que en la actualidad cuenta con 1500 habitantes, situado en la llanura de la Pampa húmeda, predomina el clima templado pampeano. Las precipitaciones anuales rondan entre los 800 y 900 mm, siendo el verano la estación más lluviosa. Hay dos parajes (conjunto de pocas casas) que son Campo Simpson y Estación Shiffner. Fundado en 1893 por Juan Landetta, en el departamento de San Martín y la mayoría de los inmigrantes venían de la zona del Piamonte, norte de Italia.

Criado junto a mis papás, mis abuelos paternos, Lorenzo y Teresa, y mi padrino Olivio, además de toda la familia (la gran parentela) que vivía en el pueblo. Hablaban el dialecto piamontés (medianamente argentinizado), que no sé hablar pero lo entiendo.

Después de un tiempo, mis papás decidieron emigrar a la ciudad. El primer destino fue la ciudad de San Francisco, en la provincia de Córdoba. Él junto a su hermano Olivio compraron una sodería y se dedicaron a vender dicho producto. La sodería llevaba un nombre emblemático: EL SERGIO y todavía conservo algunos sifones de medio litro que llevan mi foto.
Mis abuelos paternos
Durante diez años fui el único hijo, nieto y sobrino por parte de mi familia paterna. De parte de mi mamá tenía a mis abuelos Ángel y Dominga que vivían en la localidad de Alicia (Córdoba) a quiénes también visitábamos. Vivían en el campo no muy lejos del pueblo. Tenía en Las Varillas a mis tíos Elside, Clara y mi prima Viviana. Además dos primos-segundos: Adriana y Néstor.

La infancia, mirándola desde hoy, fue uno de los tiempos más hermosos que he vivido. Los juegos, los amigos, el no tener responsabilidades, hicieron que también uno viviera en un mundo mágico. Esperar al Niño Dios o a la Reyes Magos creaba una sensación de alegría, de esperanza y después, al ver los regalos depositados que uno estaba esperando, hacía el sueño realidad y nos transportaba a esa magia e inocencia de la cual uno no quisiera despertar. Jugábamos con los amigos del barrio a las figuritas, a las bolitas (canicas), al fútbol en la canchita de Los Andes.
Mi abuela Dominga y mi hermano Fabián
El 29 de setiembre de 1971 vino al mundo mi único hermano, Fabián Miguel. También llegaron una serie de primos y primas: Gustavo, Gabriela, Carolina, Daniela, Laura y Juan Pablo Jesús.
Mis familiares en mis 25 años



Aquí haré un primer corte. Más anécdotas y otras historias familiares las iré detallando durante el año. Y pego un gran salto, hasta llegar al 9 de noviembre de 1984, fecha de casamiento con Cris.
Mis abuelos Ángel y Dominga sentados, izquierda mis tíos Clara y Elside, y mis padres

 El 9 de noviembre del año 1984 nos unimos en matrimonio en la Capilla interna de la Parroquia Nuestra Señora de la Guardia, con la presencia de nuestros familiares y muchos amigos.
Iniciamos la vida matrimonial que ya lleva 27 años. Todos aquellos detalles del noviazgo y los primeros años del matrimonio los iremos desanudando en el tiempo, porque sino esto que desea ser un escrito de agradecimiento se transformaría en una biografía (al final del año si será casi una biografía).

Uso, para decirle a Cris, estas palabras de Santiago, el personaje de El Alquimista: “Yo te amo porque todo el universo conspiró para que yo llegara hasta ti”.

Fueron naciendo nuestros hijos: Emmanuel, María Belén y Juan Cruz Salvador. Ellos nos fueron haciendo padres día a día. Es una misión que se toma y no tiene fin. Se construye día a día, minuto a minuto. Uno no viene con la paternidad incorporada, ni le proporcionan un manual. No se es esposo ni padre por correspondencia. Es en las alegrías y en las tristezas, en los mejores momentos y en los peores que vivimos donde uno construye las relaciones con sus seres queridos. Son responsabilidades que se asumen y luego se van entramando y tejiendo con el hilo del amor, de la paciencia, del silencio, del diálogo.


Nuestros hijos
Gracias a Cris, mi esposa, compañera y amiga desde hace más de 30 años en este camino de la vida, compartiendo proyectos, tirando para el mismo lado, cosechando alegría y remando ante los dolores, estando siempre ahí.

