Parafraseando a Publio Terencio Africano diré que: Soy hombre y por lo tanto nada de lo humano y de todo ser viviente que viva en la tierra y en el universo me es indiferente y ajeno a mi vida.
Como dijo Anaxágoras: Todo tiene que ver con todo.








jueves, 11 de agosto de 2011

DE DIOSES Y DE HOMBRES: OTRAS MIRADAS

Algunas miradas entorno al film de Dios y de hombres[1].


He visto el film varias veces. Al terminar el mismo se escucha el silencio sagrado que del público asistente emerge como testigo de lo visto y oído.

Basada en una historia real, puedo decir que desde el punto de vista técnico es impecable. Buenas actuaciones, una excelente fotografía, una musicalización que enaltece el espíritu. Logrado guión que nos cuenta la historia de unos monjes cristianos que comparten la vida con el pueblo musulmán en Thiribine, Argelia, África.

Junto a estas palabras, que nos pueden ayudar a gestar en el corazón lo visto en (o lo que veamos) dicha película, quiero agregar dos poemas – canciones para que nos ayuden en la reflexión-. “Está la puerta abierta” de los argentinos Facundo Cabral y Alberto Cortez (los cuatro primeros versos) y del poeta uruguayo Humberto Pegoraro “La belleza de la trama”. También se insertan por párrafos, el testamento del mártir Christian de Chergé, prior del convento, escrito a fines de 1993 (el testamento no sigue el orden dado por su autor).

Está la puerta abierta

La vida está esperando

Con su eterno presente

Con lluvia o bajo el sol

Está la puerta abierta

Juntemos nuestros sueños

Para espantar al miedo

Que nos empobreció



Una mirada social nos pone ante un grupo de monjes que intercambia productos en la feria del pueblo con el resto de los vecinos. Un hermano médico presta un servicio a los aldeanos. Participan de algunas fiestas musulmanas. Estos monjes habían donado parte de sus tierras al pueblo para que fuesen aprovechadas y trabajadas.

Lo he proclamado bastante, creo,

conociendo bien todo lo que de ellos he recibido,

encontrando muy a menudo en ellos el hilo conductor del Evangelio

que aprendí sobre las rodillas de mi madre, mi primerísima Iglesia,

precisamente en Argelia y, ya desde entonces,

en el respeto de los creyentes musulmanes.

Mi muerte, evidentemente, parecerá dar la razón

a los que me han tratado, a la ligera, de ingenuo o de idealista:

“¡qué diga ahora lo que piensa de esto!”

Pero estos tienen que saber que por fin será liberada

mi más punzante curiosidad.

Entonces podré, si Dios así lo quiere,

hundir mi mirada en la del Padre

para contemplar con El a Sus hijos del Islam

tal como El los ve, enteramente iluminados por la gloria de Cristo,

frutos de Su Pasión, inundados por el Don del Espíritu,

cuyo gozo secreto será siempre, el de establecer la comunión

y restablecer la semejanza, jugando con las diferencias.



La vida es encontrarnos

Para eso nacemos

Porque el punto más alto

Es llegar al amor

Y no hay amor de uno

Sino hay amor de todos

Y por ese motivo

Estamos hoy aquí



Mirando desde lo político observamos que son monjes franceses. Argelia fue una colonia francesa. Los militares no los quieren por no condenar explícitamente a los rebeldes. Los políticos quieren que se vayan por el hecho que pertenecen a la nacionalidad de aquellos que los tuvieron colonizados durante años y además, ante las amenazas de los rebeldes, sacarse un problema de encima. Los rebeldes tampoco los quieren por su nacionalidad y por su religión. Ellos condenan la violencia ejercida desde un lado como también del otro.



Está la puerta abierta

La vida está esperando

Con su eterno presente

Con lluvia o bajo el sol

Está la puerta abierta

Juntemos nuestros sueños

Para espantar el miedo

Que nos empobreció



Poniendo la mirada en el espíritu religioso es una comunidad de monjes que seguía su rutina de oración, de estación en estación –verano, otoño, invierno y primavera- una sucesión de salmos recitados o cantados, de himnos, de cantos, de fiestas litúrgicas, la vida del Ora et Labora propia de un convento dedicado a la contemplación siendo fieles la raíz central de su ministerio.



Iremos de uno en uno

Después de pueblo en pueblo

Hasta rodear al mundo

Con la misma canción

Todas las cosas bellas

Comenzaron cantando

No olvides que tu madre

Cantando te acunó



Posando la mirada en lo comunitario, aparte de lo descripto en el párrafo anterior, aquí hay unos elementos esenciales: el crecimiento personal que cada uno solitariamente va experimentando y que se traduce en lo comunitario llevándolos a generar sus planteos de vida. El martirio –aunque gracia concedida- como una opción comunitaria. Las decisiones personales se viven en la comunidad.



Ante los fundamentalismos que ignoran, desechan o persiguen al distinto, al diferente, ellos se hacen un planteo muy simple: aquí tenemos que estar, esta es la misión de compartir fraternalmente los hechos, las acciones, los gestos, las palabras con nuestros hermanos musulmanes que peregrinan juntos a nosotros.



Cuántos más hilos se trenzan,

Más hermoso es el diseño,

Reflejando los colores

Que pinta el universo

La belleza de la rama

Le viene de lo complejo



No son cruzados de la fe, no va en pos de convertir a los otros. Solamente comparten al mejor estilo de Charles de Foucault.

El Islam no es intolerante, este concepto es la interpretación desacertada de algunos. Eso puede suceder en cualquier religión cuando se interpreta erróneamente y se utiliza la violencia para imponerla. Refiriéndonos a cualquier tipo de violencia, física, intelectual, psíquica, social hasta con el silencio y la ignorancia del otro.



Conozco también las caricaturas del Islam fomentadas

por un cierto islamismo.

Es demasiado fácil creerse con la conciencia tranquila,

identificando este camino religioso con los integrismos de sus extremistas.

Argelia y el Islam, para mí son otra cosa, es un cuerpo y un alma.



Requiere mucha paciencia

Hacer un tejido nuevo,

Hay que ponerle coraje,

Bordar gozo y sufrimiento

Con la fuerza de tus manos

Los latidos de tu pecho



Debemos entender al pluralismo religioso como una mirada de encuentro con el otro, a crecer en la diversidad cultural que se encuentra latente en todos los pueblos, a la oración como un punto de unión y solidaridad y el ser comunidad como signo de una humanidad abrahámica renovada.

Todo martirio no es inútil. Jesús nos dice: “Si el grano de trigo no cae y muere en tierra no da frutos”.



Cuando un A-Dios se vislumbra…

Si me sucediera un día -y ese día podría ser hoy-

ser víctima del terrorismo que parece querer abarcar en este momento

a todos los extranjeros que viven en Argelia,

yo quisiera que mi comunidad, mi Iglesia, mi familia,

recuerden que mi vida estaba ENTREGADA a Dios y a este país.

Que ellos acepten que el Único Maestro de toda vida

no podría permanecer ajeno a esta partida brutal.

Que recen por mí.

¿Cómo podría yo ser hallado digno de tal ofrenda?

Que sepan asociar esta muerte a tantas otras tan violentas

y abandonadas en la indiferencia del anonimato.

Mi vida no tiene más valor que otra vida.

Tampoco tiene menos.

En todo caso, no tiene la inocencia de la infancia.

He vivido bastante como para saberme cómplice del mal

que parece, desgraciadamente, prevalecer en el mundo,

inclusive del que podría golpearme ciegamente.



Donde viva lo diverso

Refugios de la esperanza

Lugares renacimiento

Donde nadie quede afuera

De la fiesta del encuentro



Ante una sociedad que se desgarra con violencias, con represión, con el corazón puesto en el consumo y en la economía, en religiones fosilizadas sin apertura al Espíritu, ante políticas que excluyen a los otros, esta película nos ayuda a pensar. Pensar que podemos perdonar; que en el compartir está el meollo del mensaje de los diferentes profetas; que el Espíritu sopla cuando y donde quiere, por eso debemos estar con el corazón abierto; que la política es el arte de buscar el bien y la inclusión de toda la humanidad, invitada a compartir la mesa, respetando lo diverso porque ahí se nos agranda el corazón de todos los hombres y mujeres que compartimos el peregrinar diario.



Desearía, llegado el momento, tener ese instante de lucidez

que me permita pedir el perdón de Dios

y el de mis hermanos los hombres,

y perdonar, al mismo tiempo, de todo corazón,

a quien me hubiera herido.

Yo no podría desear una muerte semejante.

Me parece importante proclamarlo.

En efecto, no veo cómo podría alegrarme

que este pueblo al que yo amo sea acusado, sin distinción,

de mi asesinato.

Sería pagar muy caro lo que se llamará, quizás, la “gracia del martirio”

debérsela a un argelino, quienquiera que sea,

sobre todo si él dice actuar en fidelidad a lo que él cree ser el Islam.

Conozco el desprecio con que se ha podido rodear a los argelinos

tomados globalmente.

Remendemos los desgarros

Que nos va dejando el tiempo

Es hora de ir anudando y

Juntarse en el intento

Desatando aquellos nudos

Que nos fueron sometiendo



Por esta vida perdida, totalmente mía y totalmente de ellos,

doy gracias a Dios que parece haberla querido enteramente

para este GOZO, contra y a pesar de todo.

En este GRACIAS en el que está todo dicho,

de ahora en más, sobre mi vida,

yo los incluyo, por supuesto, amigos de ayer y de hoy

y a vosotros, oh amigos de aquí,

junto a mi madre y mi padre, mis hermanas y hermanos y los suyos,

¡el céntuplo concedido, como fue prometido!

Y a ti también, amigo del último instante,

que no habrás sabido lo que hacías.

Sí, para ti también quiero este GRACIAS, y este “A-DIOS”

en cuyo rostro te contemplo.

Hno Jan Pierre


No hay tarea más urgente

Que tejer junto a mi pueblo

Las redes de justicia

Que nos vayan sosteniendo

Hilvanando la utopía

Con los hilos de sus sueños.



Y que nos sea concedido reencontrarnos, ladrones bienaventurados,

en el paraíso, si así lo quiere Dios, Padre nuestro, tuyo y mío. AMEN.



Sergio Dalbessio

sdalbessio@yahoo.com.ar









________________________________________

[1]Película sobre Los mártires de Tibhirine. Los siete cistercienses asesinados en Argelia en 1996. Ganó el Premio del Jurado de Cannes 2010 a la mejor película. Ficha técnica: Película: De dioses y hombres. Título original: Des hommes et des dieux. Dirección: Xavier Beauvois. País: Francia. Año: 2010. Duración: 120 min. Género: Drama

jueves, 30 de junio de 2011

HESSEL, entrevista en el diario El País.

Ante solicitud de algunas alumnas de 5to Año B reproduzco estos dos textos: una entrevista y una carta publicadas por el diario español El País.

ENTREVISTA (Diario El País, de España).


Hessel: "La indignación debe ir seguida de compromiso"

Con 93 años, este diplomático francés, escritor y activista del progreso, ha inspirado a los jóvenes europeos, y con mucha fuerza a los españoles, bajo el lema de su libro: '¡Indignaos!'.

Sobre la mesa de su salón parisiense, Stéphane Hessel guarda un ejemplar de EL PAÍS en el que aparece una foto con jóvenes españoles indignados. Pertenece a los primeros días de la convocatoria de una ola de manifestaciones bajo el título de su libro, que va camino de vender 400.000 ejemplares en España y que ha alcanzado los dos millones en Francia.

"Progreso no significa acelerarse, sino tender a un mundo mejor"

"El final del siglo XX fue prometedor. Luego se rompió el orden mundial"

Este chaval de 93 años apareció en el momento justo, con la palabra justa. Su único mérito ha sido recapitular. Colocar en alza valores que hoy están amenazados y que han costado años y décadas de lucha y sacrificio. Libertad, igualdad, justicia, legalidad, compromiso, derechos humanos. Palabras labradas a base de sangre y fuego, en su caso no con demagogia barata. Porque Hessel tiene sus razones para indignarse cuando vislumbra la amenaza de verlas desaparecer. No es un charlatán, ni un panfletario, aunque reivindique el género en el que Marx y Engels redactaron el Manifiesto comunista -él no comulga con ello- o Zola lanzara su Yo acuso sobre el caso Dreyfus.

Nacido en Berlín en 1917, se convirtió en francés después de que sus padres huyeran de la amenaza nazi y se instalaran en París. Se enroló en la Resistencia, fue condenado a muerte y torturado por la Gestapo, pasó temporadas en varios campos de concentración y fue testigo de excepción en la histórica redacción de la Declaración de Derechos Humanos. Una vida y una altura moral más que suficientes para sacudir conciencias a nivel global. Un héroe civil, un agitador pacífico y con las ideas claras.

