Parafraseando a Publio Terencio Africano diré que: Soy hombre y por lo tanto nada de lo humano y de todo ser viviente que viva en la tierra y en el universo me es indiferente y ajeno a mi vida.
Como dijo Anaxágoras: Todo tiene que ver con todo.








domingo, 18 de agosto de 2013

ROGER DE TAIZÉ, una vida ecuménica en pos del diálogo, el encuentro y la reconciliación.





  En Memoria de Roger, uno de los inspiradores en mi vida de seguimiento de Jesús, en un nuevo aniversario de su asesinato.

Hace unos años era asesinado en Taizé el Hermano Roger (1915-2005). La Comunidad de Taizé es una comunidad monástica cristiana ecuménica fundada por el teólogo suizo Roger Schutz (conocido como Hermano Roger) en 1940 en la localidad de Taizé, Francia, que continúa siendo su sede.
En los años 80 me obsequiaron un pequeño libro que hablaba de dicha comunidad. En la tapa se encontraba una foto del Hno. Roger con el Papa Juan Pablo II. Me impactó su figura diminuta y su rostro que trasuntaba paz, alegría y amor.
Escribía el Hno Roger: “Pienso que desde mi juventud nunca me ha abandonado la intuición que una vida de comunidad pudiese ser el signo que Dios es amor y solamente amor. Poco a poco surgió en mí la convicción que era esencial crear una comunidad con hombres decididos a dar toda su vida y que buscasen comprenderse y reconciliarse siempre: una comunidad donde la bondad del corazón y la simplicidad estuviesen al centro de todo”.

Su vida estuvo impregnada por Jesús. Ese Jesús que llama a todos a reunirse en una mesa común para compartir el pan de la justicia, de la equidad, de la fraternidad, de la unidad, del perdón y la reconciliación.
Al repasar su vida, sus escritos, se puede decir que se está frente a uno de esos seres humanos que nos llamar a contemplar el misterio de la vida y de Dios.

¿Cuántos adjetivos le hemos puesto a Dios para describirlo, personalizarlo, darle una forma y definirlo? ¿Por qué tantos dogmas para explicarlo y tan poca experiencia de su presencia?

La creación es un misterio que nos sorprende cada día. Dios es un misterio. El misterio no necesita explicación. Solamente está ahí para ser contemplado.
Taizé es un centro de encuentro. Allí convergen años tras años miles de personas, especialmente jóvenes, que arriban de diversos puntos del mundo en búsqueda de Dios. En el silencio, en las miradas, en la naturaleza, en la liturgia se produce ese encuentro de Vida.

Lo que rodea a quién se encuentra en Taizé es pura invitación a encontrarse con Dios. También ese contacto con diversas lenguas y culturas diferentes, para unirse en el mismo ruego de alabanza y agradecimiento, generan la búsqueda de fraternidad y unidad en la diversidad.
Los momentos más importantes en Taizé están marcados por la oración común, que tiene lugar en la Iglesia de la Reconciliación tres veces al día. Al son de las campanas se detienen los trabajos, los encuentros grupales, y todos, jóvenes, mayores y niños, se reúnen con los hermanos para la oración.

La pequeña comunidad monástica se centra en la oración, la meditación cristiana y la reconciliación.
La Comunidad es un signo visible y palpable de la reconciliación y unidad de los cristianos. La Comunidad no acepta ningún donativo y los hermanos se ganan la vida con su trabajo, y sus herencias personales las dan a los más pobres. Hay pequeñas fraternidades de hermanos en los barrios pobres de Asia, América del Sur y del Norte y África.

Hno Roger de Taizé

Por eso afirmamos que la antorcha del ecumenismo prendida por el Hermano Roger hace muchos años, no se apaga, sigue pasando de mano en mano, de corazón a corazón entre aquellos que caminamos con la esperanza de la unidad en el respeto por las creencias de otros seres humanos.
El Concilio Vaticano II  trajo un gran aire de frescura para la comunidad Iglesia. Misión, liturgia, ministerios, diálogo, oración, lectura de la Palabra de Dios, compromiso social, medios de comunicación fueron algunos los tantos temas tratados en esas reuniones. El soplo del Espíritu Santo fue generando cambios dentro de la Iglesia.