Gracias a Emmanuel, Belén y Juan por ser mis hijos. Cada uno es así, como es, la libertad es un valor que tienen, vivirlo es de ellos; aguantan mis críticas porque soy muy exigente con los que amo, pero también deben saber que tengo mucha paciencia cuando hacen cosas que no comprendo. La libertad es sagrada, la experimenté en mi vida y creo que es el don más preciado que Dios nos ha regalado.

Gracias a mis papás: Elsa e Imar, por ser mis padres, por todo aquello que en libertad me dejaron hacer,  y venir a compartir después de años la vida aquí cerca de nosotros.
Mis papás Elsa e Imar
Gracias a mis abuelos Teresa, Lorenzo, Dominga y Ángel por haber sido mis abuelos y tratarme como nieto.

Gracias a Perla y Mariano por ser mis suegros y cuidaron en la infancia a sus nietos. Hoy me enseñan, a pesar de los enojos, que la ancianidad es un tiempo que debemos preparar para vivirla de la mejor manera posible. Gracias a la tía Beba por acompañarnos un trayecto importante de la vida.
Mis suegros Perla y Mariano


Gracias a Dulce María, Pilar y Juan Manuel por ser mis sobrinos, no tan cercanos como quisiera.

Gracias a mis cuñados: Inés y Alejandro (desde su Pascua) por ser parte de estos 50 años.

Gracias a mis padrinos de bautismo: Olivio y Clara, por estar siempre que tuvieron que estar, cada uno a su manera, tengo la certeza que siguen estando en mí.

Gracias a todos mis tíos, tías y  primos y primas, por lo compartido en algún momento de la vida, por el largo silencio y por recomenzar a componer las relaciones que habíamos dejado que se degastaran, pero que las redes sociales nos permitieron reconstruir.

Algunos de los nombrados ya experimentaron en su vida la Pascua. Nosotros, los que vamos quedando,  la vamos experimentando día a día. El dolor nos traspasa durante un tiempo, la ausencia en mesas y charlas nos duelen, y poco a poco ese sufrimiento con la ayuda de ellos lo vamos transformando en fuerza, en vida y espíritu. Cuando vamos diciendo “le gustaba de esa manera” “habría hecho tal cosa”, “como se habría puesto”, “estaría tan contenta” es que nosotros también parimos la Pascua en nuestro corazón.

Gracias a todos los amigos y amigas que a la largo de los años, de tantos sitios en los cuales fui pasando por las circunstancias azarosas de la vida “nos fuimos cosechando” por ser amigos y amigas. Por respetarme y acompañarme en cada momento.

Gracias a aquellos que fueron compañeros y compañeras de ruta, algunos ocasionales, pero que estuvieron en algún tramo de mi vida e hicieron ese trayecto  más alegre, feliz y dejaron su presencia en mi  memoria.

Gracias a todos los y las, alumnos y alumnas, exalumnos y exalumnas  y conocidos/as  que creyeron en mí, que escucharon mis palabras y recibieron mis gestos y que me ayudan cada día a vivir.

Gracias a Ciro –desde hace once años- y Uma –desde hace cuatro meses-, mis canes, que despertaron en mí el amor hacia los animales y a la naturaleza, además de ser mis compañeros fieles en lo cotidiano.

Parafraseando a mi abuelo literario Don Ernesto Sábato les diré que he olvidado algunos trechos de mi vida y, en cambio todavía palpitan en mi mano y en mi corazón los encuentros, los momentos de peligro y el nombre de quienes me han rescatado de las amarguras.

No tengo conciencia ni experimento en este momento de mi vida tener enemigos, sí soy consciente de no haber realizado todo el bien que podía, hay asignaturas pendientes que se reprueban varias veces en la vida, hasta que al final…por cansancio uno las aprueba.

 Aprender a perdonar y ver lo bueno que hay en el otro es un ejercicio que requiere mucha paciencia y pido a Dios cada día ese don. Cuando uno lo experimenta la libertad se vuelva inmensa, no se encuentran fronteras y se puede recién ahí pronunciar con todo el significado que tiene la palabra: Hermano/a.

En estos 49 años creo que pasé por diferentes momentos, a veces fui yo, después con el tiempo uno se va diluyendo, como fotocopiando de los demás, hasta que en algún momento hay sacudones interiores y exteriores que si experimentamos y sentimos esas vibraciones nos vuelven al eje, para volver a ser uno mismo. Por eso con esta canción cierro la primera mitad del siglo, es llegar al final y emprender una nueva década y un nuevo tiempo, por eso hay una canción que refleja en parte esa experiencia.