Miles de personas manifestándose en España al grito de "¡Indignaos!". Estará satisfecho. Su mensaje ha calado. Ya lo he visto. Me alegro. Cuando empezamos con la idea de este pequeño libro teníamos a Francia en la cabeza. Ocurrió que en pocas semanas se produjeron varios acontecimientos. La popularidad de Sarkozy se fue hundiendo, lo mismo ocurrió en Italia con Berlusconi, e incluso en España con Zapatero, y en Portugal con Sócrates. Antes de que se produjeran las revueltas del norte de África, la idea de que los Gobiernos de varias partes del mundo rozaban comportamientos que provocaban la indignación de la gente era algo que raramente habíamos visto.

Y le dio por escribir este discurso y convertirlo en libro. No es un trabajo literario, en absoluto. Queríamos lanzar algo corto y estimulante. Puede que hasta tenga faltas de sintaxis. La editora se sentó justo donde está usted ahora, yo empecé a hablar, lo redactó, me lo dio, lo corregimos y lo lanzamos.

Como una entrevista. Una pena para mí, podía haberme tocado, ya que estamos. Exactamente, así ocurrió. Lo digo porque surgió de manera natural, como una conversación. Y una vez en la calle corrió como la pólvora.

Es que hay mucha gente esperando un discurso que aglutine ciertos sentimientos. La palabra justa, la expresión que todos tienen en la cabeza. Esa indignación. Lo he podido comprobar, efectivamente. Pero el libro está basado en dos textos: el programa de la Resistencia, no muy bueno, pero escrito en el momento y en el lugar justos; cuando los franceses se sentían acorralados por un enemigo como los nazis. El otro es la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

De la que usted fue testigo de excepción. Estuve allí cuando se redactó. Yo era demasiado joven para formar parte de ese grupo de 12 sabios, pero fui asistente. Les ayudé a organizar las reuniones, a redactar las actas. Los que estaban allí eran figuras de primer nivel en la esfera de la política y el derecho como la viuda del presidente Roosevelt, Eleanor. Se encontraban en Nueva York y en Ginebra y yo me encargaba de prepararles los papeles y asegurarme de que hacían el trabajo.

¿Vigilándoles? Como secretario. Yo era un joven diplomático, carecía de autoridad, pero me sobraba curiosidad. Tenía motivaciones muy profundas para que el trabajo saliera de la mejor manera. El hecho de haber acabado la guerra en tres campos de concentración era suficiente impulso para mí.

Estuvo usted en Buchenwald. Allí conocí a Jorge Semprún. Un gran amigo; guardo una anécdota de él importante. Cuando llegó al campo y le preguntaron a qué se dedicaba respondió: estudiante. "Si pongo eso", dijo el que tomaba el registro, "le matarán inmediatamente, voy a dejar las primeras letras y lo voy a transformar en estucador. Así, por lo menos, le asignarán trabajos manuales". Era lo único que buscaban. Pero volvamos a ¡Indignaos!

Me gustaría que contara el significado que para usted lleva ese término. Es una palabra que utiliza con un sentido positivo. Apela a aquellos que la sienten para contagiársela a quienes no la llevan dentro. Contiene su lado positivo, pero también sus partes oscuras.

Y si es así, ¿cómo cree que se puede contagiar su parte de luz? Le confieso que el título fue propuesto por la editora, Sylvie Crossman. Pero lo acepté inmediatamente.

¿Con su llamada imperativa? Sí, señor, y con su signo de exclamación. Es fuerte. Mucho más de lo que yo hubiera propuesto, porque no me considero un revolucionario, soy diplomático que cree en la no violencia. Busco poner a la gente de acuerdo, más que enfrentarla.

Eso es bastante radical para los tiempos que corren. Estamos rodeados de políticos que nos llevan a la guerra. ¿El diálogo es hoy revolucionario? Puede ser. Pero si nos atenemos a los significados, le diré que lo que más me convence de la palabra es que contiene otro término fundamental: dignidad. Por eso lo acepté. Cuando la dignidad se pone en cuestión es necesario reaccionar. La indignación viene del pisoteo de la dignidad que cada ser humano lleva consigo. Por eso siempre me remito a la Declaración de Derechos Humanos. En su artículo primero ya dice: Todos los seres humanos somos iguales en dignidad y en derechos.

Y ahora viene a apelar al compromiso. El nuevo libro se titula precisamente Comprometeos. Es el paso moral siguiente a la indignación. Nadie puede molestarse por que el prójimo se comprometa con algo. Puede molestarse si se rebela, si se remonta impulsivamente, eso es hacer el caldo a otros como Marine Le Pen [líder de la ultraderecha en Francia]. Lo que ella proclama es eso, pero yo apoyo la indignación en el sentido contrario. La que me sacude cuando los derechos básicos son atacados, perseguidos. Enfadarse y ya, para mí no tiene sentido. La ira no conduce a ninguna parte, debe ir seguida de compromiso.

Difícil. No propongo a la gente que se enfade sin más, sino que se pregunte cuáles son las razones que ponen en peligro esos valores fundamentales que hemos heredado y que ahora tiemblan. No es fácil, no.

Sobre todo, aclararnos en toda esta confusión. Un caldo de cultivo para diferentes indignaciones, para diferentes intereses. Al leer el libro quedan claros los valores, los peligros y los retos.

Son tres o cuatro. Empezando por los de la Revolución Francesa. Por algunos de ellos. Otros, insisto, la Declaración Universal de Derechos Humanos.

¿Los ve en la picota? Bastante, pero no olvidemos que en el tiempo en que fue redactada aquella declaración, el mundo todavía estaba amenazado por algunos totalitarismos. El fascismo había sido derrotado. Pero el comunismo pervivía. Luego se ha ido imponiendo otra ideología perversa basada en el mercado y nada más que en el mercado. Hoy, usted y yo, sufrimos sus consecuencias, las de un grupo privilegiado que busca sus beneficios a nuestras expensas. ¿Qué proponer como alternativa? La democracia real.

Bonita palabra. Confiar en depositar cada vez más poder en la gente común para que sus necesidades sean la prioridad a resolver por los Gobiernos, el primer deber. Los Gobiernos deben asegurar libertad, hermandad, igualdad y justicia social.

Y progreso. Otro concepto en crisis. Lo confundimos con progreso técnico, científico, pero no con bienestar. Absolutamente. Es algo muy sencillo, progresar significa tender a la mejoría. La palabra mejor es importante. ¿Cuál es la diferencia entre el bien y el mal? ¿Es mejor ganar dinero a cualquier precio o preservar la decencia y el honor? ¿Es mejor entrar en la espiral de un progreso científico a toda costa o guardarnos de descubrimientos que superen la dignidad del ser humano? Progreso no significa acelerarse, sino ser consciente de cuáles son los valores que ayudan a crear un mundo mejor y cuáles no. La democracia es exigente en sí. Demanda más a los políticos y logra tejer un sistema del que es difícil salir bien parado si actúas mal.

Volvamos a los claroscuros de la palabra indignación. Hubo un tiempo en que aquel sentimiento le llevó a un camino violento. ¿Qué sentía dentro, en sus tripas? No soy un tipo violento. Puedo entender qué lleva a la gente a la violencia. Pero a mí no me convence. Mi primera indignación tenía un nombre: los nazis. El fascismo de Franco y Mussolini, incluso Stalin, de quien ya tuvimos noticias de sus purgas en 1935. El totalitarismo. Además, teníamos el ejemplo de los republicanos españoles como contraposición a los comunistas más cerrados. Yo siempre me consideré demócrata, y cuando este sistema estaba en peligro me indignaba. Pero incluso dudé. Los estragos de la I Guerra Mundial nos hacían pensar a muchos que había que agotar todas las vías antes de entrar en otro conflicto. Negociar y dar la palabra a la gente de los diferentes países. Solo cuando vi claro que esta gente lo único que quería hacer era conquistar Europa con métodos violentos me convencí de que había que enfrentarse a ellos por las armas.

Pero esa indignación, físicamente, ¿era equiparable a la que siente ahora? No, entonces era joven y con ganas de luchar. Cuando llegó la hora, cuando vi que era necesario levantarme y enfrentarme a ellos, me invadió un deseo de lucha. Me enrolé en el ejército sin dudarlo. Y cuando se firmó el armisticio con los alemanes me volví a indignar. Sentí que era una deshonra y una deslealtad con los británicos. Me opuse; era inaceptable. ¿Qué podía hacer? ¿Luchar en Francia? ¿Unirme fuera a De Gaulle? Eso es lo que hice.

Y tuvo una relación intensa con él, han contado algunos. No. Yo era muy joven y un oficial de bajo rango. Pero tuve el privilegio al llegar a Londres de cenar con él en la intimidad. Me convocó. Quería saber qué pensaba de él un joven estudiante de la Escuela Normal Superior, muy prestigiosa entonces en Francia. Deseaba conocer lo que opinábamos de él los estudiantes de ese nivel.

Por lo menos, y gracias a la fortuna, también De Gaulle se indignó. Cosa que no ocurría entre una enorme parte de los franceses. Aquello fue tan extraño en un país que había levantado las banderas de la democracia en todo el mundo... ¿Qué ocurrió? Francia había sido tremendamente golpeada. Lo que había ocurrido entre mayo y junio de 1940 es algo muy raro en la historia. No solo fue una victoria militar. Fue una enorme derrota, humillante, en la que la gente tuvo que huir de sus casas hacia lugares insospechados. A muchos, el armisticio les supuso un respiro. La paz era tentadora para mucha gente, pero aquello no era paz.

¿Era una humillación? Además, había otros factores. La amenaza de los soviéticos aterrorizaba a la burguesía, mientras que los fascismos no tanto, creían que no atentaban tanto a su modo de vida. Además, los nazis garantizaban el freno a los comunistas más que nadie.

Luego, en su caso particular vino otra nueva indignación. ¡La Gestapo!

Ahí sufrió en sus propias carnes el peligro. ¿Cómo fue su detención? En el momento en que me arrestaron estaba seguro de que no sobreviviría. Me detuvieron bajo cargos de delitos criminales graves. Sabían que había llegado de Londres para reforzar la Resistencia.

Incluso, que usted era judío. Eso no lo sabían. Me conocían poco. Si se hubiesen enterado de que mi padre era un judío emigrado de Berlín, me habrían tratado de otra forma. Pero lo hicieron como a un espía de nivel. Y, ¿qué haces con un espía? Obviamente, sacarle información.

¿Bajo torturas? Efectivamente. En la bañera, ahogándome. Pero no consiguieron que delatara a nadie, y eso fue una satisfacción para mí. Después me condenaron a muerte. Afortunadamente, la justicia era lenta y me internaron en Buchenwald y la orden de ahorcarme llegó muy tarde. Ya entonces pude cambiar mi identidad con alguien que había fallecido sin que se dieran cuenta. Era una persona que no estaba condenada a muerte. Así me libré.

Me imagino que en aquellos días la indignación se había convertido en terror. No exactamente. Se transformó en algo que solo un joven patriota puede sentir. Ese convencimiento henchido en el que crees que has cumplido con tu deber y te has sacrificado por tu país.

¡Un héroe! [Risas] Le cuento algo Cuando me detuvieron cogí un trozo de papel y escribí un soneto de Shakespeare que sabía de memoria: "No longer morn for me when I am dead...". Como diciendo, si me fusilan mañana, que mi esposa sepa que no quiero luto, sino que sea feliz. Ridículo, esto siempre resulta ridículo.

Es una manera noble de enfrentarse a la muerte. La vida está llena de ironías.

Si le hubieran dicho entonces que cumpliría 93 años... ¡Y tanto! Mi siguiente indignación llegó en los campos de concentración. Yo sabía que la guerra era violenta. Pero lo que nunca pude sospechar es el grado de brutalidad al que podíamos llegar los seres humanos.

Pasó de sentirse un héroe a otro estado: el de víctima. No solo una víctima individual, sino parte de una colectividad. Porque yo, personalmente, tuve suerte. Me salvé entre un grupo de 36 condenados a muerte. Yo y dos personas más. Me enviaron a otro campo y me escapé. Cuando lo logré me volvieron a capturar y me internaron en Dora. Allí se debatían entre colgarme o darme 25 latigazos. Pero me libré de ambas cosas porque le dije al oficial que me interrogaba: Estoy seguro de que usted, que es valiente, como yo, habría intentado escapar. Lo hice, pero fallé, con lo que no les puedo causar daño. Todo eso se lo expliqué en alemán, que es mi idioma materno. Si no hubiese hablado su lengua, seguramente nadie me habría librado del castigo.

En su vida han existido también momentos de alegría. Como el de la Declaración de Derechos. Poner de acuerdo en una posición común a países tan distintos como Francia, EE UU, la URSS o Arabia Saudí sería un esfuerzo titánico. ¿Costó? Lo atestigüé de primera mano. Si no se hubiera conseguido en 1948, las tensiones posteriores lo habrían hecho imposible después. En ese momento histórico, los soviéticos se abstuvieron, Arabia, también, y así permitieron su aprobación. Fue el momento. Un texto ambicioso para la historia de la humanidad.