El Hno Roger lo sabía, por eso expresó: “Si desapareciera la fiesta entre los hombres… Si llegáramos a despertarnos un día en una sociedad saciada, pero vacía de espontaneidad… Si la oración se volviera un discurso secularizado hasta el punto de evacuar el sentido del misterio, sin dejar lugar a la oración del cuerpo, a la poesía, a la afectividad, a la intuición… Si llegáramos a perder una confianza de niños en la eucaristía y en la palabra de Dios… Si, en los días en que todo se vuelve gris, destruyéramos lo que hemos captado en los días luminosos… Si fuéramos a rechazar una felicidad ofrecida por Aquél que declara ocho veces «Dichosos…» (Mateo 5). Si del cuerpo de Cristo desaparece la fiesta, si la Iglesia es lugar de estrechamiento y no de comprensión universal ¿dónde encontrar sobre la tierra un lugar de amistad para toda la humanidad?” (Vivir lo inesperado, palabras en la apertura del Concilio de los Jóvenes en Taizé, en 1974).

El mundo, América Latina y Argentina necesitan renovar sus aires de esperanza, encontrarse, ser más fraternos, vivir intensamente el profetismo como anuncio de la vida y su dignidad. La Palabra de Dios recuperada por el pueblo desde hace ya muchos años es un manantial que genera vida, es agua fresca donde podemos abrevar y refrescar nuestro corazón, nuestro espíritu, sanar nuestras heridas.
Deberíamos preguntarnos: ¿cuánta responsabilidad tenemos los cristianos en el vaciamiento de contenido la Palabra de Dios?

“Los que crean un lugar de compartir son ciertamente signos de contradicción, en un tiempo en que las desconfianzas se acrecientan entre los hombres. Nuestra época conoce una crisis de confianza en el hombre sin precedentes. Hay entre las personas una necesidad de sospecha que llega desfigurar las intenciones. Por parte de muchos gobiernos es la violencia de Estado, visible o camuflada, la persecución, la prisión política, el exilio. Y por tanto, desde la noche de los tiempos, son muchos los que han oído, incluso confusamente, una voz que, les decía: “En ti, hombre, yo tengo confianza”. Estos saben buscar.” Expresaba esto el Hno Roger en Calcuta-Chittagong el 1 de diciembre de 1976.

La Eucaristía para el Hno Roger es un signo de fraternidad, de diálogo, de poder salir al encuentro del que necesita – además del afecto, del cariño – de aquellos elementos materiales que lo hagan vivir una vida digna. “Ya en el siglo IV, un obispo de Milán, San Ambrosio, estaba muy preocupado viendo como algunos cristianos acumulaban bienes. Él les escribía: “En común ha sido creada la tierra para todos. Nadie es rico por naturaleza, pues, ésta nos engendra igualmente a todos. No le das al pobre de lo tuyo, sino que le devuelves lo suyo. Pues lo que es común y que ha sido dado para el uso de todos lo usurpas tú solo”. Para transformar tu vida, nadie te pide caer en una austeridad puritana, sin belleza ni alegría. Comparte todo lo que tienes, encontrarás una libertad.
Resiste al consumo; multiplicar las compras es un engranaje sin salida. La acumulación de bienes (reservas), para ti mismo o para tus hijos es el comienzo de la injusticia. El compartir supone una relación de igual a igual que nunca crea dependencia. Esto es verdad tanto entre los individuos como entre los Estados.
No es posible cambiar el nivel de vida en un día. Es por eso que pedimos insistentemente, a las familias, a las comunidades cristianas, a los responsables de las Iglesias, establecer un plan de siete años que les permita abandonar, por etapas sucesivas, todo lo que no es absolutamente indispensable, empezando por los gastos que nos dan prestigio. Y sobre ello, ¡cómo quedarnos en silencio ante el escándalo de los gastos que para tener prestigio hacen los Estados” (Carta a todas las generaciones, 7 de diciembre de 1977).

