Parafraseando a Publio Terencio Africano diré que: Soy hombre y por lo tanto nada de lo humano y de todo ser viviente que viva en la tierra y en el universo me es indiferente y ajeno a mi vida.
Como dijo Anaxágoras: Todo tiene que ver con todo.








lunes, 12 de septiembre de 2016

PUBLICANDO EN OTRO BLOG

Hemos publicado en el blog que pertenece a la Biblioteca del Instituto Santa Cruz dos textos con sus respectivas fotos.
Uno corresponde a un taller sobre los youtubers y el otro a la visita realizada al Museo del Holocausto de la C.A.B.A.
Sobre los youtubers fue un taller de integración entre los alumnos de 1ero y 2do año N.E.S. de las tres orientaciones. Realizado junto a la Licenciada Claudia Douve.
La visita al Museo se hace en el marco de la temática de 2do año N.E.S. en la materia Catequesis.
 Agradecemos a la bibliotecaria, Sta Norma, por la deferencia en darnos un espacio para compartir con las familias y alumnos lo que venimos realizando en la materia Catequesis.
Invitamos y sugerimos hacer un recorrido por el blog ya que pueden encontrar con otras publicaciones de sumo interés, tanto para docentes como para padres y alumnos.
Aquí van los links de ambas publicaciones:

http://santacruzbiblioteca.blogspot.com.ar/2016/09/youtubers.html

http://santacruzbiblioteca.blogspot.com.ar/2016/09/memoria.html


Lic. Sergio Dalbessio - Catequista-

martes, 17 de mayo de 2016

LOS LIBROS SI MUERDEN…




El dicho que los libros no muerden no es verdad. Sí muerden y te lo voy a demostrar en este texto que narra mi experiencia personal con esos seres llenos de vida que son los libros.

En mi casa familiar no había ninguna biblioteca. Así que mis primeras lecturas fueron escuchar a otros que narraban diversas historias de la vida. Todas las tardes mi mamá escuchaba radioteatros. Programas de media hora que recreaban historias diversas. Ese fue mi primer acercamiento a la literatura. Recuerdo el que llevaba por nombre “Hormiga Negra el gaucho que no tenía que morir”. Los hermanos Jaime y Oscar Kloner (1) y  Alfonso Amigo (2) eran de aquellas compañías de actores que iban pueblo por pueblo para poner en escenas capítulos de aquello que la gente escuchaba en sus enormes radios. Casi siempre estaban en el centro de un aparador de la cocina o en una mesita que era adornada por alguna carpeta tejida por la nona en el living de de la casa.




Varias veces esas compañías sufrieron actos de violencia, porque el gaucho le pegaba a la mujer y alguno que no sabía que era teatro, creía que en le estaba pegando de verdad y subía al escenario para detenerlo o enfrentarlo. Esto pasó varias veces en los pueblos y no es un mito.

El televisor era un lujo para pocos y nosotros no estábamos entre esos. Faltaba un tiempo para que el aparato del cual aparecían personajes en blanco y negro llegara a nuestra casa.

El diario local La Voz de San Justo, fue una fuente de lectura inicial. Aprendí a leer desde las noticias necrológicas (quiénes habían decidido partir de este mundo), luego pasaba a la última hoja para informarme de los deportes y volvía a las páginas centrales del matutino para leer algunas noticias locales relevantes. Con el tiempo y el crecimiento de pasar de la niñez a la adolescencia fui comenzando por la tapa del diario y páginas subsiguientes dónde estaba la realidad nacional e internacional. En algún tiempo soñé con ser periodista e iba escribiendo y pegando en una carpeta todas las notas de un conflicto que hubo en San Nicolás, Buenos Aires,  con los trabajadores de Acindar.