Supongo que en aquellos momentos su indignación dio paso a la esperanza. Pues sí. Ese momento fue de auténtica, de verdadera y gran esperanza en el entendimiento de las naciones tras la guerra. Estábamos convencidos de que aquel texto encarrilaría a buena parte del mundo en el camino de la libertad y la justicia. Pero aquello duró poco, porque después llegó otro sentimiento: la ansiedad que producía el peligro de una tercera guerra, que no sería como las otras, sino que traería consigo la catástrofe nuclear. El mundo había conocido dos horrores: el Holocausto e Hiroshima, y eso nos producía un enorme temor. Era un mundo complicado e inseguro. Sentíamos que si la ONU no conseguía éxitos en sus programas de desarrollo y respeto a los derechos humanos, todo se iría derrumbando.

¿Le queda algo del optimismo de entonces? Todavía creo que existen pequeños y lentos pasos adelante y que continuarán, con retrocesos y avances. La última década del siglo XX fue muy prometedora. Después de la caída del Muro estábamos convencidos de habernos adentrado en una nueva era. En 2000 se llegó a un acuerdo bajo la presidencia de Kofi Annan de los objetivos del milenio. Pero cayeron las Torres Gemelas... Y empezamos el siglo XXI muy mal.

Con la amenaza terrorista, pero también con la ruptura de las reglas internacionales por parte de Bush, Blair y Aznar. ¿Qué supuso aquello para el orden mundial? Aquello es parte de mi indignación presente. El hecho de que los ciudadanos sean conscientes de que estábamos dando grandes pasos adelante y esos líderes los frenaran en seco y nos colocaran en la dirección equivocada.

¿No fue aquello una especie de paripé de cruzados por la democracia que en realidad representaban una especie de fascismo travestido? Desde luego. Una de las reglas básicas a respetar en ese nuevo orden mundial que empezaba a configurarse a finales del siglo XX era el derecho internacional. Romperlo era adentrarse en lo peor.

Contra gobernantes de ignorancia supina, ¿qué se puede hacer? ¡Indignarse! Necesitamos otros gobernantes, y también, compromiso de la sociedad para aupar a los más decentes. No podemos caer en esa desazón de la juventud, ni en pensar que todos los políticos son iguales, porque no es cierto. La rabia y la indiferencia no nos llevan a ninguna parte.

En su vida ha existido otra indignación persistente: Palestina. De nuevo, la ruptura de las reglas internacionales, la brutalidad impuesta, la situación en Gaza y Cisjordania aúnan todo lo que más he detestado en mi vida. Parecida a la que sentí en los campos de concentración. Siento un gran aprecio por el Estado de Israel, pero cuando su Gobierno se comporta de una manera similar a los peores Gobiernos que yo he tenido que soportar en mi vida, no puedo admitirlo y me rebelo y denuncio esos abusos cometidos por ellos con el permiso de Estados Unidos, la Unión Europea y algunas empresas involucradas en la situación. Es lo mismo que siento respecto a la incapacidad para ponerse de acuerdo sobre el cambio climático. Espero que ahora Obama, tras haber acabado con Bin Laden y ganado popularidad, pueda avanzar en ciertas cosas.

Por cierto, ¿qué opina de ese episodio? Bueno, yo me alegro de que se haya acabado con él. Era un asesino capaz de cosas espantosas. Sobre todo, de haberle dado al islam una imagen siniestra en el mundo. Y no es así. La gente de los países árabes se ha encargado en pocos meses de hacernos saber que aspiran al sentido común con sus revueltas. Pero, volviendo a Bin Laden, hubiera sido deseable otro método: la detención, un juicio.

¿Dónde queda Europa con esas amenazas de políticas antiinmigración? Justo ese es el objetivo de mi libro. Concienciar a la gente para afrontar los nuevos retos con valores dignos. No son nuestras ínfimas naciones las que están en peligro, es nuestro mundo, cada vez más amenazado por corrientes como los neocons o quienes no se mentalizan en el trato al medio ambiente. La fe en el compromiso es clave. No estamos condenados al fracaso, pero para evitarlo hay que dar un paso adelante.

AUTORIDAD MORAL

Toda una vida de lucha por el progreso, de resistencia frente a los totalitarismos, de autoridad moral, y este francés nacido en Alemania en 1917 se ha ganado el éxito y el aplauso mundial con un pequeño libro panfleto, '¡Indignaos!' (Editorial Destino, con prólogo en español de José Luis Sampedro), que ha sacudido el descontento en los países desarrollados frente a un sistema económico-político lleno de goteras.

Este judío, muy crítico con la política de Israel hacia Palestina, participó en la resistencia francesa contra los nazis, estuvo preso en varios campos de concentración y participó en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.


No debemos permitir que algunos enturbien un buen fin

Artículo del autor de '¡Indignaos!' ante "los graves sucesos" ocurridos el miércoles ante el Parlamento catalán

STÉPHANE HESSEL 16 JUN 2011


S. Hessel, foto tomada del diario español El País


Hessel, autor de ¡Indignaos! / DANIEL MORDZINSKI

Ante los graves sucesos acontecidos ayer frente al Parlamento de Cataluña, en Barcelona, expreso mi más firme rechazo hacia cualquier agresión, coacción, insulto o actitud violenta empleada por grupos minoritarios, aprovechando la legítima y pacífica ola de indignación que ha recorrido las ciudades españolas desde el pasado 15 de mayo.

Desde el primer momento, dejé constancia y reitero mi apoyo a los miles y miles de ciudadanos españoles que, siempre de manera pacífica, han manifestado su indignación ante una economía deshumanizada y ante los déficits democráticos de nuestras sociedades, y han pasado de la indiferencia al compromiso por los valores profundos de la democracia, siempre a través de vías pacíficas.

Considero, por tanto, intolerable cualquier intento de paralización de las instituciones de representación democrática, así como la coacción de todo tipo ejercida contra los representantes de la voluntad popular. Eso nada tiene que ver con la resistencia pacífica ni con la legítima disidencia democrática. Eso no se puede tolerar, y no debemos permitir que algunos grupos, desde dentro o desde fuera del movimiento de los indignados, intenten aprovechar esos hechos para enturbiar el buen fin y las actitudes mayoritarias de los ciudadanos que se han movilizado pacíficamente durante las últimas semanas en casi un centenar de poblaciones españolas.

Siempre me he manifestado a favor de la profundización de la democracia, de la libertad de expresión y del respeto por los otros como únicas vías para el progreso de nuestras sociedades. Deseo que los indignados españoles sepan encontrar, con la misma actitud pacífica y dialogante con que irrumpieron en la escena pública hace unas semanas, su camino para seguir expresando ese compromiso hacia el futuro.

Stéphane Hessel

París, 16 de junio de 2011

martes, 28 de junio de 2011

INDIGNATE S. HESSEL, cuestionario-guía

CUESTIONARIO-GUIA

TEXTO

INDIGNATE


Profesor pensando en cuestionario para sus alumnos

de Hessel S.



1) ¿Por qué la sociedad no puede estar orgullosa todavía en Europa?

2) La Resistencia qué plan proponía sobre el tema de salud nacional y de las pensiones.

3) ¿Cuál es la peor de las actitudes y por qué?

4) Explicar: ¿Por qué el interés general debe primar sobre el especial o particular?

5) Explicar la siguiente frase: “el hombre justo cree que la riqueza creada en la esfera del trabajo debe dominar sobre el poder del dinero”.

6) ¿Qué elementos fueron nacionalizados, y esto a qué contribuyo para el país?

7) Una verdadera democracia ¿qué necesita?

8) ¿Cuáles son las razones por las que todas las conquistas sociales de la Resistencia se encuentran hoy amenazadas?

9) ¿A qué motiva el poder del dinero y el egoísmo del hombre?

10) Explicar el siguiente párrafo: “Los líderes políticos, económicos e intelectuales y la sociedad no tiene que ceder ni permitir la opresión de una dictadura internacional real o de los mercados financieros que amenazan la paz y la democracia”.

11) ¿Qué fue resistir para los jóvenes europeos de 1935? ¿Qué los llevo a resistir? ¿En qué basaban su resistencia?

12) ¿Qué le enseño Jean Paul Sartre?

13) ¿Cómo interpreta el hegelismo la historia?

14) ¿Quién decide y realiza el ordenamiento en el mundo actual?

15) ¿Cuáles son los dos desafíos que identifican los jóvenes actuales?

16) ¿Por qué hablamos de derechos universales y no de derechos internacionales?

17) Explicar los derechos 15 y 22 de la DDHH de 1948.

18) Motivos que lo llevan a indignarse por lo que ocurre hoy en Palestina.

19) ¿Por qué dice: terrorismo o exasperación? ¿A qué se refiere con estos dos términos?

20) ¿Qué reflexión te merece la frase: “Estoy persuadido a que el futuro le pertenece a los no violentos, la reconciliación de diferentes culturas. Es por esta vía que la humanidad entrará a su siguiente etapa”?

Profesor indignado con los alumnos que no leen el texto
21) ¿Cómo explica el tema de la no violencia?

22) Qué manifestaciones no-violentas conoces en la historia del mundo

23) ¿Qué insurrecciones pacificas son nombradas en el texto?

24) El pensamiento productivista: ¿Qué significa?

25) ¿Cómo concluye su manifiesto?

26) Explicar con ejemplos la siguiente frase: CREAR ES RESISTIR; RESISTIR ES CREAR.

27) Una reflexión: después de la lectura y su análisis ¿Qué te dice a vos hoy este texto?.

Jóvenes argentinos indignados...con los alumnos que no leen y no estudian...

lunes, 20 de junio de 2011

Oscar Goapper, misionero y médico en el corazón de África.

Era un día miércoles de mayo del año 1999. El sol entraba por las ventanillas del tren que, estacionado en la estación Sarandí, me traía nuevamente a mi casa. De repente surge en mi mente, sin ningún tipo de conexión previa, la figura de Oscar Goapper . Se van hilvanando en mi interior una serie de pensamientos sobre su figura y el poco tiempo que hemos compartido.


El sábado siguiente, leyendo un periódico religioso, observo una noticia que me impacta. Daba cuenta de la muerte de un misionero argentino en África.

Ese misionero era el P. Oscar Goapper, Misionero de la Consolata.

Conocí por medio de cartas, en el año 1978, a Oscar. Vivía -yo- en San Francisco (Córdoba) y frecuentaba la Parroquia Nuestra Señora de la Consolata cuya tarea pastoral llevaba adelante la congregación los Misioneros de la Consolata, fundada en el año 1901 por el P. José Allamano (1851-1926) en Turín, Italia.

Le comente mis intenciones de entrar al Seminario y profundizar en la vocación misionera. Un breve intercambio epistolar, y un libro de regalo: Jesús de Galilea, fueron los primeros pasos. Luego un viaje en 1979 al Seminario que él dirigía y compartía con varios jóvenes que se planteaban la vocación misionera en su vida.

Dialogando decidimos que al año siguiente –ya que estaba culminando mi escuela secundaria- ingresaría a dicha casa de formación.

El 23 de enero de 1980 el P. José Auletta i.m.c y los seminaristas José Luís Ponce de León y Rubén López, que venían del norte argentino, me pasaron a buscar por mi casa.

Una despedida siempre es dura y en especial para alguien que parte de su casa. Todavía no había cumplido mis 18 años y dejaba a mis padres, hermano, abuelos, tíos y amigos en búsqueda de seguir el camino de Jesús.

Instalado en la casa de formación que tenían los Misioneros en la calle Fray Cayetano 368 del barrio de Flores nos preparamos para afrontar un año con muchos desafíos.

Un viaje a Miramar, pintar la casa, realizar varios arreglos y planificar el año fueron haciendo posible conocer a Oscar Goapper.

Las oraciones diarias, las misas de los sábados, espacio en el cual la capilla estaba abierta a la gente del barrio y conocidos que venían a compartir con nosotros la Palabra y la Mesa Eucarística.

Ya en ese tiempo Oscar como gesto de madurez nos daba a todos la Eucaristía para que la recibiéramos en nuestras manos (muchos años después el Episcopado aprobó esta forma).

Un grupo de entre 10 y 15 jóvenes caminamos en esa etapa de la formación. Cada uno por su tiempo de búsqueda y estudios. Oscar había conseguido que trabajemos como catequistas en el colegio que los Hermanos Lasallanos tienen en Flores en la calle José Bonifacio.

Años de estudio en la facultad de Filosofía y Teología de la UCA, retiros, charlas, participación en jornadas misioneras fueron sumando alegría y también decepciones a la vida en un joven en el diario vivir en un seminario.

La vida comunitaria tiene un cierto orden y rutina. También se la debe pensar como un tiempo de discernimiento y de búsqueda. Es similar a un noviazgo, uno lo va construyendo diariamente. Si uno ve que es su opción a seguir, se comprometerá con el sacerdocio o a la vida consagrada. También puede ser la vida en el matrimonio, u otras formas de servicio, según el Espíritu sople en nosotros y estemos dispuestos a su escucha.