Expresaba el Hno  Alois: “Para el hermano Roger, la búsqueda de una reconciliación entre los cristianos no era un tema de reflexión, era una evidencia. Para él, lo principal era vivir el Evangelio y transmitírselo a los demás. Y el Evangelio sólo puede vivirse en comunidad, estar separados no tiene sentido.
Desde su juventud, intuyó que una vida de comunidad podía ser un signo de reconciliación, una vida que se convierte en signo. Por ello, pensó en reunir a un grupo de hombres que desearan reconciliarse, algo que ha llegado a ser la primera vocación de Taizé, es decir, constituir lo que llamó «una parábola de comunión», un pequeño signo visible de reconciliación.”

Aquí descansa el cuerpo del Hno Roger
En estas palabras escritas en 1980 y dirigidas a toda la Comunidad  nos invita Roger a luchar por un corazón reconciliado:
“Tú que, sin mirar hacia atrás, quieres seguir a Cristo, prepárate, mediante una vida bien simple, a luchar con un corazón reconciliado.
Allí donde estés, no temas la lucha en favor de los oprimidos, creyentes o no. La búsqueda de justicia urge a una vida de solidaridad concreta con los más pobres… La palabra, sola, puede convertirse en una droga.
Cueste lo que cueste, prepárate también a la lucha dentro de ti mismo, para ser hallado fiel a Cristo hasta la muerte. A través de esta continuidad de toda una existencia se construye en ti una unidad interior que permite franquearlo todo.
Luchar con un corazón reconciliado supone mantenerse firme en medio de las tensiones más fuertes. Lejos de ahogar tus energías, semejante lucha te invita a concentrar todas tus fuerzas vivas.Tus intenciones serán tal vez desfiguradas. Si rehúsas perdonar, si rehúsas la
reconciliación, ¿qué reflejas de Cristo? Qué tiniebla en tu interior, si no hay una oración por tu adversario. Si pierdes la misericordia, lo has perdido todo.
Solo, no puedes gran cosa por el otro. Pero juntos, en comunidad, penetrados del soplo del amor de Cristo, se efectúa ese pasar de la aridez a la” creación común. Y cuando una comunidad es fermento de reconciliación en esa comunión que es la Iglesia, lo imposible se torna posible.”

Sergio Dalbessio

domingo, 4 de agosto de 2013

ENRIQUE ANGELELLI, MÁRTIR, PASTOR Y PROFETA



 

El Obispo Angelelli y la gente de La Rioja

                                                                                                             …Mi vida fue como el arroyo…

Anunciar el aleluia a los pobres

y pulirse en el interior:

canto rodado con el pueblo

y silencios de encuentros

contigo… solo… Señor

Mi vida fue como el sauzal, pegadita junto al río para dar sombra nomás.

Mi vida fue como el camino… pegadita al arenal para que la transite la gente

pensando Hay que seguir andando nomás.

Mi vida fue como el cardón… sacudida por los vientos y agarrada a Ti,

Señor: vigía en noche de estrellas para susurrarle a cada hombre:

Cuando la vida se esconde entre espinas, siempre florece una flor.

Todo esto soy yo, Señor… un poco de tierra y un Tabor, veinticinco años de

carne ungida, con un cayado, un pueblo y una Misión

(Oración de mi sacerdocio, compuesta por Monseñor Angelelli en 1974

en ocasión de su visita al Papa Pablo VI)

 

Con un OÍDO en el PUEBLO y otro en el EVANGELIO

Hoy, 4 de agosto,  se cumple un nuevo aniversario del asesinato del Obispo Enrique Angelelli, Padre y Pastor de la diócesis de La Rioja, situada en la República Argentina.

En el mes de mayo, estando justamente en Argentina, tuve la oportunidad de dialogar con el Padre Obispo Carmelo J. Quiaquinta[1] sobre la figura de Monseñor Angelelli (1923-1976)[2].

El obispo Quiaquinta fue encomendado hace unos años por el Episcopado para hacerse cargo de la causa judicial, con el fin de averiguar y recoger todos aquellos elementos probatorios que condujeran a conocer la verdad de quiénes ordenaron y ejecutaron dicho asesinato.