Estela Raval http://youtu.be/iCI1vAIERFc 
                                                                  A mi manera
Y ahora, el final está aquí,
Y entonces enfrento el telón final.
Mi amigo, lo diré sin rodeos,
Hablaré de mi caso, del cual estoy seguro.
He vivido una vida plena,
Viaje por todos y cada uno de los caminos.
Y más, mucho más que esto,
Lo hice a mi manera.
Arrepentimientos, he tenido unos pocos
Pero igualmente, muy pocos como para mencionarlos.
Hice lo que debía hacer
Y lo hice sin exenciones.
Planee cada programa de acción,
Cada paso cuidadoso a lo largo del camino.
Y más, mucho más que esto,
Lo hice a mi manera.
Sí, hubo oportunidades,
Estoy seguro que lo sabían,
Cuando mordí
Más de lo que podía masticar.
Pero al final,
Cuando hubo duda,
Me lo tragué todo y luego lo dije sin miedo.
Lo enfrenté todo y estuve orgulloso,
Y lo hice a mi manera.
He amado, he reído y llorado.
Tuve malas experiencias, me tocó perder.
Y ahora, que las lágrimas ceden,
Encuentro tan divertido
Pensar que hice todo eso.
Y permítanme decir, sin timidez,
'Oh, no, oh, no, a mí no, yo sí lo hice a mi manera'.
Pues que es un hombre, ¿qué es lo que ha conseguido?
Si no es a sí mismo, entonces no tiene nada.
Decir las cosas que realmente siente
Y no las palabras de alguien que se arrodilla.
Mi historia muestra que asumí los golpes
Y lo hice a mi manera.

Tengo conciencia que cuando las catedrales se caigan, los templos del consumo desaparezcan, los imperios se resquebrajen y las tecnologías que intentan suplantar a los hombres estallen en mil pedazos, lo único que quedará intacto y rescatará la vida será el ser humano, o sea cada uno de nosotros.

En  el transcurso de este año nos iremos juntando para ir celebrando estos 50 años de vida. Les pido a cada uno y cada una que haga oración la canción de Eladia y me acompañe en el tiempo que deba seguir atravesando la vida en la tierra, junto a todos ustedes para no dejar de HONRAR LA VIDA….

Honrar la vida: http://youtu.be/VLAr9kY7YpE

¡No! ¡Permanecer y
transcurrir
no es perdurar, no es existir,
ni honrar la vida!

Hay tantas maneras de no ser,
tanta conciencia sin saber,
adormecida...

Merecer la vida no es callar
y consentir,
tantas injusticias repetidas...

Es una virtud, es dignidad
y es la actitud de identidad
más definida.

Eso de durar y transcurrir
no nos da derecho a presumir.
Porque no es lo mismo que
vivir...
Honrar la vida.

¡No! ¡Permanecer y transcurrir
no siempre quiere sugerir
honrar la vida!
Hay tanta pequeña vanidad
en nuestra tonta humanidad
enceguecida.

Merecer la vida es erguirse
vertical,
más allá del mal, de las caídas...

Es igual que darle a la verdad
y a nuestra propia libertad
la bienvenida...

Eso de durar y transcurrir
no nos da derecho a presumir,
porque no es lo mismo que
vivir...
Honrar la vida.

GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS…DIOS NOS SIGA SOSTENIENDO A TODOS Y TODAS EN LA PALMA DE SU GENEROSA MANO. AMÉN.

jueves, 9 de febrero de 2012

CARTA DE CHRISTILLÁ, AMIGA Y SIERVA DE MARÍA

FUE LA PRIMERA LECTURA EN NUESTRA CELEBRACIÓN DE LOS 25 AÑOS DE MATRIMONIO. 
LEÍDA POR EL ENTRAÑABLE AMIGO DE AMBOS, EL QUERIDO PEDRO.

* Bodas de Plata de Cristina y Sergio*

A  mis queridos amigos:

* *25 Años de Amor… de Fidelidad
25 Años de Amor y de Fidelidad de Dios que los fue acompañando y
sosteniendo en su caminar.

Al echar una mirada sobre todo lo que compartimos, siento mucha alegría.
Fueron verdaderos amigos… una pareja con la puerta de su corazón
abierta a todos…

La vida está echa de una multitud de « encuentros » que podemos aceptar
o no….pero de « cada encuentro » puede nacer una verdadera amistad. Fue
 mi experiencia con Uds.