En mi caso particular tenía una relación normal –no excelente, quizás como otros compañeros- con Oscar. Pero veía su espíritu misionero, sus esfuerzos por irse a misionar. La pintura y escritura colaboraban en su vida y eran hobbies que practicaba. Le gustaba visitar a sus amigos y así pasaron esos dos años de convivencia, siendo él superior-rector del Seminario San Francisco Solano.

Oscar parte en el año 1981 a la misión. Por mi parte seguí un año más en dicha casa de formación. Recibíamos noticias de él. Unos años después visitando a unos amigos que tenían un negocio de venta de pinturas denominado Siloé, en la calle Pedernera 53, lo encontré nuevamente. Visitaba por primera vez su país después de haber partido a tierras misioneras. Charlamos un rato sobre la vida de cada uno.

Por conocidos sabía de su vida misionera en África. Algunos laicos argentinos se habían comprometido en ayudarlo, uno de los ellos, Jorge Devalle viajó allí para asesorarlo en la instalación de molinos para la extracción de agua.

Los textos transcriptos a continuación son extractados de la Revista Misiones Consolata. Se pueden leer dichos artículos en http://www.consolata.org.ar/ en los números de marzo-abril y mayo-junio de 2011 y fueron escritos por Jean Paré imc.

En el año 1981 escribe al superior general y le pide trabajar en la misión: «No quiero en absoluto poner condiciones; pienso sinceramente que si me piden de seguir aquí, lo haré probando dar lo mejor de mi mismo. Seguir al Señor de modo fiel y sin condición es vital para mí. Pero soy honesto diciéndole que ciertos días son duros; en muchas cosas me falta la experiencia misionera y, en la formación, la buena voluntad no basta, hay que ser concretos.


Aprendí mucho y esto fue para mi una maravillosa ocasión de crecer en mi sacerdocio misionero; pero...la experiencia misionera sería como una subida hacia Jerusalén, esto es, ir al corazón de las cosas.»

El 18 de mayo del 1981, la dirección general lo destina al Zaire. Escribiendo al padre Antonio Barbero, superior provincial de ese país, le informa que quiere prepararse para la misión haciendo un curso de enfermería, para ser útil, y añade: «He oído bellísimas cosas sobre el Zaire, sobre el trabajo y el estilo de grupo: soy entusiasta y espero impacientemente el día de la salida; sin embargo soy también consciente, que no se puede improvisar la misión.»


Después de haber aprendido el francés durante unos meses en Bélgica, llega a destino, el 27 de abril del 1982. Fue en ocasión de su primera Navidad en África, que le sorprende una experiencia determinante en su vocación misionera. Por falta de asistencia médica, una niña muere en sus brazos. Esa experiencia lo consterna y le pone muchos interrogantes. Por primera vez piensa en la posibilidad de ser médico para «dar la vida a la gente».


Más tarde, el padre Rossi narró lo que pasó: Hace sólo unos meses que Oscar llegó a Neisu. La noche de ese 25 de diciembre, al regresar de los pueblos y feliz de encontrarme con un cohermano (después de una semana de ausencia), me doy cuenta que él parece triste. Pienso que se trata de nostalgia. En efecto, es su primera Navidad africana.


Pero sus palabras contradicen enseguida mi pensamiento. Es la historia que todos conocemos, la historia de Elikia.». En el idioma local, esa palabra significa ‘esperanza’.


Oscar mismo narró la historia de Elikia: «Mientras estaba confesando vinieron a llamarme. Es una mamá que tiene en sus brazos una niñita de dos años más o menos. Respira con dificultad y tiene mucha fiebre a causa del sarampión y de complicaciones pulmonares. Hago todo lo posible por ella, pero de nada sirvió. La bautizo con el nombre de Elikia y muere en mis brazos. ¿Cómo es posible festejar la vida, el nacimiento de Jesús, cuando hay niños que mueren porque no tuvieron vacuna?» Y Oscar añade: «¡Antonello, tenemos que hacer algo!»

El padre Oscar amaba con la sonrisa, que desaparecía solamente cuando no había tenido éxito en una difícil intervención médica. Amaba con sus manos, muchas veces casi milagrosas. Amaba con sus ojos muy abiertos, que parecían justamente hechos para diagnosticar las enfermedades y las dolencias de toda especie. Amaba con el corazón del que dice: «Tu vida es mi vida; para tu vida, mi vida.»


Oscar Goapper, siguiendo muchas de sus actividades y proyectos en Neisu, hará todos sus estudios de medicina en la Universidad de Milán y, el 6 de octubre de 1994 será oficialmente habilitado para el ejercicio de la profesión de médico quirúrgico.

Algunos párrafos escritos por Oscar que nos hablan de su compromiso misionero ad gentes :

«Aprovecho del momento de la enfermedad para empezar con el enfermo y con su familia un discurso que lo lleva a reflexionar sobre ciertos antivalores, como la brujería, las malas suertes echadas a los demás e intento presentarles una nueva alternativa más humana, llevándoles la luz del Evangelio (...) Después de una operación, a veces la gente me pregunta si encontré la ‘mala suerte’ al interior del enfermo. Porque soy sacerdote, la gente acepta más fácilmente que les haga un ‘sermón’, una verdadera catequesis. Me pasó de invitar a parientes para que vengan a la sala operatoria para que vean ellos mismos que no hay ‘mala suerte’
en el vientre del enfermo. Tengo el sentimiento que la gente tiene más confianza y escuchan más porque soy sacerdote.»
«La primera llamada para ser médico para los pobres nació mirando nuestra gente y su situación. Estoy seguro que en mi pedido no hay búsqueda de prestigio personal o de fama. No veo dicotomía entre ser médico y ser sacerdote misionero... lo hago porque soy cristiano.


Sentí, desde el principio, que mi vocación era un servicio a la vida, no me siento un levita o un servidor del culto, más bien evangelizador con un mensaje de vida y en un estilo de vida que puede crear entre los humanos nuevos lazos de fraternidad y de justicia. Es por ese ideal que quiero quemar mi vida como el apóstol, donde la humanidad, la más pobre, estableció su tienda.


Vivir en la inseguridad de nuestra gente me hizo descubrir tantos valores a los cuales no prestaba importancia: la primera es el cuidado para el hermano, estar cerca; soy un extranjero, mi mensaje tiene que ser bien cargado de «proximidad» (diría de caridad). Para que pueda ser escuchado y acogido. Pienso firmemente que el objetivo de todos nuestros gestos individuales y pastorales tiene que ser vivir la caridad.


Nosotros, misioneros de la Consolata, muchas veces razonamos del modo siguiente: ¿hay un problema de salud? Entonces decimos: ¡construimos dispensarios! ¿Hay un problema de enseñanza? Entonces construimos escuelas! Oh no!..., hay que empezar de modo diferente, por la base. Hay que preguntarse: ¿qué puedo hacer para cambiar esta situación? No con cemento, pero con mi empeño personal, con el tiempo que puedo ofrecerles, con mis esfuerzos y mis lágrimas. ¡Cuántas veces me sentí tomado en la garganta cuando, después de haber luchado día y noche con nuestra «hermana la muerte», fuimos vencidos por ella, o también cuando la negligencia de alguien hace morir un enfermo! A veces lloré y no tuve vergüenza cuando la única cosa que podía hacer para con el enfermo era amarlo.


Viendo en la cultura de la tribu de los Mangbetus, la elección de morir de tantos viejos guerrilleros, me empuja a empeñarme en favor de la vida. Vi cómo José Allamano, nuestro fundador, daba importancia a esa reparación y al trabajo con los enfermos. Pienso y repienso en nuestra presencia en esta realidad y me parece que hicimos muy poco para penetrar esta cultura.


Escoger esta vía es el más grande sufrimiento de mi vida y te lo confío, también el más difícil, porque para mí África es todavía difícil, exige de mí un esfuerzo todos los días (...) Decidan lo que quieran, entiendo las dificultades, personal y de pastoral. No escondo que esto exige, de mi parte, un acto de fe y de abandono en Dios. Pero siento que tengo talentos y los tengo que hacer madurar para el servicio y la construcción de la Iglesia. Sean auténticos, porque nacieron de situaciones concretas.


No pienso ser diferente de él, que pide estudiar historia, teología, pastoral u otras cosas. La diversidad aquí, consiste en no mirarse uno mismo, sino en mirar las necesidades de los demás. Pero después de Cristo,
que se hizo carne-enfermedad-sufrimiento, el mundo está al revés!».



Nunca más nos cruzamos desde aquella vez, hasta esa tarde en la ventanilla del tren.

Por eso este escrito como recuerdo de su paso haciendo el bien, de su Pascua prematura, en este día que celebramos la fiesta de Nuestra Señora de la Consolata.



sdalbessio@yahoo.com.ar

sábado, 18 de junio de 2011

¡Indígnate! Stéphane Hessel

¡Indígnate!

Por Stéphane Hessel

Después de 93 años, estoy cerca del final. El final para mi ya no está muy lejos. Pero todavía permítanme recordar a otros que actuaron basados en mi compromiso político. Fueron los años de resistencia a la ocupación Nazi -- y el programa de derechos sociales elaborado hace 66 años atrás por el Consejo Nacional de la Resistencia.



Es a Jean Moulin [miembro asesinado del Consejo] a quien le debemos como parte de este Consejo, la unidad de todos los elementos de la Francia ocupada -- los movimientos, los partidos, los sindicatos -- para proclamar su membresía en la Francia combatiente, y le debemos esto al único líder que lo reconoció, el general Charles de Gaulle. Desde Londres donde me uní a de Gaulle en Marzo de 1941, aprendí que este Consejo había completado un programa lo adoptó el 15 de Marzo de 1944, que ofrece para la Francia liberada un grupo de principios y valores en los que descansaría la moderna democracia de nuestro país.



Estos principios y valores los necesitamos más que nunca. Es hasta que nosotras lo veamos, todas juntas, que nuestra sociedad se vuelva una de la que estemos orgullosos, no esta sociedad de inmigrantes sin papeles -- expulsiones, sospechas respecto a los inmigrantes. No esta sociedad donde se cuestiona la seguridad social y los planes de pensiones y salud nacionales. No esta sociedad donde los medios masivos están en manos de los ricos. Son cosas en las que nos habríamos negado a ceder si fuésemos los herederos verdaderos del Consejo Nacional de la Resistencia.



Desde 1945, después de un horroroso drama [La 2ª Guerra] hubo una ambiciosa resurrección de la sociedad a la que el mismo remanente del contingente del Consejo de la Resistencia se dedicó. Recordémosles mientras creaban un programa de salud nacional y de pensiones tal como la Resistencia quería, como su programa estipulaba, "un plan completo de salud nacional y seguridad social, apuntado a asegurar a todos los ciudadanos y ciudadanas los medios de subsistencia cuando sea que estén incapacitados para encontrar un trabajo; una jubilación que permita a los viejos trabajadores terminar sus días con dignidad."



Las fuentes de energía, electricidad, y gas, minas, los grandes bancos, fueron nacionalizados. Ahora esto fue como el programa recomendaba: "... el retorno a la nación de los monopolizados medios de producción, frutos del trabajo común, fuentes de energía, riqueza de las minas, de compañías de seguros y de los grandes bancos; la institución de una verdadera democracia económica y social involucra la salida de los grandes feudos económicos y financieros de la dirección de la economía."



El interés general debe dominar sobre los intereses especiales. El hombre justo cree que la riqueza creada en la esfera del trabajo debe dominar sobre el poder del dinero.



La Resistencia propuso, "una organización racional de la economía asegurando la subordinación de los intereses especiales a los intereses generales, y la emancipación de los "esclavos" de la dictadura profesional que fue instituida en los estados fascistas," que había usado el gobierno interino [por dos años después de la guerra] de la república como un agente.



Una verdadera democracia necesita una prensa independiente, y la Resistencia lo sabía, lo demandaba, defendiendo "la libertad de prensa, su honor y su independencia del Estado, el poder del dinero y la influencia extranjera." Esto es lo que alivió las restricciones a la prensa desde 1944. Y la libertad de prensa está definitivamente en peligro hoy.



La Resistencia solicitó una "real posibilidad para que todos los niños y niñas franceses se beneficien de la más avanzada educación" sin discriminación. Las reformas ofrecidas en el 2008 van contra este plan. Jóvenes profesores y profesoras, cuyas acciones apoyo, llegaron al extremo de negarse a aplicarlas, y vieron sus salarios reducidos como forma de castigo. Se indignaron, "desobedecieron", juzgando esas reformas demasiado alejadas del ideal de una escuela democrática, muy al servicio de una sociedad de comercio y no desarrollando la mente inventiva ni crítica suficiente.



Todas las fundaciones de la conquista social de la Resistencia están amenazadas hoy.



El motivo de la Resistencia: Indignación.



Alguno se atreverá a decirnos que el Estado no puede afrontar los gastos de estas medidas para ciudadanos nunca más. ¿Pero cómo puede existir hoy una falta de fondos para apoyar y extender estas conquistas si la producción de riqueza ha aumentado considerablemente desde el periodo de la Liberación cuando Europa estaba en ruinas? Al contrario, el problema es el poder del dinero, tan opuesto por la Resistencia y el gran hombre egoísta, con sus propios sirvientes en las altas esferas del Estado.