Muy humildemente me dijo que tuvo que realizar un trabajo de investigador, muy minucioso, con gran paciencia; al principio tenía pocas pruebas, solamente contaba con unos papeles sueltos. Después llegaron entrevistas, viajes, algunas pistas verdaderas en medio de otras falsas. También se fue interiorizando sobre el asesinato de los sacerdotes Gabriel Longueville –francés, sacerdote diocesano- y Carlos de Dios Murías –cordobés, franciscano conventual-  (ambos asesinados el 18 de julio de 1976) y del laico campesino Wenceslao Pedernera (asesinado el 25 de julio de 1976).

Estaba preparando un seminario para la facultad de Teología sobre la vida y obra de Monseñor Angelelli, obispo y mártir; animado por otras personas para que incluyera también a las figuras de Gabriel, Carlos y Wenceslao. Recordábamos palabras de  Monseñor Novak sobre  Angelelli: “Las nuevas generaciones sacerdotales de la patria irán mirando su trayectoria con emoción, con respeto y con emulación. Rescatarán del olvido su memoria y releerán edificados sus Cartas Pastorales, sus homilías y sus poesías”.

La Pascua de Don Carmelo dejó trunco ese proyecto que habría seguramente enriquecido a muchos por la honestidad de la investigación, la rigurosidad intelectual y el amor evangélico que le ponía a todos sus emprendimientos.

De regreso, estuve leyendo homilías pronunciados por Monseñor Angelelli, poesías escritas por él, las palabras de Monseñor Zazpe que fue delegado por el Vaticano para visitar la diócesis riojana –esto a raíz denuncias y calumnias que pesaban sobre el obispo y el presbiterio de los llanos riojanos.

En la homilía de la Misa de despedida de Gabriel y Carlos expresaba:

“¡Qué difícil es ser cristiano! Porque al cristiano se le exige perdonar. Si se nos dijera: “No tenemos que perdonar, esto no es cristiano, no es siquiera humano matar sacerdotes” responderíamos sin vacilar: el cristiano tiene que perdonar a todos. Pero otra cosa es aprobar los errores y otra aún no trabajar para evitar que estas cosas sucedan. …No se acuerdan que Tertuliano dice que la sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos? Así, los mismos verdugos son instrumentos, en cierta manera, para el bien, para que surja una comunidad fuerte en la fe, en la esperanza y en el amor.  Seremos felices si Dios los perdona y queremos que se hayan dado cuenta de lo que han hecho. Esperamos también que aquellos que han usado su inteligencia en este crimen la vean iluminada con la verdad. Y rogamos que lo que han maquinado Dios no permita que crean que lo han hecho en al hombre de la fe; ello sería una aberración. Nosotros, perdonemos y pidamos al Señor que los perdone.” (Monseñor Angelelli[3]).

La firmeza y el testimonio de Angelelli lo llevaron a decir con firmeza:

“No queremos la violencia en ninguna de sus manifestaciones; no queremos cambiar la escala de valores que nos rige, pues son valores evangélicos que no pueden ser trocados por antivalores que atentan contra la identidad de nuestro pueblo. No compartimos ni aprobamos los errores, pero sí procuramos ejercer misericordia y acogida fraternal para quienes pudiesen estar errados.    Ciertamente debemos respetar a todo hombre en su dignidad de tal: esto es lo evangélico, pues no podemos permitir que se los manosee con apremios ilegales. No podemos admitir que nuestras mujeres sean tratadas menos dignamente; ello nos repugna como hombre, como cristianos y como pueblo. …Por ello lamentamos que algunos hermanos nuestros riojanos se presten para procedimientos y acciones poco nobles, quizás a cambio de alguna dádiva que no puede dejar en paz el alma del que la recibe; también ellos necesitan ver la luz y ordenar sus pasiones descontroladas”.[4]

Culminando la visita a la diócesis en nombre del Papa Pablo VI, Monseñor Zazpe pronunciaba estas palabras el 23 de noviembre de 1973:

“He recorrido una parte de esta querida diócesis de La Rioja. He visto su fe católica, su amor a la Iglesia de sus antepasados, sus héroes, de sus caudillos, de sus indígenas…Y he visto con emoción profunda su deseo de pacificación y unidad. He constatado su fidelidad a la Iglesia de ayer y a la Iglesia de hoy…La iglesia que quiere servir de modo preferencial a los que carecen, pero sin odiar a los que tienen; de acentuar su presencia entre los pobres, pero sin excluir a los que no tiene la dicha de serlo, de buscar su inspiración en el evangelio y no en las ideologías que lo contradigan. Así es la Iglesia que encontré aquí en La Rioja, por eso puedo afirmar que la pastoral de la Iglesia riojana es la pastoral de la Iglesia universal”.[5]

Angelelli yace en el suelo después de ser asesinado
 
Que la sangre derramada por nuestros mártires pueda ser alimento de nueva vida para nuestros pueblos, dejando de lado rencores, odios, venganzas y caminando en la justicia hacia el perdón y la reconciliación. Que vivamos la fraternidad, la fe, la esperanza y por sobre todo el amor entre hermanos y hermanas. Amén.

Sergio Dalbessio.

 




[1] Comenta Monseñor Quiaquinta que el día 5 de agosto de 1976,  llegó en tren a Posadas (Misiones) para dar un curso de catequesis. Monseñor Kemerer –obispo de la diócesis- le informó de la misteriosa muerte de Monseñor Angelelli. Habían sido compañeros en Roma. “Me quedé mudo. Podría ser la tesis del accidente. Pero el hecho cierto –agrega-  es que Angelelli antes del accidente ya estaba socialmente asesinado. Y en ello mucho tuvieron que ver las Fuerzas de Seguridad y no poca gente de la sociedad riojana. (Revista Didascalia, 50 aniversario, sección testimonio, Mi testimonio a veinte años del Proceso, páginas 24 a 38).

[2] Pastor y Profeta. Mensajes de Monseñor Angelelli, Editorial Claretiana, Bs As, 1986.

[3] Homilía de Monseñor Angelelli del día 22 de julio de 1976, con motivo del entierro de los sacerdotes Gabriel y Carlos.

[4] Homilía en la misa radial del día 27 de abril de 1975 con motivo de una jornada de oración por la Pacificación Nacional.

[5] Homilía pronunciada el 23 de noviembre de 1973, por Monseñor Vicente F. Zazpe, representando a Pablo VI y titulada: “La pastoral de la Iglesia riojana es la pastoral de la Iglesia universal”.

martes, 16 de julio de 2013

HISTORIA DE UNA FOTO...



     La foto que ilustra este texto fue tomada el día 16 de julio del año 1977 en la Escuela de Artes y Oficios (Bv. Sáenz Peña y Rivadavia) de la localidad de San Francisco, en la provincia de Córdoba.

     Este grupo participaba de un retiro espiritual predicado por el P. Hernán Pereda, sacerdote de la Congregación de Cristo Rey, que vivía en Rosario. Más de 50 jóvenes provenientes de diferentes parroquias de la ciudad, a saber: Nuestra Señora de la Consolata, del Perpetuo Socorro, Cristo Rey, de la Catedral, del Cotolengo, San José Obrero y otros varios provenientes de la ciudad de Morteros.

     No recuerdo quién me habrá invitado a realizar ese retiro, seguramente en el colegio algún hermano marista o algunos de los jóvenes que compartíamos inquietudes religiosas o pastorales me hablo del mismo. Pero si sé a ciencia cierta de donde salió el dinero para pagarlo. Unos días antes había viajado a Alicia (Córdoba) dónde vivía mi abuela Dominga –o Doña Dominga como la conocían todos en el pueblo, que después de enviudar fue a la escuela a aprender a leer y escribir y se dedicaba a trabajar en la Parroquia hasta que su mente comenzó a volar por el mundo de los sueños y los recuerdos. Le comento las ganas de hacer ese retiro, fue a la pieza y me trajo dos billetes para que pagara el mismo. No puedo traducir el importe de ese momento al hoy (tantos gobiernos, tantas inflaciones, tantas décadas perdidas) pero era una suma importante para una persona que vivía de su jubilación y de la pensión de mi abuelo Ángel, ya fallecido.