Fueron verdaderos amigos, cada uno con su personalidad, sus riquezas, su
comprensión y su manera de escuchar.

Cristina… Sergio, dos personas distintas y tan complementarias!

Aprecie profundamente el respeto que tenían el uno para con el otro. El
permitir que « el otro » puede realizarse como personas. Acompañar su
búsqueda con amor y paciencia.

La « puerta abierta »… cualquiera puede llegar y sentarse a la mesa.
Charlar… decir lo que uno siente...y permitir que llegue a ser « un
amigo ».

Sus valores humanos y religiosos fueron para mí muy importantes y me
ayudaron mucho en mi vocación como consagrada.

El colegio fue el lugar de cantidades de charlas en las que cada uno
expresaba su sentir, su visión de las cosas y de los acontecimientos. No
siempre estábamos de acuerdo pero cada uno expresaba su verdad, con toda
libertad.

Juntos, buscábamos algo que estaba más allá de nuestra subjetividad.
Para mí, « ese algo », era la búsqueda de la voluntad de Dios, en la
vida personal…. en nuestra misión como catequistas. Valore su actitud
frente al joven, echa de respeto y de profundo aprecio a la persona.

Qué importante es la familia para Uds.! Pudimos seguir, paso a paso la
llegada de sus hijos y su preocupación en hacer de ellos, personas felices.

Siento que siguen manteniendo « la puerta abierta » para nuevos
proyectos. Dios ha puesto tantos dones en sus corazones! Ser fieles a
su Amor exige de cada uno, un despliegue de estos dones.
Pedro leyendo la carta en el templo de Santa Cruz

La vida es un largo camino cuya puerta se abre al infinito… infinito
serán también los encuentros!

Como amiga y como religiosa Sierva de María, pido a Dios, y a la Virgen
que los sigan ayudando a caminar junto a su familia, a sus amigos, a
quienes los necesitan.

Que la humildad y la sinceridad sean los sentimientos que los animen
para ir al encuentro del otro. Que su amor sea tan fuerte que puedan
superar todas las dificultades.

Déjense « invadir » por la Fuerza de Jesús Resucitado y sigan dando vida.

Christillá
 

martes, 7 de febrero de 2012

SILOÉ…. UNA FUENTE DE VIDA Y AMISTAD EN FLORES….


Narra Juan en su Evangelio:
 “Dicho esto, (Jesús) escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego, y le dijo: Ve a lavarte en el estanque de Siloé (que traducido es, Enviado). Fue entonces, y se lavó, y regresó viendo. Entonces los vecinos, y los que antes le habían visto que era ciego, decían: ¿No es éste el que se sentaba y mendigaba? Unos decían: El es; y otros: A él se parece. El decía: Yo soy. Y le dijeron: ¿Cómo te fueron abiertos los ojos? Respondió él y dijo: Aquel hombre que se llama Jesús hizo lodo, me untó los ojos, y me dijo: Ve al Siloé, y lávate; y fui, y me lavé, y recibí la vista. Entonces le dijeron: ¿Dónde está él? El dijo: No sé. Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Y era día de reposo* cuando Jesús había hecho el lodo, y le había abierto los ojos” Juan 9; 6-14  


 
Al llegar a Buenos Aires en el año 1980, uno de los primeros sitios que conocí fue Siloé.
¿De qué se trataba? Siloé era una Pinturería situada en la calle Pedernera 53, en el barrio de Flores, al costado de la Basílica que lleva el nombre de San José de Flores.

Pero, en lo personal,  Pinturerías Siloé, “la fuente del  color” comenzó a ser un hermoso sitio de encuentro. Atendida por sus dueños, Jorge y Oscar (cuñados entre sí) cada vez que uno entraba encontraba  una sonrisa, una silla para sentarse y unos oídos para escuchar.

Entre envases de pinturas, escaleras y pinceles iba pasando a vida por ese lugar lleno de color, de esperanza y de alegría. Intercambio de noticias, algún cuento risueño, anécdotas y aquellas confesiones que nos ayudaban a descargar los pesos que agobiaban la vida eran los elementos que confluían en ese sitio.
Algunos sábados al mes, al mediodía, era una cita estar ahí y saborear juntos unas ricas pizzas, matizando ese momento de comunión con la palabra, con las cosas que pasaban por nuestras vidas. Era llenar el cuerpo, pero esencialmente recargar el espíritu  con el entusiasmo, la esperanza y la fe.