Mi padrino compraba revistas como Fabián Leyes y El Huinca ambas de Enrique Rapela, narraciones gauchescas en forma de historieta. Así que también las fui atesorando en mis lecturas, junto a otras  historietas y la infaltable revista deportiva Goles de la cual queda en mi memoria la excelente “volada” de  Mario Agustín Cejas –de Racing– atajándole el penal a Aníbal  “Conejo” Tarabini –de Independiente–. Todo era en blanco y negro. 
Paradójicamente recuerdo una revista dedicada a temas rurales de la cual quede impresionado por una foto de un nene pequeño con una panza enorme, ahí supe de la existencia de Biafra (un país africano que ya no existe, duro tres años con grandes guerras y hambrunas,  fue una escisión de la actual Nigeria) y que esa panza era hinchada y por falta de comida, o sea tomé conciencia de que había hambre en el mundo. No conocía el hambre.
Luego vinieron los libros del colegio, los clásicos de historia, los manuales y todo aquello que debíamos tener para estudiar año tras año. Platero y yo de Juan Ramón Giménez, los libros de historia de Bustinza y José L.  Cosmelli Ibáñez, los de anatomía y fisiología de Dos Santos Lara y los Manualgraf de Editorial Gram.

Iba a la biblioteca del colegio, sacaba un libro y lo leía. Recuerdo que una vez un hermano marista se alegró de ver un alumno en la biblioteca –parece que también esa en esa época mucho no se leía– y se lo comentó a la bibliotecaria. Ella le contestó que eran libros pequeños, seguramente habré puesto alguna cara con cierto enojo o rabia. El Hermano la habrá visto y ante el desaliento de la bibliotecaria, él estimuló y felicitó mi lectura. Pienso que quizás le molestaba a ella que la sacara de la comodidad de su silla pidiéndole diversos libros. El hermano era un auténtico educador.

Luego llegó el televisor, algunas series como El Zorro, Bonanza, El hombre del Rifle, novelas como las de Migre y algunos capítulos de Cosa Juzgada. Tiempo después, ya dejando la adolescencia, vinieron otros libros, otras historias y una comprensión más certera de las palabras y las diversas historias allí contadas.

Ya en la universidad vinieron libros de filosofía y teología. Mysterium Salutis, Mircea Eliade con su Mito y Realidad,  y tantos otros textos y apuntes que había que estudiar, una lectura obligatoria pero que también fue necesaria para  formarme. Buscaba siempre frecuentar o ir a leer a la biblioteca de la faculta de teología que está en la calle José Cubas –en Villa Devoto–, era un lugar sumamente tranquilo y lleno de espíritu y misterio, por lo menos para mí. Una tarde entro y me arrodillo, hago la señal de la cruz y veo que todos me miran, pensé que había entrado en un templo, pero había entrado a la biblioteca, por eso creo que las bibliotecas son un lugar sagrado, un territorio donde los libros despliegan su magia y su encantamiento.

Poco a poco fui haciendo una biblioteca personal. Se pobló de varios libros cuando una compañera en mis años de trabajador bancario iba a tirar libros de editorial Losada que no quería más y me lo comentó. Fuimos con mi esposa y mi hermano y en diversas bolsas cargamos los libros desde Almagro hasta Villa Devoto. Todavía los tengo. Eran libros de filosofía, religión, economía y de varios otros temas.

Con el advenimiento de la democracia fuimos a la Feria Internacional del Libro (debo confesar que solamente fui dos veces a esta feria, me molesta en sobremanera que la gente me empuje, aunque en sí valoro que dicha feria también ha abierto la posibilidad de que mucha gente se inicie  en la lectura). Ahí vendían El Evangelio de Solentiname de Ernesto Cardenal. Con mi esposa juntamos las monedas, hicimos cuentas si llegábamos a fin de mes y compramos los cuatro tomos de dicho libro.

Un clásico en las vacaciones de julio fue llevar a nuestros hijos a la Feria Infantil del Libro. Ellos se divertían y compraban sus libros. Los tres de diversas maneras leen y tienen sus lecturas. El querido Negro Fontanarrosa nos firmó un autógrafo y nos dedicó unos dibujos. Conocimos varios autores más en esas recorridas por los libros infanto-juveniles.


Cuando fui maestro de grado por unos años, tenía el área de Lengua, así que aproveché que los chicos se contactaran con el diario. Historia de poetas, tangueros, y de la vida cotidiana eran los materiales que nos introducían en el mundo a través de la literatura. En esa época Página 12, fundada por Jorge E. Lanata tenía muy buenas plumas, muy destacadas. Escritores como Osvaldo Soriano, Osvaldo Bayer, Miguel Briante entre otros. Llevaba libros y todo un material dedicado a los derechos humanos que se podía usar y estudiar con los alumnos.