     Me anote en ese retiro. No recuerdo los temas, si recuerdo alguna charla con el P. Hernán paseando por los pasillos de ese colegio al cual entraba por primera vez y que había sido durante años todo un misterio. Seguramente  la hermandad, la camaradería, el buen humor, el compartir las experiencias de la vida, el preguntarse sobre la historia personal de cada uno, lo que habitualmente se realiza –con más o menos margen- en estas actividades fue lo vivido durante esos tres días..

Para mí fue un inicio a seguir con actividades pastorales, insertarme en la pastoral juvenil de la diócesis, comenzar a viajar, a misionar, a participar de encuentros, celebraciones. El puntapié inicial surgió en esos días y en ese lugar.

     Han pasado ya 36 años… mirar atrás es correr el riesgo de volverse una estatua de sal….hacer memoria es aventurarse a hurgar en lo profundo de uno, en el manantial interior y sacar el agua que alimenta nuestro espíritu para seguir aleteando en la vida, en la historia.

     Miro cada uno de los rostros, algunos los recuerdo muy bien, otros son más difusos y algunos nunca supe quienes eran. Algunos están entres nosotros cumpliendo distintos roles en la vida, diferentes consagraciones, diversos caminos que nos han unido o definitivamente nos han separado por cuestiones de tiempos, de ideas o de espacios a vivir.

     Otros ya no están con nosotros, vivieron sus pascuas anticipadas por diversos motivos. La vida no es lineal, es un circulo que va y viene, por esos tenemos la posibilidad de pensar, de cambiar, de continuar, de volver sobre nuestros pasos, volver a caminarlos y cambiarlos si vemos que no es lo deseable o lo correcto lo que estamos peregrinando.

     Algunos se hicieron más amigos, con otros continua alguna correspondencia que el tiempo fue espaciando hasta ponerle un punto final. Mudanzas, crecimiento, estilos de vida van haciendo que uno vaya cambiando y conociendo otras realidades y generando otras amistades.

     Son simplemente algunas palabras, lanzadas al voleo, después de encontrar y ver una foto que tiene su tiempo y su historia…..los que han tenido su Pascua que nos acompañen desde la presencia de Dios y Jesús les dé un brazo de nuestra parte. A los que continuaron sus caminos que tengan la certeza y la alegría de ser fieles a la vida y las misiones encomendadas.

                         En una simple foto hay más de 60 historias distintas, esta es una de ellas.

Sergio

viernes, 5 de julio de 2013

ABISMOS DEL HOMBRE


“La vida en un campo de concentración desgarraba el alma humana y exponía a la luz sus abismos más escondidos. ¿Puede sorprender que a ese nivel de profundidad encontremos cualidades humanas que, en su íntima naturaleza, estén compuestas de bien y de mal? La frontera que separa el bien del mal, y que imaginariamente atraviesa a todo ser humana, fondea en las honduras del alma y hasta allí penetró el bisel de los sufrimientos soportados en un campo de concentración” (Viktor Frankl)[1].

En uno de mis viajes a la Argentina fui invitado a participar en un encuentro ecuménico en la Parroquia San Patricio[2], en el barrio de Belgrano de la ciudad de Buenos Aires. En dicha parroquia el día 5 de julio de 1976 fueron asesinados –por fuerzas de seguridad- cinco religiosos pertenecientes a la congregación de los Palotinos.
Tuvimos un momento de oración en la capilla en donde se encuentra un trozo de alfombra –donde cayeron los cuerpos- en la cual se pueden observar los orificios de las balas usadas para asesinarlos y la sangre reseca que dan testimonio del martirio de estos hermanos.

En uno de los momentos del encuentro se acerca una persona, se presenta y entablamos un diálogo sobre nuestras labores personales y eclesiales.
Después comienza a narrarme algunos hechos de su vida. Había sido secuestrado y torturado junto a otras personas en los comienzos del gobierno militar, en el año 1976. La tortura era ejercida con el fin de que hablara sobre sus actividades y también aportara nombres de otras personas relacionadas con una supuesta organización que él integraba.