Oscar, Jorge, Lydia, Andrea, Valeria, Chichita, Jorge D., Valeria y Diego.
Por marzo del año 85, una de las últimas veces que pase por Pinturerías Siloé, me encontré con  Oscar Goapper, misionero de la Consolata.   Estuvimos charlando esa mañana sobre nuestras vidas, el tiempo diría fue el último encuentro con él. Él siguió para su misión en África, donde falleció (en este mismo blog hay parte de su historia). Oscar cumplió ese texto evangélico que dice que el grano de trigo cae en tierra, muere y da sus frutos.

Como dice el Evangelio, Siloé era una fuente donde uno reposaba para luego ser enviado con la energía para estar y compartir con la gente. Además de Jorge y Oscar, muchas veces compartían ese espacio Lydia, esposa de Jorge, y sus hijas Andrea y Valeria; también Alicia, esposa de Oscar y los suegros de ambos. También disfrutaban de ese lugar, otros tantos amigos y amigas que se iban agregando al entramado de esa red llamada amistad.
Oscar, José Luis, Armando y Sergio (de barba)

En estos años de vida nunca olvide a las personas que me brindaron su afecto, su cariño y  me dieron fuerzas en los momentos de caída. Cada persona y cada espacio tienen un significado, soy un agradecido de los amigos y compañeros que la vida me fue poniendo a cada paso. De cada uno y cada una he aprendido algo. La amistad, la aceptación, la fraternidad, la comunión fueron elementos que aprendí de ese pozo Siloé, en el medio de un barrio que es parte de mi vida, como lo fue el querido barrio de Flores.

Pinturerías Siloé no está físicamente, pero la amistad perdura…nada es en vano, el agua que llega a la fuente sigue corriendo para que sigamos confraternizando y apostando a la vida.

Después de veintidós años nos hemos reencontrado con Lydia y Jorge, ellos son abuelos de varios nietos…la amistad sigue.
SIMPLEMENTE GRACIAS….
(Gentileza Jorge)

Nota: Algo más del pozo histórico de Siloé:
Ezequías (729-686 AC) fue un gobernante del reino de Judá que inició una serie de reformas religiosas, probablemente después de la muerte de su padre en 715 AC. Estableció una fiscalización sobre regiones de Filistea, fortaleció el sistema de defensa nacional, y fomentó el comercio y la agricultura al construir almacenes y apriscos para los ganados (2 Rey. 18:8; 2 Crón. 32:28, 29).
Una notable realización técnica de su reinado fue la excavación de un túnel (a través de la roca) de 533 m. de longitud desde el manantial de Gihón en el valle del Cedrón hasta un estanque más bajo (el estanque de Siloé - Juan 9:7) dentro de la ciudad de Jerusalén (2 Crón. 32:4, 30; 2 Rey. 20:20). El túnel fue llamado Siloé, que significa "enviado" o "conducido".
De esa manera le aseguró a Jerusalén una provisión continua de agua. Aún ahora, después de más de 2.500 años, las aguas de Gihón fluyen por este túnel hasta el estanque de Siloé.



martes, 24 de enero de 2012

HISTORIAS DE (MI) VIDA....


EL ESPÍRITU SOPLA DÓNDE Y CUÁNDO QUIERE…..