Los bancos privatizados de nuevo, han probado estar más preocupados de sus dividendos y de los altos sueldos de sus líderes que del interés general. Esta disparidad entre los más pobres y los más ricos nunca había sido tan grande, ni amasar fortunas y la competición tan incentivada.



¡El motivo básico de la Resistencia fue la indignación!



Nosotros, los veteranos de los movimientos de resistencia y de las fuerzas de combate de la Francia Libre, llamamos a la generación joven a vivir, transmitir, el legado de la Resistencia y sus ideales. Les decimos: Tomen nuestro lugar, ¡Indígnense!



Los líderes políticos, económicos e intelectuales y la sociedad no tienen que ceder ni permitir la opresión de una dictadura internacional real o de los mercados financieros que amenazan la paz y la democracia.



Deseo para todas las personas, para cada una que tengan sus propios motivos de indignación. Es invaluable. Cuando alguien te atropella como era atropellado por el Nazismo, la gente se vuelve militante, fuerte y comprometida. Ellos se unen a este momento histórico y los grandes momentos de la historia deben continuar gracias a cada individuo. Y este momento conduce a más justicia, más libertad, pero no a esa libertad ilimitada del zorro en el gallinero. Los derechos contenidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 son justamente eso, universales.



Si te encuentras con un desfavorecido, siente pena por él pero ayúdale a ganar sus derechos.



Dos visiones de la historia



Cuando trato de entender qué causó el fascismo, lo que lo hizo que tantos fueran dominados por Hitler y el régimen de Vichy, me digo a mi mismo que los propietarios, con sus egoísmos estaban tremendamente asustados con la revolución Bolchevique. Se les permitió liderar con sus miedos.



Pero si, hoy como entonces una activa minoría se levanta, será suficiente; debemos ser la levadura que hace que el pan suba. Ciertamente, la experiencia de una persona muy vieja como yo, nacida en 1917, es diferente a la experiencia de la gente joven de hoy en día. Yo a menudo le pido a profesores la oportunidad de interactuar con sus estudiantes y les digo: No tienen las mismas obvias razones para comprometerse. Para nosotros resistir era no aceptar la ocupación alemana, vencer. Esto fue relativamente sencillo. Simple como lo que siguió la descolonización. Entonces vino la guerra en Argelia.



Era necesario que Argelia fuese independiente, era obvio. En cuanto a Stalin, aplaudimos la victoria del Ejército Rojo contra los Nazis en 1943. Pero ya sabíamos de las atrocidades stalinistas de 1935, e incluso si era necesario mantener los oídos abiertos hacia el comunismo para compensar el capitalismo estadounidense, la necesidad de oponernos a esta insoportable forma de totalitarismo se había establecido como una perogrullada. En mi larga vida presencié una sucesión de motivos para indignarme.



Estas razones nacieron menos de una emoción que de un compromiso deliberado. Como estudiante de una escuela normal [una escuela de magisterio] fui muy influenciado por Sartre, un compañero de estudios. Su "La náusea" [Una novela], "El Muro" [Un drama] y "El Ser y la Nada" [un ensayo] fueron muy importantes en el entrenamiento de mi pensamiento. Sartre nos enseñó "Ustedes son responsables como individuos". Ese fue un mensaje libertario. La responsabilidad de una persona no puede ser asignada por el poder o una autoridad. Al contrario, es necesario estar involucrado en el nombre de la responsabilidad de uno como ser humano.



Cuando entré en la French Ècole Nórmale Superieure, en la calle Ulm en París en 1939, entré como un ferviente adherente del filósofo Hegel, y adherí al pensamiento de Maurice Merleau-Ponty. Su enseñanza explora la experiencia concreta, la del cuerpo y sus relaciones con los sentidos, una gran sensación singular enfrentada con una pluralidad de sensaciones. Pero mi optimismo natural que busca que todo lo deseable sea posible, me llevó más bien a Hegel. El Hegelismo interpreta la larga historia de la humanidad como teniendo un significado: Es la libertad del hombre progresando paso a paso. La historia se hace de sucesivos choques y la toma en consideración de los desafíos. La historia de las sociedades y por lo tanto, de los avances, y al final el hombre ha alcanzado su plena libertad, tenemos en el estado democrático su forma ideal.



Este es ciertamente otro entendimiento de la historia. Dice que el progreso está hecho de "libertad", luchando por "siempre más"; esto puede ser como si viviésemos en un huracán devastador. Así es como se lo representaba a un amigo de mi padre, el hombre que compartió conmigo un esfuerzo por traducir al alemán "En busca del tiempo perdido" [novela] de Marcel Proust.



Él era el filósofo alemán Walter Benjamin. Había elaborado una visión pesimista de una pintura de Paul Klee, un pintor suizo, el "Ángelus Novus", donde la cara del ángel abre los brazos para contener y empujar una tempestad, que él identifica con el progreso. Para Benjamin, que se suicidaría en Septiembre de 1940 para escapar del Nazismo, el sentido de la historia es la progresiva dominación de un desastre tras otro.



Indiferencia: La peor de las actitudes.



Es verdad que las razones para estar indignadas pueden verse hoy menos claramente relacionadas o el mundo se ha vuelto demasiado complejo. ¿Quién está haciendo el ordenamiento, quién lo decide? No es siempre sencillo diferenciar entre todas las corrientes que nos gobiernan. No estamos lidiando con una pequeña elite cuyas actividades pueden ser fácilmente visibles. Este es un mundo vasto, en el cual tenemos una sensación de interdependencia. Vivimos en una interconectividad como nunca antes. Pero en este mundo todavía hay cosas intolerables. Para verlas, es bueno y necesario mirar, buscar. Le digo a los jóvenes, busquen poco y eso es lo que van a encontrar. La peor de las actitudes es la indiferencia, decir "No puedo hacer nada contra eso. Ya me las arreglaré para salir adelante." Por incluirte a ti mismo en esto, pierdes uno de los elementos que hacen al ser humano: la facultad de indignarse y el compromiso que es una consecuencia de lo primero.



Ellos y ellas [las personas jóvenes] pueden desde ya identificar dos grandes desafíos nuevos:



1. La gran brecha que existe entre los más pobres y los más ricos y que no cesa de crecer. Es una innovación de los siglos 20 y 21. Los más pobres en el mundo de hoy ganan apenas dos dólares al día. Las nuevas generaciones no pueden dejar que esta brecha se vuelva mayor. Los reportes oficiales por sí solos deberían provocar un compromiso.



2. Derechos humanos y estado del planeta: Tuve la oportunidad después de la Liberación de participar en la escritura de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, adoptada por la Organización de las Naciones Unidas, el 10 de Diciembre de 1948 en París en el Palacio de Chaillot. Fue como secretario privado principal de Henry Laugier, el Secretario General adjunto de la ONU, y como secretario de la Comisión sobre Derechos Humanos que yo con otros participamos en la redacción de esta declaración. No sabría cómo olvidar el rol en su elaboración de René Cassin, quien fue comisionado nacional de justicia y educación en el gobierno de la Francia Libre en Londres en 1941 y ganó el Premio Nobel en 1968, ni el de Pierre Mendès-France en el Consejo Económico y Social a quien le enviábamos los borradores que producíamos antes de ser considerados por el Tercer Comité (Social, Humanitario y Cultural) de la Asamblea General. Fue ratificado por los 54 estados miembros en sesión de las Naciones Unidas y yo lo certifiqué como secretario.



Es a René Cassin a quien le debemos el concepto de "derechos universales" en vez de "derechos internacionales" como lo planteaban nuestros amigos estadounidenses y británicos. Esto [universal en vez de internacional] fue clave porque, al final de la Segunda Guerra mundial, lo que estaba en juego era lo que iba a ser emancipado de las amenazas del totalitarismo que había pesado sobre la humanidad.



Para llegar a ser emancipado era necesario obtener de los estados miembros de la ONU una promesa de respetar estos derechos universales. Esto fue una forma de tratar de burlar el argumento de "soberanía total" que cada nación enfatiza mientras se dedica a provocar violaciones contra la humanidad en su propio suelo. Tal sería el caso de Hitler quien se sentía con un poder supremo y autorizó a provocar un genocidio. Esta declaración universal le debe mucho a la repulsión universal hacia el Nazismo, el fascismo y el totalitarismo -- y le debe un montón, en nuestras mentes al espíritu de la Resistencia.



Tenía la sensación de que era necesario moverse rápidamente para no ser engañados por la hipocresía que había en la composición de la ONU, algunos que reclamaban que esos valores ya estaban ganados no tenían intención alguna de promoverlos fielmente -- afirmaban que nosotros tratábamos de imponerles valores en la declaración.



No puedo resistirme al deseo de citar el artículo 15 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948): "Toda persona tiene el derecho a una nacionalidad." El artículo 22 dice: "Toda persona, como miembro de la sociedad, tiene derecho a la seguridad social, y a obtener, mediante el esfuerzo nacional y la cooperación internacional, habida cuenta de la organización y los recursos de cada Estado, la satisfacción de los derechos económicos, sociales y culturales, indispensables a su dignidad y al libre desarrollo de su personalidad." Y si bien esta afirmación tiene un alcance declarativo y no legal, ha jugado un papel muy importante desde 1948. Esto llevó al pueblo colonizado a pelear por su independencia; esto sembró en sus mentes una batalla por la libertad.



Noto con satisfacción que en el curso de las últimas décadas ha habido un aumento en las Organizaciones No Gubernamentales (ONGs) y en movimientos sociales como ATTAC (Asociación por una Tasa a las Transacciones financieras especulativas y la Acción Ciudadana) o como la FIDH (Federación Internacional de Derechos Humanos) y Amnistía Internacional que son activos y competitivos. Es obvio que para ser efectivos hoy es necesario actuar en red, usar todos los medios de comunicación modernos.



A la gente joven le digo: Miren alrededor, encontrarán temas que justifiquen su indignación -- hechos acerca del tratamiento de inmigrantes, de inmigrantes "ilegales", de gitanos. Encontrarán situaciones concretas que les llevan a fortalecer su acción ciudadana. ¡Busquen y encontrarán!



Mi indignación por lo que ocurre en Palestina.



Hoy mi mayor indignación tiene que ver con Palestina, la Franja de Gaza y Cisjordania. Este conflicto es indignante. Es absolutamente esencial leer el reporte de Richard Goldstone, de Septiembre del 2009, en Gaza, en que un juez sudafricano y judío que afirmaba aun ser un sionista, acusó al ejército israelí de haber cometido "actos comparables a crímenes de guerra y quizás en determinadas circunstancias, crímenes contra la humanidad" durante su "Operación Plomo Fundido" que duró 3 semanas.



Volví a Gaza en 2009 cuando pude entrar con mi esposa gracias a nuestros pasaportes diplomáticos, para estudiar de primera mano lo que el reporte decía. La gente que nos acompañaba no fue autorizada a entrar en la franja. Allí y en Cisjordania. También visitamos el refugio de palestinos establecido por la UNRWA desde 1948, donde más de 3 millones de palestinos fueron expulsados desde sus tierras en Israel, esperando todavía un cada vez más problemático retorno.



En cuanto a Gaza, esto es como una cárcel sin techo para un millón y medio de palestinos. Una prisión donde la gente se organiza para sobrevivir. A pesar de la destrucción material como la del Hospital de la Media Luna Roja por la Operación Plomo Fundido, esta el comportamiento de sus habitantes, su patriotismo, su amor por el mar y las playas, su constante preocupación por el bienestar de sus niños, que son innumerables y alegres, que permanecen en mi memoria. Estábamos impresionados con cuán ingeniosamente ellos enfrentaban todas las carencias que les han sido impuestas. Les vimos hacer ladrillos, por falta de cemento, para reconstruir las miles de casas destruidas por los tanques. Ellos nos confirmaron que hubo 1.400 muertos -- incluyendo mujeres, niños y ancianos en el campo palestino -- durante esta "Operación Plomo Fundido" llevada a cabo por el ejército israelí, comparada con tan sólo 50 personas heridas en el lado israelí. Comparto las conclusiones del juez sudafricano. Que estos judíos puedan, ellos mismos, perpetrar crímenes de guerra es insoportable. Ay, la historia no nos da ejemplos suficientes de gente que extrae lecciones desde su propia historia.



¿Terrorismo o exasperación?



Sé que Hamas [partido de los luchadores de la libertad palestinos], que ha ganado las últimas elecciones legislativas, puede no ayudarlos que cohetes sean lanzados sobre ciudades israelíes en respuesta a la situación de aislamiento y bloqueo en que los gazanos viven. Pienso naturalmente que el terrorismo es inaceptable; pero es necesario admitir (desde la experiencia en Francia) que cuando el pueblo está ocupado por fuerzas inmensamente superiores a ellos mismos, la reacción popular no puede ser totalmente pacífica.



¿Le es útil a Hamas lanzar cohetes hacia Sdérot [pueblo israelí al otro lado de la frontera con la franja de Gaza]?