Luego ya dedicado a la catequesis y comenzando a trabajar en el Instituto Santa Cruz conocí a quien sería mi brújula literaria, al Señor Pedro Luis Armano. Pedro era un gran y sabio lector. Un excelente y exquisito escritor, tanto en el periodismo como en la literatura. 

Poco a poco, Pedro observó mis deseos de progresar en la lectura, detectó mis falencias, carencias y lejos de señalarlas, tuvo esa impronta docente de llenarlas de lectura, de palabras, de textos, de respeto.
Fue guiándome sigilosamente por los diversos escritores. Sus artículos de La Nación, con el nombre escrito en el extremo derecho en lápiz, eran infaltables los lunes o miércoles de cada semana, junto a revistas de política y literatura. 

Con los libros comenzó con la autobiografía de Mario Vargas Llosa –que me regaló y luego comentamos–, siguió con Carlos Fuentes, Antonio Tabucchi, Tomas Eloy Martínez, “La insoportable levedad del ser”  y “La Broma” de Milan Kundera, Gunter Grass, Umberto Ecco –un libro que ninguno de los dos pudimos avanzar más allá del segundo capítulo fue Baudolino-, Manuel Vicent, Arturo Pérez Reverte, Jorge Fernández Díaz, Martin Caparros y tantos otros que se fueron sumando con los años.
Después de un tiempo donde fuimos creciendo en la amistad pasé a tener esa contraseña que supe usaba con sus amigos más dilectos –no muchos– de regalar un libro para el cumpleaños. Tanteaba que libros me gustaban o bien que le parecía a él que podía leer y me lo regalaba, lo mismo hacia yo. Siempre hago memoria celebrativa del libro “Adán en Edén” de Carlos Fuentes que me regaló para mi cumpleaños. Fue la única vez que estuve y almorcé en su casa, y le lleve de regalo el libro “El paisaje de la nubes” de Roberto Arlt.

Esa vez fue la última postal en que vi al maestro que me ha guiado con paciencia por el vasto territorio de la literatura. Me enseñó como un gran rabdomante a darme cuenta que los libros si muerden. Me fui haciendo un exquisito de las palabras. Pedro era un sommelier de los libros, los sabía elegir y degustar con un paladar exigente. Nos ha quedado en el tintero de la literatura tantos comentarios de diversas lecturas y en especial proyectos no concretados de escritura. Pudimos escribir un libro de Educación, desde diversas concepciones pudimos demostrar que se puede elaborar algo juntos; él nos dejó ese libro fruto de sus artículos, premios y experiencia que se llama Miss Elánea.


En el último tiempo un cierto cansancio físico, del que me estoy recobrando, me fue alejando de la lectura sistemática. Ahora vamos recomenzando nuevamente. El e-book ya forma parte de mí de vida, aunque sigo con los libros llenos de hojas y tinta.
La biblioteca personal no tiene una sola ideología, postura o forma de ver la vida. Es eclética, va de derecha a izquierda, de lo alto a lo bajo. No concibo una sola mirada sobre la vida. No creo solo en blancos y  negros. Hay muchas miradas, una paleta de colores y los grises son tonos muy lindos a la vista.

Pedro me dejó parte de sus libros, que hoy honran mi biblioteca, mi suegro también me fue dejando libros, algunos de un valor histórico, que también se atesoran y son parte importante de la vida. Los libros dialogan entre sí. Intercambian ideas. Debaten. Los libros son vida.

Los libros si muerden, porque cambian nuestra forma de pensar, de mirar al mundo, de hacer introspección en la sociedad. Los libros muerden nuestras conciencia y nuestro corazón. Una vez que leemos un libro ya no somos los mismos que lo iniciamos.
Los libros nos muerden para que seamos mejores personas, que tengamos misericordia y compasión, que abramos la inteligencia a nuevos mundos. Los libros nos comunican vida y misterio. Nadie que lea puede decir “soy el mismo, no cambié”. 

Por eso creo y siento que los libros sí muerden, pero son para que abramos nuestro interior a otras posibilidades de tener esperanza, mejorar nuestra humanidad y vivir el amor intensamente. Por eso creo que muchos queman bibliotecas, porque saben que los libros son peligrosos y otros tantos seguimos multiplicando los libros y las lecturas, para que el corazón de la humanidad no se reseque, sino que se recree constantemente. Mientras haya libros –en el formato que sea– tendremos asegurada la vida sobre la tierra.