El 23 de enero de 1980 era miércoles. El sofocante calor abrazaba esa mañana a una parte de la pampa gringa. El sol se había despertado muy temprano y su presencia no pasaba inadvertida. Eran un poco más de las 6 a.m. cuando partía de San Francisco rumbo a la Capital Federal.
Una despedida familiar. Mis padres, mi hermano y mis abuelos paternos era el séquito que entre abrazos, besos y lágrimas decían “adiós”, “hasta pronto” y “buen viaje”.
Una valija marrón (que todavía conservo) y un bolso verde eran los pocos elementos que me acompañaban. Luego con el tiempo se sumaría una caja de cartón que contenía libros, y que mi papá despacho  por “Transporte Barrado” llegando semanas después  al barrio de Pompeya.
El Renault 4 de color blanco sería el vehículo encargado de trasladarme. Conducido por el P. José Auletta, misionero de la Consolata y acompañado por José Luis Ponce de León y Rubén Horacio López, seminaristas de la misma congregación, quiénes serían de ahora en más mis nuevos compañeros en la aventura misionera.
No tengo recuerdo de comidas, bebidas, solamente el deseo de llegar a lo que sería mi nuevo hogar. Seguramente la charla, los mates, algunos sándwiches y alguna bebida refrescante fueron de la partida durante todo ese día. No lo recuerdo. Por delante sueños, un futuro, miedos, esperanzas, encuentros, alegrías, tristezas, todo aquello que puede tener alguien joven, con 17 años, recién terminado el secundario y caminando en un pos de una idea: ser misionero.
El país transitaba políticamente su cuarto año de dictadura, así que seguramente nos habrán detenido  varias veces para los controles de rutina a los que nos tenían sometidos los militares y las fuerzas policiales de la época. Todos éramos sospechosos. Más cuatro personas en un auto. Documentos, de dónde veníamos, que hacíamos, y adónde íbamos habrán sido las preguntas de rigor.
A la tardecita de ese día arribamos a la calle Fray Cayetano 368, en el porteño barrio de Flores. Ahí estuve esa noche y los siguientes días. Era tiempo de aclimatarse. Acostumbrarse a  ruidos, olores, personas y a “todo lo nuevo”.  Los nuevos compañeros de a poco comenzaron a llegar. Días después partimos hacia Miramar (Buenos Aires) para convivir casi 15 días en una escuela, realizando una labor de difusión misionera, además de conocernos entre nosotros.
Por primera vez conocí el mar. Esa vasta inmensidad de agua, sal, ruido permanente, oleaje y arena. Cada año me gusta volver a ver el mar, para experimentar esa primera sensación. La que nunca se olvida.
Escribir las crónicas en el momento de que una acontecimiento está sucediendo o bien escribirlas treinta y dos años después tiene sus diferencias. La primera vez pueden funcionar como un diario de viaje, años después ya van cargadas de reflexión que da la experiencia de vivir.
Cuando regresamos  nos dedicamos a la tarea de pintar la casa. Luego de la primera oración, Laudes, cada uno tenía un trabajo asignado. Lijar, y luego pintar las puertas y ventanas. El verde y el negro eran los colores que se deslizaban entre hierros y maderas. Otros se dedicaban a las compras y a cocinar. Algunos matizaban el trabajo con el estudio, porque debían algunos finales.
Seguramente era una rutina diaria. Para mí todo era nuevo. En cada lugar, en cada persona o cada espacio era descubrir algo no conocido y por conocer.  Al mediodía la Misa y luego el almuerzo. Por la tarde  una hora de siesta reparadora  y antes de continuar con las labores, rezábamos Vísperas. A la noche después de cenar se culminaba comunitariamente con la oración de Completas.
Charlar, dialogar y conocernos eran inquietudes  de los  jóvenes que nos encontrábamos convocados en ese mismo sitio.
Entre aquellos compañeros  estaban además de los mencionados en el viaje –José Luis y Rubén, se le sumarían Cristian Fernández Moores y Gustavo Marcías –porteños–,  Alejandro García –de La Plata–,  Juan José Olivares Rojas –sanjuanino–,  Roque –cordobés–, con el paso de los años también vendrían Roque Ferreira  –uruguayo de Tacuarembó–,  Raúl Aimar y Dante Passera  –ambos de San Francisco (Córdoba) –, Juan Carlos Viján y Ernesto –entrerrianos– , Ponciano Acosta –formoseño–, Armando L. –mendocino–.
El Seminario llevaba el nombre de “San Francisco Solano”, que fue misionero en el territorio que hoy ocupa la provincia de Chaco.  Entre los sacerdotes formadores  que dirigían y presidían la comunidad, estuvo en el primer año el P. Oscar José Goapper –santafecino–, luego fue acompañado por el Padre Nelson Borgogno –cordobés– (ambos fallecidos) y en mi último tiempo en esa comunidad, estaba dirigida por el Padre Luis Manco, italiano, quién  se encuentra en la actualidad en nuestro país realizando su labor misionera.
Este primer texto lo podemos denominar como “grandes pinceladas en el inicio de una nueva vida”. El motivo central es hacer memoria de su inicio, de los 32 años que pasaron desde aquel momento.
En próximas entregas iremos desgranando como fue la vida en ese lugar en los siguientes tres años. Actividades, amigos, anécdotas, la vida diaria, encuentros, alegrías y tristezas en la búsqueda cotidiana.
Simplemente entrar a un seminario o a una casa de formación no debe significar que uno tendrá que ser religioso o sacerdote. Es un período de discernimiento, de búsqueda y de tener la suficiente libertad para ser llevados por el Espíritu que sopla dónde y cuándo quiere.