La respuesta es no. Esto no sirve a sus propósitos pero ello puede explicar esto como una muestra de la exasperación de los gazanos. Bajo la noción de exasperación, es necesario entender la violencia como la lamentable conclusión de situaciones inaceptables a las cuales han sido sometidos.



Por lo tanto, ellos pueden llamarlo, terrorismo como una forma de exasperación. Y este llamado "terrorismo" es un nombre inapropiado. Uno no debería tener que recurrir a esta exasperación, pero hay que tener esperanza. La exasperación es una negación de la esperanza. Es comprensible, diría que es casi natural, pero aún es inaceptable. Porque esto no permite a adquirir resultados que la esperanza posiblemente puede eventualmente producir.



No violencia: El camino que debemos aprender a seguir.



Estoy persuadido a que el futuro le pertenece a los no violentos, la reconciliación de diferentes culturas. Es por esta vía que la humanidad entrará a su siguiente etapa. Pero en esto estoy de acuerdo con Sartre: No podemos excusar a los terroristas que lanzan bombas, pero podemos entenderlos. Sartre escribió en 1947: "Reconozco que la violencia en cualquier forma que pueda manifestarse es un revés. Pero es un revés inevitable porque estamos en un mundo de violencia. Y si bien es cierto que el riesgo de recurrir a la violencia es permanente, es también cierto que es el medio seguro para hacerla detenerse."



A esto añadiría que la no-violencia es una segura forma de hacer que la violencia se detenga. Uno no puede tolerar el terrorismo, usando a Sartre o en el nombre de este principio, durante la guerra de Argelia ni durante los juegos olímpicos de Munich en 1972, en el intento de asesinato contra los atletas israelíes. El terrorismo no es productivo y Sartre mismo se preguntaría al final de su vida sobre el sentido de la violencia y dudar de su razón de ser.



Sin embargo, proclamar "la violencia no es efectiva" es más importante que saber si uno debe condenar o no a quienes se dedican a esto. El terrorismo no es efectivo. En la noción de la efectividad, una esperanza no sangrienta es necesaria. Si hay una esperanza violenta, está en el poema de William Appollinaire "la esperanza es violenta" y no en la política.



Sartre, en Marzo de 1980, a tres semanas de su muerte declaró: "Es necesario tratar de explicar por qué el mundo de hoy, que es horrible, es sólo un instante en un largo desarrollo histórico, que la esperanza siempre ha sido una de las fuerzas dominantes en revoluciones e insurrecciones y cómo todavía siento esperanza como mi concepción de futuro.



Es necesario entender que la violencia se opone a la esperanza. Es necesario preferir la esperanza, esperanza por sobre la violencia. La no-violencia es el camino que debemos aprender a seguir. También los opresores.



Es necesario llegar a negociaciones para quitar la opresión; esto es lo que permitirá no tener más violencia terrorista. Por lo tanto no debemos permitir que se acumule demasiado odio.



El mensaje de Mandela y Martín Luther King encuentra toda su pertinencia en el mundo que ha superado la confrontación de ideología [p.e. Nazismo] y el totalitarismo conquistador [p.e. Hitler]. Esto es también un mensaje de esperanza en la capacidad de las sociedades modernas de sobreponerse a conflictos por medio del mutuo entendimiento y una paciente vigilancia. Para alcanzar este punto es necesario basarse en derechos, en vez de violaciones, quien sea el autor, debe causar nuestra indignación. No hay que transar estos derechos.



Por una insurrección pacífica.



He apreciado, y no soy el único, la reacción del gobierno israelí cuando por la forma en que cada viernes los ciudadanos de Bil'in protestaban sin usar piedras ni la fuerza hasta el muro de separación. Las autoridades israelíes calificaron esto como un "terrorismo no sangriento". Esto es algo bueno... Es necesario ser israelí para calificar la no violencia como terrorista. Es especialmente necesario para ser incómodos [como le resultaba a los israelíes] por la eficacia de la no-violencia, que se encuentra para provocar apoyo, entendimiento -- el apoyo de todas las personas que en el mundo son adversarias de la opresión.



El pensamiento productivista, impulsado por Occidente condujo al mundo a una crisis de la que debe salir a través de una radical ruptura con el concepto de "crecer" no solo en el campo financiero sino también en el dominio de las ciencias y la tecnología. Ya es el momento de que las preocupaciones acerca de la ética, la justicia y el equilibrio duradero (económico y medio ambiental) prevalezcan. Porque son los riesgos más serios que nos amenazan. Ellos pueden poner fin a la aventura humana en el planeta, que puede llegar a ser inhabitable para los humanos.



Pero sigue siendo cierto que el progreso más importante fue hecho después de 1948 [año de la fundación de la ONU y la declaración de los Derechos Humanos]: descolonización, el fin del apartheid, la destrucción del imperio soviético, la caída del muro de Berlín. Por otro lado, los diez primeros años del siglo XXI fueron un periodo de degeneración. Esta degeneración es explicada en parte por la presidencia de George Bush, los eventos del 11 de Septiembre y desastrosas consecuencias que involucran a los Estados Unidos, tales como la intervención militar en Irak.



Tenemos esta crisis económica, pero todavía no iniciamos una nueva política de desarrollo. Del mismo modo, la cumbre de Copenhagen contra el cambio climático no produjo una política real para la preservación del planeta.



Estamos en el umbral entre el terror de la primera década y las posibilidades de las décadas que siguen. Pero es necesario tener esperanza, es siempre necesario. La década anterior, la de los noventa, ha sido un tiempo de gran progreso. Las Naciones Unidas tuvieron la sabiduría de llamar a conferencias como la de Río sobre medio ambiente, en 1992, y la de Beijing sobre la mujer en 1995. En Septiembre del 2000, por iniciativa del secretario general de la ONU, Kofi Annan, los 191 miembros adoptaron una declaración con "8 objetivos del milenio para el desarrollo" de la que notablemente prometieron reducir la pobreza en el mundo a la mitad para el 2015.



Mi pesar está en que ni Obama ni la UE se han comprometido a lo que debiera ser su aportación por una fase constructiva, basada en valores fundamentales.



Conclusión.



¿Cómo concluir este llamado a la indignación? Diciendo todavía lo que, en ocasión del sexagésimo aniversario del programa del Consejo Nacional de la Resistencia dijimos el 8 de Marzo del 2004 -- somos veteranos de los movimientos de resistencia y fuerzas de combate de la Francia Libre (1940-1945) -- que ciertamente "El nazismo fue derrotado, gracias al sacrificio de nuestros hermanos y hermanas de la Resistencia y a las Naciones Unidas contra la barbarie fascista. Pero esta amenaza no ha desaparecido y nuestra ira contra la injusticia sigue intacta". No, esta amenaza no ha desaparecido por completo. Convoquemos una verdadera insurrección pacífica contra los medios de comunicación de masas que no propongan como horizonte para nuestra juventud otras cosas que no sean el consumo en masa, el desprecio hacia los más débiles y hacia la cultura, la amnesia generalizada y la competición excesiva de todos contra todos."



A todas las personas que harán el siglo XXI, les decimos con afecto:



CREAR ES RESISTIR; RESISTIR ES CREAR.

Película, libro y dos sitios recomendados.

El recuerdo y el estudio del Holocausto implican también la aspiración por un futuro mejor, sin asesinatos ni injusticias. (Israel Gutman)

Film recomendado: ESCRITORES DE LA LIBERTAD.
Libro recomendado: El diario de Ana Frank.

Dos sitios para visitar en Buenos Aires y relacionados con el tema del Holocausto.

http://anafrank.wordpress.com/    en Superí 2647, Barrio de Belgrano Teléfono 3533-8505


-ambas fotos fueron tomadas de la página web, la primera corresponde a la fachada de la Casa en Belgrano y la segunda es una foto de Ana Frank.





http://www.museodelholocausto.org.ar/  en Paraná 919 - Teléfono 4811-3588 de Lunes a Jueves de 11 a 19 y Viernes de 11 a 16 hs.

jueves, 10 de marzo de 2011

LAS RELIGIONES AL SERVICIO DE LA TIERRA Y LA HUMANIDAD.

Las religiones al servicio de la Tierra y la Humanidad

Juan José Tamayo, 05-Febrero-2011

LOS BIENES DE LA TIERRA Y DE LA HUMANIDAD EN LA PERSPECTIVA DE LAS RELIGIONES

Conferencia pronunciada en el Foro Mundial de Teología y Liberación

(Dakar, 5 de febrero)

JUAN JOSÉ TAMAYO

Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones “Ignacio Ellacuría”. Universidad Carlos III de Madrid



Deseo expresar mi agradecimiento por la invitación a participar en el Foro Mundial de Teología y Liberación, que se celebra en Dakar (Senegal), del 5 al 11 de febrero, al que vengo asistiendo desde su nacimiento en 2005 en la ciudad brasileña de Porto Alegre y de cuyo Comité Internacional formo parte. Se trata de uno de los espacios privilegiados de encuentro entre las religiones y los movimientos sociales, entre las diferentes tradiciones religiosas liberadoras y los movimientos alterglobalizadores en la búsqueda de “Otro Mundo Posible”. La convergencia este año es mayor, si cabe, ya que su celebración tiene lugar en las mismas fechas del X Foro Social Mundial.

El tema de mi conferencia no puede ser más prometedor y oportuno en este momento histórico en el que convergen diferentes crisis de carácter planetario que amenazan gravemente el futuro de la Tierra y de la Humanidad: “Los Bienes Comunes de la Tierra y de la Humanidad en el horizonte de las tradiciones religiosas”. El punto de partida de la conferencia es la Declaración Universal del Bien Común de la Madre Tierra y de la Humanidad. La conferencia tiene dos partes. En la primera expondré el avance que supone la Declaración de 2009 con respecto a la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 y analizaré las grandes líneas de la Declaración de 2009. En la segunda ofreceré los aportes que pueden hacer las religiones en la defensa y protección de los bienes comunes de la Tierra y de la Humanidad



La Declaración Universidad de los Derechos Humanos de 1948

Durante el periodo 2008-2009 de la Asamblea General de la ONU se aprobó, tras numerosas consultas a científicos, políticos, politólogos e intelectuales, la Declaración Universal del Bien Común de la Madre Tierra y de la Humanidad bajo la responsabilidad de Miguel d’ Escoto, que ocupó durante ese periodo la presidencia de la Asamblea, y Leonardo Boff, Comisionado de la Carta de la Tierra. La Declaración supone un avance significativo sobre la Declaración de 1948.

La Declaración de 1948 se centraba exclusivamente en el reconocimiento de la dignidad y de los derechos humanos con total desconocimiento y absoluto silenciamiento de los derechos de la Tierra. Respondía a la cosmovisión occidental, como revelan su formulación conceptual y su antropología, su cosmovisión y su concepción universalista formal y abstracta. Durante los más de sesenta años de vigencia, se ha aplicado selectivamente en perjuicio de los pueblos, las comunidades y los sectores empobrecidos de la Humanidad, y se ha transgredido de manera de manera sistemática, no sólo en el plano individual, sino también, y de manera muy acusada, en el estructural e institucional, con frecuencia con el silencio cómplice e incluso con la colaboración necesaria de los organismos nacionales, regionales e internacionales encargados de velar por su cumplimiento, la mayoría de las veces para proteger intereses del Imperio y de las empresas multinacionales bajo el paraguas de la globalización neoliberal. Pareciera que los derechos humanos fueran todavía la asignatura pendiente o, en palabras del premio Nobel portugués recientemente fallecido José Saramago, la utopía del siglo XXI.

Efectivamente, el neoliberalismo niega toda fundamentación antropológica de los derechos humanos, los priva de su universalidad, que se convierte en mera retórica tras la que se esconde la defensa de sus intereses, y establece una base y una lógica puramente económicas para su ejercicio, la propiedad privada, la acumulación y el poder adquisitivo. En la cultura neoliberal los derechos humanos tienden a reducirse a los títulos de propiedad. Sólo quienes son propietarios, quienes detentan el poder económico, son sujetos de derechos. Cuantos más poder adquisitivo, más derechos.

Es especialmente en el Tercer Mundo donde resulta más llamativa y creciente la contradicción entre las declaraciones formales de los derechos humanos y la negación real de los derechos humanos. La supuesta universalidad de los derechos humanos y sociales, y su aparentemente sólida fundamentación no se compaginan con su transgresión permanente en las mayorías populares del Tercer Mundo y los sectores marginados del Primer Mundo.