Sergio Dalbessio

1.   Artículo sobre el radioteatro. http://www.cadena3.com/contenido/2009/09/13/37994.asp



lunes, 7 de marzo de 2016

LOS VIENTOS SOPLAN SALITROSOS

Hace unos días me conmovía la foto de un hombre, que resultó ser un alemán que
estaba momificado y apegado a su radio en el velero que iba hacia la deriva al
compás de las olas y vientos en la zona de Filipinas.



La noticia decía: “El hallazgo de un marinero alemán momificado dentro de su
velero ha causado estupor y ya ha empezado a generar elucubraciones sobre la
causa de su muerte y el cómo ha podido encontrarse el cuerpo totalmente
momificado dentro del barco. Este marinero alemán momificado se llamaba
Manfred Fritz Bajorat y tendría en estos momentos 59 años. Fue encontrado hace
unos días por unos pescadores filipinos frente a las costas de Barobo, una ciudad
en la zona sur de Filipinas. La autopsia concluyó que el alemán Manfred Fritz
Bajorat, que fue encontrado en un barco que navegaba a la deriva en el
Pacífico, sufrió una crisis cardíaca, según anunció la policía el miércoles.”

Ligado por la literatura a las historias de barcos y sus tripulantes traté de
profundizar en algunos hechos de este hombre cuya vida quedó sesgada allí en
medio de las grandes aguas que surcan nuestro planeta.

Pensé en Mar Muerto de Jorge Amado, El viejo y el mar de Ernest Hemingway, El
Navegante de Morris West y tantas otras historias de navegantes que lanzados a
surcar las aguas muchos de ellos no volvieron nunca más a su destino. La canción
inmortalizada por Maná, El muelle de San Blas, justamente nos habla de una
mujer que espera día a día a su amor que zarpó de ese muelle y que todavía no
ha regresado.

La foto en primera instancia me hizo pensar: ¿cuál habrá sido su último
pensamiento? ¿Qué habrá sentido en esos momentos finales de su vida? ¿Qué
historias habrán pasado en esos instantes que aferrado a la radio deseaba
comunicarse con alguien que lo reconociera y lo viniera a salvar?
Luego profundizando la historia de Manfred uno puede ver que hacía años que
navegaba. Cuentan –las narraciones periodísticas- que no le gustaba el frío del
invierno en Alemania y salía a navegar buscando climas cálidos. Durante años su
esposa Claudia fue quién lo acompañó en sus travesías por los diversos mares.
Hace unos años, nos dicen las crónicas, que estaban separados y que ella, había
fallecido en el año 2010.

En el momento de la muerte de su esposa, él escribió esto: "Treinta años que
hemos estado juntos por el mismo camino. Entonces, el poder de los demonios
era más fuerte que la voluntad de vivir. Te has ido. Que tu alma encuentre la paz.
Tu Manfred".

·  Quizás Manfred –sin saberlo o sí- cumplió con aquella frase que Morris West
escribió “El Navegante no tiene más alternativa que seguir navegando hasta
encontrar el lugar donde poder recalar o hasta que el mar se lo devore, porque así
fue dispuesto desde el comienzo de todas las cosas...”
                                                                                                                      S.D.

jueves, 7 de enero de 2016

LA PIEZA NECESARIA PARA LA SOCIEDAD



Educación: la clave para armar el ser humano y la pieza necesaria para reconstruir la sociedad
Hace ya unos meses –al finalizar el año 2007- escribía en este mismo medio
un artículo titulado “Mayor educación=menor inseguridad: una ecuación
exacta” lo siguiente: “Los pueblos, sociedades y gobiernos que han apostado e
invertido en educación no perdieron, por el contrario, desarrollaron más su
crecimiento. (Hace un tiempo una noticia daba cuenta de aquellos presos que
en la cárcel de Villa Devoto estudiaron, inclusive hasta el nivel universitario.
Luego, reinsertados en la vida común, solamente reincidieron en del delito el
1%. Por lo menos, es para pensar). 