Su trabajo y el de las otras personas se limitaba a asistir pastoralmente a un barrio carenciado del conurbano bonaerense.
Mi corazón se sentía estremecido al escuchar tanto dolor sufrido por este hermano. No podía admitir tanta saña infligida por un ser humano hacia otro.

Después de escucharlo con mi mente y mi corazón atiné a esbozar casi instintivamente una pregunta: ¿qué sentía hacia las personas que le habían infligido tamaño castigo al  torturar su cuerpo?.
Pero su respuesta me sorprendió, hasta diría que me evangelizó, “No les guardo rencor ni los odio. Mi fe, mi adhesión a Jesús me llama a perdonarlos, en el sufrimiento de Jesús en la cruz dice esa frase, Padre Perdónalos porque no saben lo que hacen”, me dijo.

En el prólogo de libro que narra la masacre de los palotinos escrito por el periodista Eduardo Kimmel (1952-2010), el premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel[3] expresa: “Como cristianos debemos perdonar a quines nos han dañado. Su Santidad Juan Pablo II visitó y perdonó a su agresor, nos dio un ejemplo de amor y humildad. La Justicia italiana sancionó al agresor y hoy cumple su condena en prisión. Debemos encontrar caminos que lleven a la reconciliación y para ello se requiere establecer los pasos necesarios. Reconocimiento del daño realizado, el arrepentimiento y el compromiso de no reincidir, el derecho a la verdad y la justicia como reparación del año causado. El perdón que lleve a una verdadera reconciliación si queremos hacer la ofrenda en el altar. Estos pasos en nuestro país no se han dado”.
Después de años, volviendo en estos días a mi país, encontré en mis cuadernos de notas este episodio que he acabado de narrarles.

He buscado en mi biblioteca el libro El hombre en busca de sentido de Viktor Frankl, quién sufrió persecución y estuvo en un campo de concentración en la época del nazismo.
Transcribiré algunos párrafos: “La historia nos brindó la oportunidad de conocer al hombre quizá mejor que ninguna otra generación. ¿Quién es, en realidad, el hombre? Es el ser que siempre decide lo que es. Es el ser que inventó las cámaras de gas pero también es el ser que entró en ellas con paso firme y musitando una oración.”

En la segunda fase que él llama la vida en el campo, hay una parte dedicada a la psicología de los guardias del campamento. Se pregunta; “¿cómo hombres de carne y hueso iguales a los demás, pudieran tratar a los prisioneros de una manera tan brutal, tan inhumana?”. Va detallando distintos tipos de guardias, y dice en un momento: “es preciso afirmar que algunos guardias sentían compasión por nosotros”. Por ejemplo –agrega- “el comandante del último campo donde fui liberado gastaba dinero de su bolsillo para comprar medicinas para los prisioneros. Jóvenes judíos lo escondieron en el bosque ante el avance norteamericano”. Lo sorprendente es cuando en un momento expresa: “En el polo opuesto se encontraba el prisionero más antiguo del campo, quien era, con mucho, peor que todos los guardias juntos. Golpeaba con saña a los demás prisioneros a la menor oportunidad…”
“Es evidente que el mero dato de saber si un hombre fue guardia del campo o prisionero nada nos revela de su intimidad. La bondad humana se encuentra en todos los grupos, incluso en aquellos que en términos generales, merecen ser condenados”, agrega Viktor Frankl.

En este último viaje por Argentina pregunté por este hermano que me había abierto su corazón contándome sus días de cautiverio, de tortura y de su apertura al perdón. Me dijeron que había fallecido y por eso en su memoria –y de tantas víctimas- he escrito este relato.
Sergio Dalbessio



[1] “El hombre en busca de sentido” de Viktor Frankl (1905-1997). Se recomiendan sus obras que están traducidas en varios idiomas, siendo este libro traducido en más de veinte idiomas.

[2] Se recomienda leer el libro “La masacre de San Patricio” de Eduardo Kimmel, editado por Lumen.

[3] Adolfo Pérez Esquivel, argentino, Premio Nobel de la Paz en el año 1980.

Imagen: Cerezo Barredo, sin copyright.