La Declaración Universal del Bien Común de 2008-2009

La Declaración Universal del Bien Común de la Madre Tierra y de la Humanidad constituye un cambio de paradigma [respecto a la histórica Declaración de 1948], que responde a la nueva conciencia plantearía y ecológica de la humanidad. Es el paso de la centralidad del ser humano en la vida del planeta y de su consideración como dueño y señor absoluto, único actor en la historia y en la naturaleza, a la consideración de la Tierra y de la Humanidad como sujetos interdependientes, que no mantienen relaciones de rivalidad, sino de interactividad dinámica y simétrica; el paso del modelo antiecológico de crecimiento de la Modernidad a un modelo sostenible de desarrollo eco-humano,. Ya no son solo la dignidad y los derechos humanos los que hay que proteger, sino el Bien Común de la Madre Tierra y de la Humanidad.

a) Según la Declaración, la Tierra y la Humanidad forman una única entidad, compleja y sagrada y poseen un destino común, que hoy se ve amenazado de destrucción por la irresponsabilidad de los seres humanos. La Tierra es nuestro hogar común y la Humanidad es “parte de la comunidad de vida y el momento de conciencia y de inteligencia de la propia Tierra haciendo que el ser humano, hombre y mujer, sea la misma Tierra que habla, piensa, siente, ama, cuida y venera”.

b) Durante la Modernidad, se impuso el contrato social en detrimento del contrato con la naturaleza, que dio lugar al antropocentrismo y que generó un foso cada vez más profundo entre ricos y pueblos. La Declaración cree necesario articular el contrato social con el contrato natural, la dignidad de la Tierra con la de los seres humanos, la justicia ecológica con la justicia económica, la igualdad ecohumana con la equidad de género, los derechos de las personas con el interés colectivo de la humanidad.

c) Pertenecen al Bien Común de la Humanidad y de la Tierra:

- la diversidad biológica y la multiplicidad de culturas, lenguas, religiones, tradiciones éticas, caminos espirituales, filosofías, sabidurías, saberes, artes y técnicas.

- la hospitalidad y acogida de unos a otros como habitantes del hogar común de la Tierra; la sociabilidad y convivencia pacífica de todos los seres humanos y los seres de la naturaleza; el respeto a las diferencias como expresión de la riqueza humana, diferencias que no deben desembocar en desigualdades; la reconciliación entre los pueblos y las personas y la eliminación de toda forma de violencia, odio y venganza; la utopía de la comensalidad, que consiste en sentarse juntos en torno a la mesa común sin exclusiones, para compartir los frutos de la Tierra; la búsqueda de la paz entendida como relación armónica del ser humano consigo mismo, con sus congéneres, con la sociedad nacional e internacional, con la naturaleza y con el gran Todo; el bien vivir, que no ha de confundirse con el vivir mejor a costa de los otros.



Colaboración de las religiones en la defensa de los Bienes comunes de la Tierra y de la Humanidad

Tras esta somera síntesis de la Declaración, planteo dos preguntas:

¿Pueden apoyar las religiones la Declaración del Bien Común de la Madre Tierra y de la Humanidad?

¿Qué pueden aportar a ella?

La respuesta a la primera pregunta es afirmativa. Las religiones pueden y deben apoyar y difundir la Declaración porque las líneas fundamentales de la misma, la cosmovisión que la sustenta, los valores que propicia, las iniciativas que propone y la ética que defiende coinciden en buena medida, si no en su totalidad, con los principios fundantes de las religiones.

La respuesta a la segunda pregunta ha de ser igualmente afirmativa. Las religiones no pueden limitarse a prestar su adhesión acrítica a los principios doctrinales de cada sistema de creencias, ni recluirse en la esfera privada, ni encerrarse en los lugares de culto, como tampoco renunciar a sus responsabilidades históricas a nivel planetario. Su colaboración es irrenunciable para curar las enfermedades (heridas, según Leonardo Boff) que sufren Tierra y la Humanidad, muchas de ellas provocadas por las propias religiones. A continuación enumeraré algunas de las formas de colaboración que considero más importantes.

1. Trabajar por la protección de la naturaleza y de la vida.

No pocas religiones se han movido en el paradigma antropocéntrico y han considerado la naturaleza como un bien sin dueño a su servicio, del que el ser humano podía usar y abusar caprichosamente. Y lo han justificado a partir de sus textos fundantes. Por ejemplo, el cristianismo y el judaísmo, a partir de los relatos del Génesis sobre la creación del ser humano a imagen y semejanza de Dios y el mandato divino de dominar la tierra. Pero se ha olvidado de otras tradiciones utópico-ecológicas que recorren la Biblia, como la alianza de Dios con la humanidad y la naturaleza después del diluvio (Gn 9), el derecho de la tierra al descanso sabático, la reconciliación del ser humano con los animales, incluso los más violentos (Is 11,6-9).

La teología cristiana moderna asumió sin dificultad el giro antropológico, pero descuidó el giro ecológico. Se reconcilió con el progreso y con el modelo de desarrollo científico-técnico de la modernidad y fue alejándose paulatinamente de la filosofía de la naturaleza. Buena parte de la teología cristiana se mueve todavía hoy dentro de ese paradigma, incluida la teología de la liberación (TL) que, en un principio se ubicó dentro del giro antropológico e intentó responder al grito de los pobres, al sufrimiento de las mayorías populares en América Latina, descuidando el grito de la tierra. Fue a partir de los años noventa del siglo pasado, gracias a las investigaciones ecológicas y a las reflexiones teológicas de Leonardo Boff, cuando, sin renunciar a la opción por los pobres como imperativo ético fundamental, intentó superar los límites de la primera época y respondió al grito de la tierra. Surgió así la teología ecológica de la liberación, abierta a las ciencias que estudian la vida y el cosmos: eco-logía, bio-logía, bio-ética, bio-química, bio-física, cosmo-logía, geo-logía, etc. Conforme al nuevo paradigma, la relación del ser humano con la naturaleza ya no es de sujeto opresor y depredador a objeto oprimido y depredado, sino de sujeto a sujeto, con el consiguiente reconocimiento de los derechos de la tierra en plena sintonía con la teología paulina (Rom 8,19-25).

La religación del ser humano con la naturaleza y la interdependencia de todos los seres vivos están en la base de no pocas religiones, que pueden contribuir a superar el antropocentrismo tan presente en el paradigma filosófico occidental y en su correspondiente modelo de desarrollo científico-técnico.

Las religiones apenas se preocupan de la defensa de la vida de la naturaleza. ¿Tampoco de la vida de los seres humanos? Habría que matizar. Su preocupación se centra en la vida antes del nacimiento y después de la muerte. Apenas prestan atención a la vida humana en la tierra, a la que consideran, con frecuencia, un bien pasajero, del que se puede prescindir y al que hay que renunciar en favor de otros bienes superiores y conforme a las promesas de otra vida. Más allá de las proclamas retóricas, la vida a defender en primer lugar y de manera prioritaria es la quienes la ven amenazada a diario, la de los pobres, marginados y excluidos, la de “los nadie”, que, al decir de Eduardo Galeano, “no son seres humanos, sino recursos humanos, no tienen cara, sino brazos, no tienen nombre, sino número, cuestan menos que la bala que los mata”.

La defensa de la vida humana lleva derechamente a la de la naturaleza, ya que, según expliqué anteriormente, seres humanos y naturaleza forman una comunidad vital. La destrucción del tejido de la vida de la naturaleza es destrucción de la vida humana. En ese contexto se inscriben la defensa de la dignidad e integridad física de la persona, el libre desarrollo de la personalidad de cada ser humano, la lucha contra la depredación de la naturaleza y los malos tratos físicos o psíquicos, contra el exterminio de las “minorías” religiosas o raciales y contra la carrera de armamentos.

2. Trabajar por la paz desde la no-violencia activa y por la resolución de los conflictos a través de la negociación, fomentando la reconciliación y el perdón.

Las religiones han sido con frecuencia fuentes de violencia y generadoras de conflictos, pero también agentes de paz y de con-cordia. Tomando prestado el título de la novela de León Tolstoy, podemos afirmar que “guerra y paz” constituyen la dialéctica de las religiones. Las religiones son, ciertamente, fuentes de violencia y generadoras de conflicto. Más aún, tienden a sacralizar la violencia a través del culto y suelen trasladar ésta a la comprensión de Dios, lo divino, lo trascendente, el misterio, lo trascendente. Conceden carácter sacrificial y expiatorio a la muerte, a determinadas muertes, por ejemplo, el cristianismo a la muerte de su fundador, Jesús de Nazaret. Incluso llegan a legitimar el uso de la violencia en “nombre de Dios”, como certera y dramáticamente afirma Martin Buber en un texto estremecedor, que hoy tiene plena vigencia:

“Dios es la palabra más vilipendiada de todas las palabras humanas. Ninguna ha sido tan mancillada, tan manipulada. Las generaciones humanas han hecho rodar sobre esta palabra el peso de su vida angustiada y la han oprimido contra el suelo. Yace en el polvo y sostiene el peso de todas ellas. Las generaciones humanas, con sus partidismos religiosos, han desgarrado esta palabra. Han matado y se han dejado matar por ella. Esta palabra lleva sus huellas dactilares y su sangre. Los seres humanos dibujan un monigote y escriben debajo la palabra ‘Dios’. Se asesinan unos a otros, y dicen: ‘lo hacemos en nombre de Dios’. Debemos respetar a los que prohíben esta palabra, porque se rebelan contra la injusticia y los excesos que con tanta facilidad se cometen con una supuesta autorización de ‘Dios’. ¡Qué bien se comprende que muchos propongan callar, durante algún tiempo, acerca de las ‘últimas codas’ para redimir esas palabras de las que tanto se ha abusado!”[1]. Hasta vidas humanas y de animales se han sacrificado en los espacios sagrados de culto, creyendo que agradaban a Dios o que, al menos, servían para aplacar su ira.

A su vez, en las religiones se encuentran algunas de las más bellas utopías de la paz; propuestas de un mundo reconciliado; un lenguaje de armonía; el imperativo ético “no matarás”; el trabajo por la paz a través de la lucha por la justicia; líderes religiosos, activistas sociales, místicos, místicas, cuya filosofía, estilo de vida, método de acción es la no violencia activa: Confucio, Jesús de Nazaret, Teresa de Jesús, Juan de la Cruz, Swmi Vivekananda, Abul Kalam Azad, Mahatma Gandhi, Luther King, monseñor Romero, Angelelli, Abdul Ghaffar Jan, Dalai Lama, Nelson Mandela, Asgha Ali Engineer, etc.Más de tres cuartas partes de la población mundial están vinculadas a alguna religión. Si estas personas activan sus tradiciones pacificadoras resultará más fácil la solución de los conflictos. Comparto, por ello, uno de los principios de la ética mundial de Hans Küng: “No habrá paz entre las naciones sin paz entre las religiones. No habrá paz entre las religiones sin diálogo entre las ellas. No habrá diálogo entre las religiones si no se investigan los fundamentos de las religiones”.

3. Practicar la tolerancia y el diálogo

La tolerancia no ha sido precisamente una virtud que haya caracterizado a las religiones ni en el comportamiento con sus seguidores, especialmente con las mujeres, ni en la sociedad, y menos aún con los no creyentes o con los creyentes de otros credos religiosos. Con frecuencia han impuesto un pensamiento único y han perseguido, castigado o expulsado de su seno a los creyentes considerados disidentes o heterodoxos. En su relación con la sociedad, han confesionalizado las realidades terrenas, invadido espacios civiles que no eran de su competencia e impuesto sus creencias, muchas veces por la fuerza.

Una de sus prácticas más extendidas y arraigadas ha sido la intolerancia, que hoy adopta la forma extrema de fundamentalismo, fenómeno que, aun cuando no pertenece a la naturaleza de las religiones ni está vinculado directamente a ellas, es una de sus más graves y peligrosas patologías. Sobre todo en las religiones monoteístas: que creen en un solo y único Dios, considerado universal, cuya revelación se recoge en un libro sagrado, interpretado por las autoridades religiosas. El fundamentalismo se caracteriza por la renuncia a la mediación hermenéutica, el empleo del lenguaje realista, la absolutización de la tradición, la negación del pluralismo, el recurso al anatema contra otros sistemas religiosos y, en ocasiones, la legitimación religiosa de la violencia.

Pero las religiones son también espacios de diálogo entre diferentes sistemas de creencias, lugares de encuentro entre culturas, ámbitos de experiencias interespirituales, cruce de diferentes concepciones morales. La mística es la quintaesencia de la religión y un lugar privilegiado para el diálogo.

“Sin diálogo –afirma Raimond Panikkar- el ser humano se asfixia y las religiones se anquilosan”. El diálogo no busca el indoctrinamiento, ni hacer proselitismo de las propias creencias, ni uniformar las prácticas religiosas en torno a un único modelo. No es fin en sí mismo, ni punto de llegada. Menos aun puede convertirse en absoluto. Es un método, un camino, una actitud, una manera de estar en el mundo y de relacionarse con los otros.

[…]

4. Crear redes de solidaridad interhumana

Ello exige superar los localismos, tribalismos, confesionalismos, gremialismos y endogamias en que con frecuencia se ven envueltas las comunidades religiosas, evitar el discurso frentista del “nosotros-ellos” y ensanchar el “nosotros” superando todo tipo de discriminaciones (etnia, religión, cultura, clase social, geografía, lengua, etc.).

5. Luchar contra las discriminaciones y violencias de género y construir una comunidad mundial de hombres y mujeres bajo el signo de la igualdad y el respeto a las diferencias.