Más aulas, más maestros, más alumnos,  serán  menos cárceles, menos
guardiacárceles y menos delincuentes. La ecuación es simple”.
El Centro de Derechos Humanos “Emilio F. Mignone” dependiente de la
Universidad Nacional de Quilmes ha cumplido diez años de intensa y meritoria
labor. Para conmemorarlo se han llevado a cabo diversos actos: mesas
redondas, disertaciones, paneles y un momento dedicado al canto coral (el
coro estaba integrado por internos e internas del Servicio Penitenciario
Provincial).

Mi paso por la Universidad y en afinidad a las propuestas allí desarrolladas tuve
la oportunidad de participar de una de ellas. El Licenciado Rodolfo Brardinelli,
Profesor, investigador, y responsable del Grupo de Estudios Sociales de la Vida
Penitenciaria (GESVIP) modero el panel sobre “los derechos humanos en la
visión de los internos penitenciarios”.

Más allá de apreciar las historias personales de cada uno, ricas en
experiencias, cargadas de sentimientos, de mucho dolor y también con un gran
deseo de querer luchar por vivir, me detengo a resaltar un punto que es
esencial y da razón a ese artículo escrito hace un tiempo.
Lo común a todos ellos es (o fue) que la lectura y el estudio los ayudó a abrir
sus mentes, sus perspectivas, sus horizontes y no buscar nuevamente en el
delito una forma de vida.


El más joven, acababa de recibirse de abogado, otras cursaban el secundario o
bien ya también tenían terminado carreras universitarias. Uno de ellos leyó un
cuento escrito en la soledad de una cárcel del sur de nuestro país, maravilloso
relato de fina escritura.

Por eso la insistencia que como país debemos apostar a los espacios de
estudio, con especial hincapié en la educación –tan de moda a debatir durante
años, sin embargo seguimos cayendo en las evaluaciones que a nivel mundial
se realizando y años tras años nos ven bajando un escalón –ampliando el
retroceso en este sector. Todos dicen, pocos hacen y muchos sufren (o
sufrimos) esas falta de políticas públicas educativas inclusivas.

Los medios de comunicación social –en especial la TV- muchas veces generan
una gran sensación de miedo e inseguridad. Por eso la responsabilidad social
de los comunicadores –tan lejos de códigos de ética en muchos de ellos y
ellas- deberían preguntarse por el valor de una imagen, ya que con la misma se
puede construir o buscar justicia o bien generar exactamente lo contrario.

Hoy, antes de dar la puntada final a este escrito, leía en una entrevista al
Ministro de Seguridad Bonaerense, Carlos Stornelli, donde expresaba lo
siguiente: “Indudablemente , la exclusión es uno de los factores que lleva los
 menores a participar en delitos. Sin ninguna duda, la exclusión, el hacinamiento
y la pobreza son causales científicamente probadas como para que, desde una
corta edad, los jóvenes ingresen al delito. Es alarmante ver por otra parte, que
en nuestra provincia aumenta la cantidad de menores, y aun chiquitos, que
intervienen en hecho muy graves. Es tremendo pero constituye una constante
diaria” (Diario Perfil, Suplemento Domingo, 28/09/08).

Vuelvo a insistir en esta idea: sin educación no se ve crecimiento, tampoco
superación personal ni comunitaria.
Sin enseñanza sea cae en la ignorancia, en la frustración y se obstruyen las perspectivas de soñar un futuro, donde  fomentar los talentos personales sería de un gran beneficio social.
Terminaba el escrito citado al principio diciendo “El mensaje de Cambalache,
que parece actualizado en forma permanente, “…el mundo fue y será una
porquería”, se puede trastocar y convertirlo en esperanza de otro mundo
posible y otra sociedad. 

El deber es intentarlo con firmeza”. Pero ya no es deber intentarlo, sino HACERLO con FIRMEZA.
Por el bien de nuestros niños, de nuestros jóvenes y de cada uno de nosotros
ciudadanos y ciudadanos que nos merecemos vivir en un país, en una tierra,
en una nación con grandeza y en paz.


Terminando con una frase de Terencio “Soy hombre y nada de lo humano me es ajeno”.
Lic. Sergio L. R. Dalbessio
 -Texto escrito y publicado en Pasos Magazine en diciembre del 2008-