Las discriminaciones y la violencia de género se dan por doquier en la sociedad y se refuerzan en las religiones, la mayoría de las cuales tiene una ideología androcéntrica, que se traduce miméticamente en una organización patriarcal y en legitimación del machismo social. Pero las religiones cuentan también con tradiciones emancipatorias e igualitarias, la mayoría de las veces subterráneas y desactivadas, y con experiencias de comunidades inclusivas de hombres y mujeres, que pueden colaborar en la lucha por la emancipación de las mujeres y en la elaboración de la teoría de género. La corriente teológica que mejor ha sabido recoger y sistematizar dichas experiencias, cuestionar el androcentrismo de los textos sagrados y dar voz a las tradiciones religiosas igualitarias es la teología feminista, que no es patrimonio del cristianismo, sino que tiene su cultivo y desarrollo en la mayoría de las religiones.



6. Fomentar la hospitalidad y la acogida a los inmigrantes, refugiados, desplazados, asilados políticos.

En el origen de la mayoría de las religiones se encuentra un fenómeno de migración, animada por la necesidad de supervivencia y la búsqueda de mejores condiciones de vida, por librarse de la represión política y recuperar la libertad, por el deseo de buscar nuevos horizontes de sentido. Muchos de los líderes y reformadores religiosos se vieron obligados a migrar de su territorio al sentirse incomprendidos y ser perseguidos por el poder político y económico, y encontraron acogida en otras comunidades. A partir de esa experiencia formularon códigos jurídicos y principios éticos de hospitalidad y crearon espacios de acogida sin tener en cuenta la procedencia geográfica, la pertenencia religiosa o la identidad cultural. La hospitalidad, que es principio de humanidad y regla fundamental de humanización, se convierte así en principio ético de las religiones.

7. Ser portadoras de preocupaciones antropológicas

Las religiones son portadoras de preocupaciones antropológicas profundas, de preguntas significativas por el sentido y el sin-sentido de la vida y de la muerte, de experiencias-límite y de propuestas alternativas de vida no mediadas por la razón calculadora. Para ellas, la vida del ser humano no es fruto del azar arbitrario ni de la necesidad ciega, sino que se inscribe en un conjunto más amplio que tiene un origen y una meta, una dirección y un fin. Las religiones constituyen, a su vez, lugares privilegiados de apertura a los mundos inexplorados de la trascendencia, a la espiritualidad, la experiencia del misterio y la vivencia de lo sagrado, sin que ello suponga caer en sacralizaciones ni implique la aceptación de un credo concreto. Independientemente de sus creencias o increencias, la Humanidad puede renunciar al caudal de sabiduría que son las religiones.

8. Compaginar la sabiduría mítica y la búsqueda racional

Las religiones no pueden renunciar a los mitos, que son relatos portadores de múltiples y profundos significados antropológicos, y de criterios morales, al tiempo que cauces de expresión y de comunicación de experiencias no racionalizables. El mito no limita el conocimiento humano, menos aún lo anula. Todo lo contrario, lo potencia y permite su desarrollo. También Prometeo es un mito, que simboliza la rebeldía contra la arbitrariedad de los dioses, el pensamiento crítico, el actuar subversivo. El mito de Prometeo es portador de luz y utopía.

Las religiones son, a su vez, uno de los caudales culturales más preciados de la humanidad y una fuente inagotable de sabiduría. Las preguntas y las respuestas a las que me refería en el apartado anterior han contribuido al desarrollo del pensamiento en sus diferentes modalidades: mítico, filosófico, científico, simbólico, etc. Han hecho importantes aportaciones a la cultura de los pueblos y, en muchos casos, han contribuido sobremanera al desarrollo del pensamiento humano. En no pocas tradiciones culturales, filosofía y religión están estrechamente unidas.

Las tradiciones religiosas no deben ser excluidas de ninguno de los campos del saber, ya que ellas mismas son un saber con sus peculiaridades y están en relación con otros saberes. De ahí la necesidad de su estudio, pues son fenómenos culturales relevantes que han intervenido de manera decisiva en la formación de las sociedades humanas, como ha demostrado el antropólogo Roy A. Rappaport, uno de los mejores especialistas en el estudio antropológico del fenómeno religioso. Nacimiento y evolución de la religión, por una parte, y origen y desarrollo de la humanidad, por otra, son dos fenómenos interconectados. Lo sagrado y lo numinoso han jugado un papel fundamental en los procesos de adaptación de las distintas unidades sociales en que la especie humana se ha organizado. En ausencia de la religión, cree Rappaport, la humanidad quizá no hubiera sido capaz de salir de su estado prehumano o protohumano.

9. Respetar el mundo de la increencia en sus diferentes modalidades y las razones de la increencia

En torno al 20% de la población mundial se ubica en el espacio plural de la increencia (ateísmo, agnosticismo, indiferencia religiosa, etc.). Si hay razones para creer, también las hay para no creer. Los derechos de la fe y los de la increencia merecen el mismo respeto. Por ende, cualquier guerra religiosa contra los increyentes o de éstos contra los creyentes es un signo de intolerancia. La alternativa es el diálogo y el trabajo común entre creyentes y no creyentes con la mirada puesta en un mundo más justo y solidario. Las creencias o increencias no pueden ser motivo de discriminación o de enfrentamiento entre los seres humanos.

10. Colaborar, desde una actitud crítica y autocrítica, en la construcción de una sociedad alternativa

Las religiones deben colaborar en la construcción de una sociedad alternativa, en la propuesta de una cultura emancipatoria, en la elaboración de un proyecto político contrahegemónico, en la puesta en marcha de una alter-globalización, es decir, de una globalización desde abajo, de la solidaridad, de la esperanza, inclusiva de los sectores, pueblos, países, regiones y continentes que la globalización realmente existente, dominada por el neoliberalismo, excluye. Su ética liberadora es la que impulsa a las religiones a construir alternativas y a trabajar por otro mundo posible.

11. Combatir el fatalismo y transmitir esperanza

Tarea de las religiones es combatir el fatalismo y el determinismo, que ellas mismas suelen justificar apelando al cumplimiento de la voluntad de Dios o de los dioses, a la fuerza del destino, que se impone de manera inexorable sobre la libertad de los seres humanos, así como la tendencia a mirar al pasado estáticamente. La alternativa al fatalismo es la esperanza. Donde hay religión, hay esperanza, si bien rodeada de ilusión y fantasmagorería. Las religiones, poseen energías utópicas inexploradas que es necesario activar, especialmente hoy cuando la utopía ha sido excluida de todos los ámbitos del saber y del quehacer humano, y se ha impuesto la razón instrumental, la razón de Estado, la razón científico-técnica. De la mayoría de los libros sagrados puede decirse lo que Bloch afirma de la Biblia, que son verdaderas “enciclopedias de utopías”. Las utopías son el motor de la historia, también las utopías religiosas, siempre que tengan sentido histórico y no caigan en una abstracción desmovilizadora ni sitúen la meta o el futuro sólo en el más allá de la historia. Por es necesario compaginar la esperanza religiosa con las utopías históricas. La esperanza religiosa no puede desembocar en confianza ciega e idealista. Ha de ser esperanza militante, siempre en acción, y docta spes, como dijera Enst Bloch, es decir, guiada por la razón, ya que la esperanza no puede hablar sin razón ni la razón puede florecer sin esperanza.

12. El principio-compasión

Leemos en el artículo 20 de la Declaración Universal del Bien Común de la Madre Tierra y de la Humanidad: “Pertenece al Bien Común de la Humanidad la compasión por todos los que sufren en la naturaleza y en la sociedad, aliviando sus padecimientos e impidiendo todo tipo de crueldad a los animales”.

¿Qué pueden aportar las religiones a la idea y a la experiencia de la compasión? De nuevo chocamos con la ambigüedad.

Por una parte, no se han mostrado muy sensibles ante el sufrimiento humano en general y el de los inocentes en particular, y menos aún ante los dolores de parto de la naturaleza. Más aún, han intentado justificarlo y le han dado un sentido redentor. Ellas mismas han recurrido a sacrificios humanos y de animales como parte necesaria de sus rituales. El chivo expiatorio es el ejemplo más paradigmático.

Como contrapunto, la compasión está también en el centro de las religiones. La com-pasión en su sentido etimológico: ponerse en lugar de los otros, compartir las alegrías y los sufrimientos de los otros, sus anhelos y esperanzas, sus luchas, sus clamores angustiados, ponerse en su lugar. Dos ejemplos: la compasión de Yahvé con los hebreos en Egipto y la experiencia de la compasión en el budismo.

a) La compasión de Yahvé con los hebreos sometidos a esclavitud por el faraón durante su estancia en Egipto y la sensibilidad hacia sus sufrimientos: “He visto la aflicción de mi pueblo en Egipto, he escuchado el clamor ante sus opresores y conozco sus sufrimientos. He bajado para librarlo de la mano de los egipcios y para subirlo de esta tierra a una tierra buena y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel…. El clamor de los israelitas ha llegado hasta mí y he visto la opresión con que los egipcios los afligen” (Ex 3,10).

b) La compasión es uno de los principios fundamentales de la ética buddhista. Puede considerarse su código genético y el criterio de identificación de la práctica budista en relación con los seres humanos, con la naturaleza, con los animales. Consiste en poner todos los medios al alcance de cada uno para proteger la vida, no causar daño a la naturaleza, ni a los seres humanos, practicar la no violencia, que exige, en primer lugar, “habérnoslas pacíficamente con nosotros mismos” El monje vietnamita Thich Nhat Hanh lo formula así: “Consciente del sufrimiento causado por la destrucción de la vida, hago el voto de cultivar la compasión y aprender maneras de proteger la vida de las personas, animales, plantas y minerales. Estoy dispuesto a no matar, a no dejar que otros maten y a no tolerar ningún acto mortal en el mundo, tanto en mi pensamiento como en mi forma de vivir”. La compasión activa las potencialidades dormidas para luchar contra las causas del sufrimiento ecohumano. Sin compasión no hay lucha contra el sufrimiento. La compasión se convierte así en principio teológico.

13. Promover y practicar el Bien Vivir, que no debe confundirse con el vivir mejor

Vivir mejor suele ser la mayoría de las veces a costa del otro (explotación), vivir mejor que el otro (competitividad), desinteresarse de la suerte del otro (egoísmo e individualismo). El Bien Vivir es, sin embargo, vivir en comunidad, hermandad y sororidad, en armonía entre las personas y la naturaleza; compartir y no competir; alcanzar el equilibrio entre los seres humanos, entre éstos y la naturaleza, entre los hombres y las mujeres; vivir con creatividad y acción conjunta; recuperar la cultura de la vida en armonía y respetar a la Madre Tierra; respetar su capacidad de autorregulación de la vida y del planeta; volver al camino del equilibrio; en definitiva, volver a ser.



El logro del Bien Vivir requiere el cumplimiento de los Diez Mandamientos, que Evo Morales formula así:

1. acabar con el sistema capitalista inhumano;

2. renunciar a las guerras, de las que siempre salen ganando las transnacionales, no las naciones;

3. construir un mundo sin imperialismos ni colonialismos;

4. considerar el agua como derecho humano y de todos los seres vivientes del planeta;

5. acabar con el derroche de la energía;

6. respetar a la Madre Tierra, que es nuestro hogar y nuestra fuente de vida;

7. reclamar los servicios básicos como derechos humanos;

8. acabar con el consumismo, el derroche de recursos naturales y el lujo;

9. optar por estados plurinacionales que respeten las diferencias, sin permitir el saqueo de los recursos naturales o la explotación a los pobres;

10. plantear el bien vivir en comunidad, en armonía hombre-mujer y con la Madre Tierra, respetando las distintas formas de vida comunitaria.



Juan José Tamayo es doctor en Filosofía y Letras y Teología y diplomado en Ciencias Sociales. Es fundador y actual secretario general de la Asociación Española de Teólogos y Teólogas Juan XXIII. Dirige la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones “Ignacio Ellacuría” de la Universidad Carlos III de Madrid. Autor de más de cincuenta libros. Entre los últimos vinculados al Foro Social Mundial y al Foro Mundial de Teología y Liberación cabe destacar los siguientes: Teología para otro mundo posible (en colaboración con Luiz Carlos Susin, PPC, Madrid, 2006); Islam. Cultura, religión y política (Trotta, Madrid, 2009, 2010, 3ª ed.); La teología de la liberación en el nuevo escenario político y religioso (Tirant Lo Blanc, Valencia, 2009, 2010, 2ª ed.); El diálogo interreligioso ante los desafíos de nuestro tiempo (ADG-N Libros, Valencia, 2010); Judaísmo, cristianismo e islam, tres religiones en diálogo (Dykinson, Madrid, 2010); Religión, género y violencia (Universidad Internacional de Andalucía, Sevilla, 2010).

Próximas publicaciones: Teología, interculturalidad y feminismo (Herder, Barcelona, 2011); Islam, feminismo y religión (Universidad Internacional de Andalucía, Sevilla, 2011); El pluralismo en la Iglesia católica (ADG-N Libros, Valencia, 2011).